8 de marzo de 2021
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La herencia de Trump

25 de enero de 2021
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
25 de enero de 2021

Se fue dando un portazo y dejando una advertencia: “Pronto regresaré”. Conquistó la presidencia del país más poderoso del mundo gracias al populismo y porque no tiene ideología. Gobernó utilizando el Partido Republicano, pero aquí lo consideraban un advenedizo oportunista, que no representaba el ideario conservador y no defendía el programa republicano. Sus propuestas eran consignas efectistas que calaban en las capas medias y en los blancos empobrecidos: Estados Unidos primero; hacer grande a Estados Unidos otra vez; no vamos a entregar este país a la globalización; no podemos dejar que China siga violando nuestro país;  construiré un gran muro  en la frontera sur y que México lo pague; que se impida por completo el ingreso de los musulmanes a Estados Unidos; cuando agarremos a esos terroristas también hay que ir por sus familias; la OTAN es obsoleta y no sirve para combatir el terrorismo.

Y empezó su lucha contra el mundo: se enfrentó a los líderes del G-7, pateó el Acuerdo de París para el cambio climático y empezó una ofensiva militar contra determinados países: ordenó atacar a Siria, amenazó a Corea del Norte y lanzó la “madre de todas las bombas” en Afganistán, dizque para combatir el Estado Islámico; sin embargo era un mensaje para Rusia y Corea del Norte. Prohibió el ingreso de migrantes musulmanes y reconoció a Jerusalén como capital de Israel. Recordemos que en su campaña política prometió “volver a ganar guerras”.

Más de medio país quería que terminara esta administración autoritaria y tramposa; Trump salió derrotado y cuando abandonó la Casa Blanca la gente aplaudió emocionada. Pero no olvidemos que la ceremonia de posesión de la nueva administración transcurrió en medio de fuertes medidas de seguridad; la ciudad de Washington estaba protegida por un contingente de 25.000 miembros de la Guardia Nacional, para prevenir actos terroristas.

En este ambiente el presidente Biden recibió como herencia un país dividido y lleno de problemas; no solo debe enfrentar los entuertos que dejó Trump sino asumir la pandemia por el Covid-19, atender la recesión económica y las consecuencias del cambio climático. Pero al mismo tiempo tiene que ordenar la casa; por esta razón en su primer discurso como presidente invitó a terminar la “guerra civil” de su pueblo, prometió enderezar el rumbo del país, mejorar la situación de las víctimas de la pandemia, dio esperanzas a los inmigrantes y afirmó que “Estados Unidos volverá a estar a la cabeza de la mesa”.

Los analistas saben que no la tiene fácil porque más de 70 millones de estadounidenses creen que les robaron las elecciones, por eso las primeras palabras a la nación fueron de unidad, invitando a superar las diferencias: “Nuestra historia ha sido una pelea constante entre el ideal estadounidense de que todos fuimos creados iguales y la fea y dura realidad de que el racismo, el nacionalismo, el miedo y la demonización nos han separado desde hace tiempo. La batalla es perenne y la victoria no está garantizada”.

Joe Biden tiene en contra que es representante del viejo establecimiento que impulsó la globalización y alimentó el complejo militar-industrial; en su calidad de senador patrocinó la estrategia de divulgar las fake news que sirvieron de excusa para invadir a Irak en 2003 y contribuyó a desestabilizar a Siria para empujarla a la guerra civil.

Sin embargo Biden demuestra que está preparado para asumir los retos; desde antes de la posesión anunció una serie de medidas ejecutivas sobre el cambio climático, la inmigración y la respuesta a la pandemia del Covid-19. Además activará la membresía con la Organización Mundial de la Salud, regresará al acuerdo nuclear con Irán y a la Organización Mundial del Comercio.

Por último, la llegada de kamala Harris a la vicepresidencia significa un logro en la lucha por la equidad racial y de género; un invaluable apoyo para el gobierno de Biden, que además de la crisis interna necesita sacar a Estados Unidos del desprestigio en el escenario internacional.