8 de marzo de 2021
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Jorge Eliécer Orozco Dávila

26 de enero de 2021
Por Óscar Jiménez Leal
Por Óscar Jiménez Leal
26 de enero de 2021

Cursaba la segunda mitad de los años 60 cuando conocí a Jorge Eliécer; había llegado a Calarcá de la mano de Germán Gómez Ospina, el reconocido periodista que dirigía las noticias y los comentarios de la “Voz de Calarcá”, bajo el dominio empresarial de Chila Latorre Mejía. Allí alternaría con los ya veteranos periodistas Nelson Sabogal Vásquez, Alvaro Hoyos Cardona y Octavio Ospina Pérez en la lectura de  las noticias y los comentarios  del director. Muy pronto se relacionó con los estamentos cívicos, sociales y políticos de la ciudad, gracias a su especial simpatía personal y a su demostrada capacidad de servicio a los demás, adornadas con un inigualable y precioso tono de voz  que le permitía imitar con mucha fidelidad a los más famosos cantantes de la época y amenizar con su guitarra nuestras amables reuniones. En el entretanto, fue elegido secretario de la primera Asamblea Departamental surgida de la creación del Quindío como entidad autónoma.

Vinculado a la Voz de Armenia,  hizo desde allí una fulgurante carrera en el periodismo radial del Quindío que incluyó la dirección regional de noticias RCN y la Hora de la Verdad, un programa sabatino de entrevistas por donde pasaron todos los personajes de la política nacional que visitaban nuestro departamento. En forma simultánea, ejerció la dirección de La Crónica del Quindío, el tradicional diario de la región, a la vez que alimentaba con su pluma ágil una crónica semanal. Igualmente, ejerció como corresponsal de varios canales de televisión -que mantuvo hasta tanto su signos vitales se lo permitieron- y de los principales diarios escritos de la capital de la República. Ejerció pues el hermoso arte del periodismo a carta cabal, sin interrupción ni desmayo, con devoción, disciplina y la  inspiración propia de su espíritu creador.

Como si fuera poco, sus acendradas  virtudes cívicas y sociales lo condujeron a participar en la Sociedad de Mejoras Públicas de Armenia, a ser miembro destacado de la Fundación Alejandro Londoño, entidad dedicada a la salud que alberga un excelente equipo humano y de tecnología avanzada para los más necesitados, y fungir como directivo y fundador de la Casa de la Cultura de Calarcá; lo mismo que a crear y mantener el prestigioso Concurso Nacional de Duetos que patrocina y estimula la actividad folklórica del País.

Por todo ello, la Universidad La Gran Colombia le otorgó el título de doctor Honoris Causa, un especial reconocimiento a toda una vida de fecundos servicios a la sociedad, desde su rica formación de autodidacta, como lo fueron periodistas de la estirpe de Alberto Lleras Camargo y políticos como Julio César Turbay Ayala, para mencionar solo unos pocos.

No obstante, el sumun de la gloria de la cual nos sentimos orgullosos lo constituyó su designación en los años 80 como director Nacional de Noticias RCN, con sede en Bogotá. Y en tal calidad le correspondió viajar a la Argentina cuando el 2 de abril de 182 la cruel y sangrienta dictadura militar del general Leopoldo Galtieri, a punto de ser derribada por la desastrosa gestión económica y la violación generalizada de los derechos humanos, se apuntó a un seguro triunfo internacional, invadiendo las Islas Malvinas gobernadas por el Reino Unido, para obtener el respaldo nacional como suelen hacerlo con frecuencia las dictaduras y en la creencia de que el Reino Unido no reaccionaria por el poco interés que significaba y la lejanía del escenario. Sin embargo, contra dicha creencia, el Reino Unido reaccionó, ya que el gobierno de Margaret Thatcher, por otros motivos también tenía debilidades para presentarse a las próximas elecciones y desató su poderío marítimo y aéreo con la ayuda de los Estados Unidos para  desalojar  a los intrusos  en una guerra que duró 72 días y costó más de mil jóvenes soldados argentinos muertos, hasta cuando el gobernador argentino de las Islas, el general Menéndez se rindió incondicionalmente ante las tropas inglesas.

Casi todos los países latinoamericanos se alinearon con las pretensiones guerreras de la dictadura Argentina, menos Colombia que  respaldó al Reino Unido y votó la condena contra la invasión en las Naciones Unidas. Desde entonces fuimos llamados el Caín de América. La derrota produjo el fin de la oprobiosa dictadura y el regreso a la democracia del país austral.

Todo lo anterior y mucho más, lo supimos narrado por  la voz autorizada de Jorge Eliécer desde el teatro de los acontecimientos donde desempeñaba la delicada misión de corresponsal de guerra, hecho histórico que enalteció a todos sus amigos. Fue el mayor premio que recibió la versatilidad de su oficio.

Ahora que se rindió ante los ineluctables designios de la ciencia médica, a pesar de su lucha sin cuartel, nos queda el recuerdo grato de su inmensa dimensión humana y su impronta en cuantos organismos cívicos y sociales contaron con su fértil participación y la solidaridad con la leal compañera de todas las horas, su distinguida esposa Luz Elena Alzate y con sus hijos Fabián y César Augusto que reciben un legado sin igual para ser los mejores entre sus conciudadanos.

Bogotá 26 de enero de 2021.