3 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Artesanos de cultura

18 de enero de 2021
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
18 de enero de 2021

V – MUSICA MAESTRA, JUVENIL, PAISAJES Y COMENTARIOS

Aunque quisiera, no me es posible mencionarlos a todos los que he conocido por los azares del destino, o al menos a los que alcancé a tratar de una u otra manera, porque también hay quienes los conocieron mejor y saben más de sus acciones.  El nombre de César Londoño Garzón, surge desde su pequeñez física hasta la grandeza de su concepción del arte, el manejo de la voz y la guitarra, la conversación exquisita, la distinción y seguridad de sus razones, sus puntuales notas musicológicas en El Espectador. No volví a  verlo a él, se fue a vivir a Dosquebradas y cuánto me placería saber que todavía puedo escucharlo otras veces más.

O al dulce, aparentemente seco, pero cálido una vez se llegaba a su tímida y severa figura, don José María Zuluaga Duque, el profesor de Pensilvania, al que vine a conocer recorriendo estas calles, enamorado del “atardecer en Chipre”, revisando libros especialmente donde Pachón, respondiendo a mis preguntas sobre sus paisanos destacados, seguidor de mis escritos y  apareciendo los suyos en cuanta publicación colaboraba. Sencillo y condescendiente,  se le alcanzaba a percibir un orgullo interior tras su bonhomía.

Hasta una ligera mención debo hacer de Luis Fernando Ossa Vera, quien también aparece en esa lista. Lo conocí muy jovencito, haciendo música, entre los primeros, música moderna, en uno de los primigenios conjuntos de música rock  juvenil de los setenta. No estoy seguro si antes o al tiempo de la Sonora Universitaria. Ni el nombre preciso de su grupo. Lo cierto es que tocaron en una caseta situada enseguida del Instituto Universitario en plenas ferias, y no me acuerdo donde más. Le ponía ardor a lo que hacía. No seguí por la distancia, su carrera, pero sí  lo vi en la facultad de Derecho en sus estudios y posterior grado. Conversábamos de vez en cuando y era bastante crítico en los temas que abordaba. Ocupó diversos cargos como el de director seccional de Cajanal. En esta publicación da una prueba más de que las relaciones con todo tipo de expresión artística, continuaron en su periplo vital.

VI – DOS PRECISIONES Y EL LECTOR

Aparte de las espontáneas ponderaciones, dos amables comentarios son los que he recibido en medio de este encierro. Uno me especifica que Álvaro Atehortúa desapareció de entre nosotros, pero no de sí mismo. Lejos, se centró y se adentró más en él. Y “una pequeña confusión” tuve sobre el nombre de sus hermanos. Antonio es el periodista que lleva más de medio siglo en Bogotá. Y Fernando fue el compañero, amigo y hermano de los viejos solos. Qué devoción.

Y la llamada de un médico amigo, culto, exigente y no muy pródigo. Trato de trasladar al papel lo que verbalmente dijo con tanta fuerza, pero apenas va con cierta fidelidad: “Ese personaje Manuel Marulanda  es un personaje muy bravo. Estudió conmigo en el Instituto  Universitario, en otro grupo, no recuerdo si iba algo adelante o algo atrás, o en otro diferente, pero él y yo  nos hicimos buenos amigos, como creo que él se hizo de todo el mudo porque es un canciller, es una dama, con un estilo a la antigua, muy simpático, con un tono de voz muy bonito, siempre con un libro en la mano y siempre con una cortesía incomparable. Después que la vida nos fue dando vueltas no sé si él estudio en la Universidad o qué, pero fue  a dar al Agustín Codazzi, nos saludábamos, a veces lo veía otras no… y voy a echarle cabeza a Rogelio, porque siempre lo veía solo, y siempre caminando, un caminante  hedónico, un hombre muy gracioso, muy simpático, eso era devolverse cien años, me emocionó mucho ver que lo contaste en tu articulo con tanta dilección.”

La “dilección” esta en el relato de esos rasgos de personalidad. Quien lo ve. Muy delgado, bajito, prudente  y conciso. Más siempre presto a reír añadiendo un apunte. En lo que sí acerté, por ser para mi  demasiado notorio pero discreto, es en lo de lector. Vocacional. Su vida no está en los libros. Son su vida.

