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“Estamos bizcos, mirando al Norte”: Ernesto Samper

10 de enero de 2021
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
10 de enero de 2021

 

En 2005, durante la campaña electoral que desembocó en el segundo mandato de Álvaro Uribe Vélez en la Presidencia de la República (2006-2010), el ex presidente Samper Pizano concedió la siguiente entrevista para mi libro “¿Qué hacemos con Colombia? -Los grandes debates económicos con los principales dirigentes del país-”, publicado por Editorial Planeta.

Esa entrevista se incluye ahora en la serie “Protagonistas de la Economía Colombiana” que viene divulgando, en forma exclusiva, el diario digital EJE 21.

INTRODUCCIÓN

Economista en la política.- Ernesto Samper Pizano es economista. O, mejor, abogado-economista de la Universidad Javeriana, por lo cual se mueve como pez en el agua cuando trata los temas económicos. Y no de ahora sino de tiempo atrás, desde cuando ocupó la presidencia de Anif y realizaba investigaciones de obligada consulta entre los expertos (sobre la proletarización de la clase media, por ejemplo). Hoy, en cambio, se le ve más como político, si bien ahí nunca ha dejado a un lado sus aficiones por la ciencia lúgubre: ni en el Senado, cuando atacó el Upac y sacó adelante la reforma urbana; ni como ministro de Desarrollo, que fue en la administración de César Gaviria; ni mucho menos en su gobierno (1994 – 1998), cuando quiso emprender “la apertura con corazón”, opuesta a la de su antecesor, el propio Gaviria.

Gaviria en el retrovisor.- “Encontramos una economía recalentada, con el gasto público disparado y una revaluación que ya estaba planteada”, dijo Samper al poner el espejo retrovisor cuando le recordamos la apertura con revaluación que hubo a comienzos de los años noventa. No le gusta la revaluación del peso, como es obvio. Ni la de entonces, ni la de ahora (al término del primer mandato de Álvaro Uribe). Y celebra que en su gobierno hubiera enfriado la economía, moderado la tendencia creciente del gasto -“Porque era muy peligrosa”, según aclara- y, sobre todo, puesto en marcha una política devaluacionista que en su concepto dio resultados positivos, como subir las exportaciones desde 1996 y recibir sumas importantes de inversión extranjera. Presenta, pues, un balance favorable de su gestión, al menos en materia económica. ¿Qué dirán sus críticos?

De paso a la recesión. ¿Su gobierno enfrió tanto la economía que el mandato siguiente, de Andrés Pastrana (1998 – 2002), hubo recesión? “Esa recesión estaba cantada”, responde. Y agrega, a manera de contragolpe: “Creo que ese gobierno tomó medidas, especialmente relacionadas con la reforma financiera, que acabaron de deprimir la economía”. Samper, entonces, lanza golpes a diestra y siniestra, como es su característica. Y cuando se le pregunta cuál es el candidato presidencial con mejor opción (si Álvaro Uribe y Horacio Serpa, en el siguiente mandato, de 2006 a 2010) para afrontar las amenazas que podrían dar al traste con el crecimiento económico, saca a relucir su habilidad política de viejo zorro: “No se olvide que para esta entrevista me comprometí a hablar sólo de economía. No puedo intervenir en política…”

Crisis financiera.- Para Samper, Colombia enfrenta el riesgo de una crisis financiera por la plena libertad en el flujo de capitales, sin ningún control, que garantizaría el futuro Tratado de Libre Comercio -TLC- con Estados Unidos. Pero, ¿qué tanto estamos condenados a esa crisis por la globalización, según sostiene Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía? “Claro que sí”, afirma mientras aduce que por obra y gracia de la libertad de mercados, de las autopistas informáticas, de Internet y la red que constituye la espina dorsal de la globalización, circulan en tiempo real y de manera virtual enormes flujos de capitales que desestabilizan las políticas económicas de todos los países y, sobre todo, de los más pobres, como ya se vio en la pasada crisis desatada en los países asiáticos, extendida a los nuestros. “No estamos exentos de que esto vuelva a pasar”, advierte.

El bloque suramericano.- Para Samper, América Latina está dividida en tres áreas: los países del Cono Sur, que a su vez dividen por tres sus mercados (el Pacífico, Estados Unidos y Europa); de Panamá hacia el norte, que tienen concentrados sus mercados con Estados Unidos, y nosotros, divididos por dos, “entre Estados Unidos y el resto”. Se declara escéptico, además, en el avance, al menos en el corto plazo, sobre la integración continental a través del proyecto ALCA, en especial por lo ocurrido durante la pasada Cumbre de las Américas, asumiendo por cierto una actitud crítica frente a Brasil por no respaldar acaso a Venezuela en la conformación de un bloque suramericano para garantizar un mayor equilibrio de fuerzas frente a Estados Unidos. “Brasil  no ejerció allí el liderazgo que nos habría permitido sacar muchas más ventajas”, afirma.

