18 de abril de 2021
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El otro virus mortal

21 de febrero de 2021
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
21 de febrero de 2021

Desde el mismo momento en que comenzó la pesadilla de la pandemia, por todos los medios posibles se habla del virus, de la vacuna, de los protocolos, de las restricciones y miles de temas relacionados con el Coronavirus.

Y ahora entramos a otra etapa en la cual llega a la cancha otro jugador, a saber, la vacuna. Caricaturas, reseñas, fotografías de los primeros vacunados y comenzando por el Presidente y luego Ministros, Gobernadores, Alcaldes y Raimundo y todo el mundo, posando al lado de los vacunados.

Desde luego que son hechos que están produciendo gravísimos daños y que merecen toda la atención, pero tampoco como para olvidar que el periodismo tiene una labor que no se puede limitar solamente a la parte informativa, y especialmente de las noticias que llegan de los medios gubernamentales. Es necesario que haya un periodismo investigativo imparcial, que de cuenta de muchos de los fenómenos que nos vienen haciendo daños inimaginables, desde siempre. Me refiero a los casos del Cartel de la Toga, de Reficar, del desfalco de algunas EPS y por supuesto, el caso de Interbolsa.

Porque lamentablemente cuando los delitos son cometidos por sectores de “cuello blanco”, salen a relucir todas las argucias posibles: que el acusado tiene trastornos mentales, que se produce cambio de abogado defensor y pide permiso para poder leer los expedientes, que fue llamado alguien a declarar y entonces presenta una solicitud de aplazamiento porque debe acudir a una cita médica y vueltas y vueltas hasta cuando llega el momento en que el caso prescribe.

Esa es la noticia que en el caso de Interbolsa está a punto de prescribir, y en donde figuran dos personajes de gran poder como Rodrigo Jaramillo y Alessandro Corridori, quienes son considerados los cerebros de un enorme desfalco en donde aparecen víctimas como la Clínica La Candelaria quien realizó un préstamo a Interbolsa por la suma de setenta mil millones de pesos. Fuera de eso, se conoce que hubo más de diez mil víctimas, que hasta el momento no han recibido indemnización alguna.

Mucha tristeza y rabia producen estos hechos en donde los entes de control se convierten en “archivadurías”, porque finalmente se archivan todos los expedientes de los peces gordos y digamos que la justicia llega pero para los de ruana. Al fin y al cabo los entes de control son postulados por quienes deben ser controlados.