VII – LA IMPORTANCIA DE LOS NO IMPORTANTES

Debió haber más,  y de hecho los hay,  personalidades similares. Pero ahora es más difícil hacer esas cosas, es decir, hacerlo de la misma manera. ¿Por qué? Por lo contrario. Porque es más fácil. Con internet, con la página web, con facebook, se puede llegar a más personas con menos esfuerzos. Todos los que implican una pequeña publicación. Hasta la movilización misma o el  encuentro con los compañeros de propósitos. Y los que están vivos, se muestran  más generosos en reconocerse. Por el efecto multiplicador de los nuevos medios.

Los que destaco son, entre otros, mis personajes. Lo fueron siempre. Más que muchos otros y claro, de los que solo parecen serlo. Por qué estos personajes. Porque hicieron cosas muy importantes de las que apenas unos pocos se dieron O se acuerdan. Su ambición era  limitada, pero le pusieron todo. Pensaron más en los otros que en sí mismos.  No se sentían orgullosos de lo que eran sino de lo que hacían. Porque la forma de hacerlo tenía una honestidad y una limpieza no comunes. Tanto interés hacia el afuera y tan poco hacia dentro. Por más destruidos que se les hallase, ponían toda su atención en lo de su proyecto y no en lo suyo. Por eso los admiraba.

Trabajaban sin pretensión, para sus amigos, conocidos o quienes creían podía interesarles. No buscaban a los poderosos, y menos halagaban el poder. Si elogiaban  a alguno de  aquellos, es porque  les ayudaron o hicieron algo que juzgaron conveniente. Solo la gratitud. No se prodigaban. Ni se camaleonisaban. Fueron  sinceros, desprendidos, sin cálculos. Hicieron lo que creyeron debían hacer  y sabían hacer. Aunque mucho menos de lo que podían y que  quisieron. Tenían  la estructura para hacerlo y de haber tenido las posibilidades, el poder,  lo hubieran hecho dejando a sus sorprendidos.

La importancia de las publicaciones que mencioné, y lo podría hacer en mayor numero,  más que por los contenidos es por las personas a ella vinculadas, especie de consejo de redacción o consejeros editoriales. Algo debía unirlos, pero también es notorio que es mucho lo que  tenían de comunitaria humildad, que no lo era por hacerlo  fuera de las instituciones consagradas y apoyadas.  Y sé que por su labor, de uno en uno y en conjunto, fueron hacedores de cultura, con el propio esfuerzo y gran altura de miras. He mencionado a personas vivas, por su relación, su anudamiento con ellas, porque las explica mejor.

Para apreciarlos con más transparente claridad, tendría que recurrir a la ficción, de hecho en una novela, reunirlos a todos o casi, en uno solo, lo que es imposible, y obvio, mostrar su faz absolutamente contraria, que no se da porque no puede darse en la realidad. Pero hay quienes dicen que sí y que existe. Los personajes que sentí gozo al mencionar, se desempeñaron, que a mí me  tocara, en las décadas que van desde los 60 o 70 hasta la primera del siglo XXI. El imaginado está situado también por la misma época, pero continúa en ésta.

No se parece a la de Maupassant (Bel-Ami) aunque tenga parte de su defectos y parece que también algunas de sus gracias. Empieza en un oscuro lugar rural de provincia, por ciertas artes  llega a lo mejor de la capital de región, cultiva y celebra lo de los hijos de los poderosos, estudia en la universidad nocturna lo que le ha de servir solo para sus negocios personales, y escoge desde estudiante al personaje más poderoso del partido mayoritario, sin el que nada se es, se hace, ni se puede hacer. Lo adula hasta el máximo, le aplaude todo, le hace los pequeños mandados de cierta entidad. A la primera oportunidad, el Todopoder le brinda el primer cargo como cerebro del que puso a mandar en la Sección y le maneja sus lobis. Se abre y busca amistades y hace parte de la autoridad. Intenta aventuras personales para enriquecerse ya. Esta parte es muy sugestiva, de modo… Pero cultiva por lo alto y para ascender y asegurarse, comienza a elogiar, uno a uno, minuciosa y calculadamente, a todos los jefes de todos los partidos, de modo que todos le agradezcan (todos son vanidosos como se sabe) y le garanticen eterno progreso y  estabilidad. Lo que logra con sus métodos que son todavía inéditos y claro, difíciles de creer, por la multiplicidad de renglones  en que se despliegan que solo en una novela, pueden ser verosímiles, pero no, en fin…

Lo que precede, también viene porque exprese hace unos días este pensamiento: “No creo en la gran importancia de los poco importantes, si no en la mucha importancia de os nada importantes”. Muchos no me entendieron por completo o me pidieron mayores explicaciones. Lo que he escrito tuene mucho que ver, pero ya daré mis ideas  sobre los importantes y lo verdaderamente importante.