Temas de fondo en el TLC.- Las críticas de Samper al TLC con Estados Unidos van más allá del hecho de considerarlo sólo un tratado de libre comercio, el cual pudo haber ido mucho más lejos. Admite, sí, que con él tendremos un mercado ampliado, nada menos que hacia el norteamericano, pero advierte que no se resolvieron, ni se resolverán, temas de fondo como el de subsidios agrícolas, que se deja en manos de la Organización Mundial del Comercio; el de nuestros migrantes a Estados Unidos, “cuyas remesas ascienden a casi tres mil millones de dólares, superando las exportaciones de café”; el control al ingreso o salida de capitales, que incluso puede provocar acá una crisis financiera; el de la biodiversidad, “que debería ser un asunto prioritario para nosotros”, y el de los necesarios mecanismos para reducir las asimetrías sociales, con fondos de cohesión como los que se dieron en la Unión Europea, para permitir avances en los países más atrasados.

Modelo con agenda interna.- Como el TLC sí se firmará y pondrá en marcha, Samper reclama una agenda interna si queremos que dicho acuerdo contribuya de veras a elevar el crecimiento económico de nuestro país. Para él, la agenda debe tener cuatro patas: gobernabilidad, competitividad, equidad e identidad. Al respecto, defiende la continuidad de la política de seguridad democrática del presidente Uribe, la cual sin embargo debe profundizarse por sus positivos avances económicos (inversión y reactivación de la economía regional, por ejemplo), pero sin que se entienda como una política de desarrollo, que en su concepto no lo es. “Se debe trabajar sobre otros temas para que el TLC no sea otra frustración como la apertura de Hommes”, explica mientras propone construir un modelo propio o una visión alternativa para Colombia, lejos de seguir -expresa con su humor característico- “el debate entre neoliberales vergonzantes y populistas sin vergüenza”. El modelo basado en el Consenso de Washington fracasó”, asegura.

LA ENTREVISTA

Para el ex presidente Ernesto Samper Pizano, la devaluación del peso en 2006 era inminente. Más aún, la estimaba entre 8 y 10%, por intervención directa del Gobierno si no funcionaban los mecanismos del mercado.

Y claro, atacaba la revaluación, que de continuar afectaría el crecimiento económico, cuyas metas también corrían grave riesgo por un TLC mal negociado, por una crisis financiera que desate la fuga de capitales ante el alza de intereses en Estados Unidos, y por el desplome de la construcción ante el fin inevitable de su ciclo ascendente.

Como si fuera poco, ponía en tela de juicio las cifras sobre desempleo. Lean y verán.

Visión de corto plazo

-Según usted, ¿cómo va la economía colombiana?

-En el corto plazo, pienso que las cifras que se están manejando, con algunas variaciones menores, corresponden a la realidad. De hecho, Colombia se encuentra en lo que podemos llamar el pelotón (en la jerga ciclística) de América Latina, sin mostrar crecimientos excepcionales como los de Venezuela o Argentina, pero tampoco muestra un comportamiento deficiente.

-¿Ni siquiera nos salimos del pelotón en 2005, cuando crecimos cerca del 5%?

-No. Creo que llegamos al 4,5%, pero en 2006 no pasaremos del 4, con una inflación cercana al 5%. Tendremos, además, que devaluar.

-¿Y no es positivo un crecimiento sostenido del 4%, como lo ha logrado este gobierno (primer mandato de Uribe)?

-Es positivo para mantener el barco en navegación, pero no es la meta deseable en términos de equidad. Los estimativos de Naciones Unidas señalan que las economías de América Latina, para no profundizar los actuales niveles de inequidad y para conseguir las Metas Sociales del Milenio, deben crecer al 6%.

¡Ya viene la devaluación!

-¿Cómo es eso de la devaluación?

-En 2006 se tendrá que mover la tasa de cambio. Eso es inevitable. Los exportadores no resisten una revaluación mayor.

-¿Moverla en cuánto?

-La devaluación deberá estar entre 8 y 10%.

-Pero, ¿cómo hacerla?

-Bueno, hay que empezar a buscarla con mecanismos de mercado y, si esto no es posible, el Gobierno debe intervenir administrativamente para fijar la tasa.

