3 de marzo de 2021
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El miedo a la muerte

18 de enero de 2021
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
18 de enero de 2021

En algunas ocasiones cuando ejercía la docencia en la Universidad, le hacía a mis alumnos la siguiente pregunta: Si hubiera posibilidad de conocer un video en donde se pueda ver cuándo, dónde y cómo morirían, ¿estarían dispuestos a verlo?. Todos respondían con un rotundo “no”. Siendo la muerte una realidad tan evidente como la vida, nos negamos a aceptarla y  una inmensa cantidad de seres humanos parten de la base que después de la muerte existe una vida eterna.

Frente a la situación que vivimos actualmente se pueden conocer varias posiciones en torno al futuro que nos espera: unas optimistas, otras abiertamente pesimistas y desde luego posiciones intermedias. En relación con esta última, si bien se han perdido miles de vidas humanas, también es cierto que existe un desarrollo tecnológico y científico que da luces y permite concluir que si el Corona virus no va a desaparecer completamente, se podrá lograr controlar, de la misma manera que otros virus. Y digo controlar, porque por ejemplo, la malaria sigue viva a pesar de los intentos por encontrar la vacuna.

El profesor Jared Diamond plantea una posición optimista frente a la actual pandemia pues si bien el Corona Virus contagiara a todos los seres humanos, calcula que morirían 154 millones de personas, pero sobrevivirían 7.456  millones de personas. El aspecto que me parece más interesante del profesor Jared tiene que ver con los aspectos positivos que se deberán presentar para frenar la muerte por el Corona Virus. Se refiere a la necesidad de una cooperación de todos los países del mundo, como requisito para poder controlar al Virus. No hay manera de reducirlo a un espacio porque la globalización nos ha mostrado que se ha dispersado y lo seguirá haciendo por todo el Planeta. Y es esta pandemia la que ha permitido dar cuenta y dimensionar plenamente lo que está sucediendo desde el punto de vista del cambio climático, porque éste “nos destruye en forma lenta y no tan evidente, a través de consecuencias indirectas como la reducción de la producción de alimentos, el hambre, los fenómenos metereológicos  extremos (lo que sucedió en San Andrés y Providencia) y el avance de enfermedades tropicales  hacia zonas templadas.”.

Remata Diamond diciendo: “…porque por primera vez  en la historia, personas de todo el mundo se ven obligadas a reconocer que enfrentamos una amenaza compartida que ningún país puede superar solo”.