-¿Incluso esa intervención ya debió haberse hecho ante el largo proceso de revaluación?

-Yo habría preferido una política mucho más proactiva del Gobierno en busca de una mayor tasa de devaluación. Sin embargo, la situación no ha sido tan grave precisamente porque la inflación está baja, lo cual ha ayudado a que los exportadores resistan sin las pérdidas de otras épocas.

-Pero si no se interviene por la libertad cambiaria que está en boga, ¿qué pasaría?

-Comenzaríamos a ver problemas con los exportadores.

-¿Se vería afectado el crecimiento económico?

-No sólo el crecimiento sino todos los indicadores sociales.

La fuga de capitales

-¿Qué otro factor puede afectar al crecimiento en el corto plazo?

-El alza en las tasas de interés en Estados Unidos, que podría reversar los flujos de capital que están entrando y de alguna manera vienen presionando hacia abajo la tasa de cambio, y hasta podría provocar en toda América Latina una fuga de capitales y una crisis financiera como la que se vivió en México y Brasil a fines de los años ochenta.

-¿Estamos, entonces, enfrentados al riesgo de una crisis financiera?

-No estamos vacunados contra esa crisis, más aún cuando en el TLC que negociamos con Estados Unidos no hay ningún tipo de controles a la entrada y salida de capitales.

-En consecuencia, ¿el TLC podría crear condiciones favorables para una crisis financiera?

-Por lo menos nos quitaría armas para manejar dichas crisis. Y lo más importante acá no es tanto el control del ingreso de capitales como el de salida, al igual que con las válvulas del corazón: permiten la entrada del flujo sanguíneo, pero evitan que salga. Lo más peligroso es la salida de capitales, que son las estampidas.

-¿Cómo evitar que esto suceda, en el marco del TLC?

-No lo sé… Depende de cómo se negocie. Porque si no nos dejan establecer restricciones a la salida de capitales de corto plazo a través, por ejemplo, de un impuesto, será muy difícil de manejar.

Construcción y empleo

-Según usted, otra amenaza al crecimiento es la caída de la construcción. ¿Es inminente esa caída?

-El ciclo de la construcción ya tocó techo. Creo que se caerá a partir de 2006 y que vamos a vivir una destorcida.

-En definitiva, ¿el ciclo ascendente no se puede prolongar más?

-En la construcción, los ciclos son como de siete años. Y cuando uno empieza a ver avisos de “Arriendo y/o vendo” sobre las ventanas es que comenzó la crisis.

-¿Qué tanto se afectaría por esto el crecimiento económico?

-Creo que puede alterar las previsiones de crecimiento económico.

-¿Y también las de empleo?

-Sí, porque la construcción es uno de los sectores más generadores de empleo.

-¿Incluso se corre el riesgo de no bajar la meta oficial de desempleo al 9%?

-Claro, aunque esa meta me parece superflua porque deben considerarse no sólo el empleo sino también el desempleo abierto, el desempleo informal y la tasa de participación, tres indicadores que sí nos dan una visión exacta de lo que está pasando con el desempleo.

-De todos modos, ¿no es muy satisfactorio haber logrado bajar el desempleo al 10% en 2005?

-Por supuesto que es muy loable. Pero, insisto: la reducción del desempleo abierto no es suficiente. Hay que conseguir logros en materia de desempleo informal.

En el mediano plazo

-Y a mediano plazo, ¿cómo ve las perspectivas económicas del país?

-Veo tres nubarrones: primero, la inversión; segundo, Venezuela, y tercero, cómo se negocie el TLC. En cuanto a la inversión, necesitamos tener un nivel de 25% y hoy apenas llegamos al 20. Ahí creo que va a ser muy importante el tema de la seguridad y, sobre todo, las reglas de juego.

-Pero, en este gobierno la inversión ha crecido incluso como gran “jalonador” de la misma reactivación económica, gracias a medidas como la exención en renta o la reducción de su tarifa por la reinversión de utilidades…

-Sí, son medidas importantes, de larga maduración (porque una decisión de inversión no se toma en seis meses sino que se espera a que las nuevas reglas de juego se asienten), pero pienso que lo que más está afectando la inversión es la inseguridad jurídica.

-¿Y qué más se requiere para aumentar la inversión?

-Debemos aumentar los niveles de bancarización, que son ridículos (no llegamos ni al 25%), para que haya más ahorro. Y no es sólo la inversión que traigan los capitalistas extranjeros o la que decidan, sobre una ampliación, los empresarios colombianos. No. También debe haber más ahorro financiero a través de los fondos de pensiones o los fondos colectivos de aseguramiento.

-¿Las bajas tasas de interés no inciden ahora en los modestos niveles de ahorro?

-En realidad, la tasa de interés está desapareciendo cada vez como factor de incentivo al ahorro. Han empezado a aparecer factores más relevantes como liquidez, disponibilidad, valorización, si se hace un fondo combinado de monedas…, en fin, factores distintos a los intereses.

-¿Qué haría usted para aumentar el ahorro¿ ¿Cuáles medidas específicas?

-Hay que trabajar mucho el tema de los fondos de pensiones, de aseguramiento de riesgo, o la publicidad sobre el ahorro, que en el país se ha ido como desmontando.

¿Y que el sector financiero no le apueste tanto a la inversión en TES, especulativa, sino a la inversión en el sector productivo?

-Exacto.

No jugar con Venezuela

-Pasemos al segundo nubarrón, que es Venezuela.

-No podemos jugar a reemplazar fácilmente ese mercado como piensan ciertos funcionarios con un temerario optimismo. Es la segunda economía en importancia para Colombia; los niveles de relaciones ya se acercan a los tres mil millones de dólares, y veo con preocupación que los próximos cambios en el país vecino (con reglas de juego menos estables de lo que son ahora) afecten el mercado binacional.

-No obstante, las pasadas cumbres Uribe-Chávez han mostrado un buen clima de relaciones y hasta el avance conjunto en proyectos binacionales…

-Esas son como visitas de novios; ni siquiera son visitas conyugales. Y si usted se pone a ver, ya Venezuela entró a Mercosur, lo cual tiene muchas implicaciones.

-Que no es tan malo si pensamos en el acuerdo CAN-Mercosur y en que de todos modos Venezuela aún no ha renunciado a la Comunidad Andina…

-No ha renunciado a la CAN, pero va a tener influencia sobre la CAN, porque una cosa es el acuerdo CAN-Mercosur, donde nosotros vamos de invitados, y otra es ser, como en un club, socio permanente. En general, Venezuela está mirando hacia el Sur, con cuyos países está haciendo alianzas estratégicas.

-Mientras Venezuela mira hacia el Sur, ¿nosotros sólo miramos hacia el Norte?

-Nosotros estamos totalmente bizcos, mirando hacia el Norte.

-¿Eso también es malo?

-Claro. Todo lo que sea concentrar mercados u oportunidades económicas en un solo destino es malo.

Cómo negociar el TLC

-Al parecer, el TLC es otro factor que está afectando las relaciones con Venezuela…

-Sí. Y eso dependerá mucho de cómo lo negociemos.

-¿En qué forma, entonces, habría que negociarlo?

-Como las economías de Colombia y Venezuela son cada vez más complementarias, podría llevar a hacer acuerdos para que Venezuela se beneficie con unas buenas normas de origen sobre los nuevos mercados, que podemos conseguir con el TLC.

-¿Usted ve suficiente voluntad política del presidente Chávez para actuar en esa línea?

-Ahí sí creo que las buenas relaciones entre los dos presidentes nos ayudan por lo menos a ir solucionando este tipo de líos.

-Volvamos al TLC. ¿Se está negociando mal?

-Como su nombre lo indica, es un tratado de libre comercio. ¡No es más! Yo deploro que los dirigentes norteamericanos y muchos latinoamericanos no hayan entendido que estos tratados son la oportunidad de conformar una alianza estratégica entre las Américas para responder, por ejemplo, al bloque europeo o asiático. Vamos a tener un mercado ampliado, pero ahí no se resolverán los temas de fondo.

-En síntesis, ¿a usted no le gusta como está quedando el TLC?

-Veo inevitable llegar a la firma de ese acuerdo porque el mercado se está organizando por regiones y no nos podemos quedar por fuera. Además, estamos en vísperas de clausurarse el Atpdea, que es una concesión unilateral de Estados Unidos.

Colofón

-Por último, ¿cuáles son las perspectivas económicas del país si hay un segundo mandato del presidente Uribe?

-Quien gane, se encontrará con las mismas variables. No se le van a cambiar a Uribe, ni a Serpa, para poner dos opciones.

-Y entre estas dos opciones, ¿cuál cree usted que manejará mejor dichas variables?

-Lástima que este reportaje sea sólo sobre temas económicos. Aquí no puedo hablar de política.

(*) Ex director de “La República” y Magister en Economía de la Universidad Javeriana. Autor del libro “¿Qué hacemos con Colombia?” (Editorial Planeta, 2006)