3 de marzo de 2021
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Y los soldados  ¿que dicen?

1 de diciembre de 2020
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
1 de diciembre de 2020

De acuerdo con mi visión de las cosas, quiero intentar una mirada más plural y menos unívoca a la acusación pública que contra soldados del Batallón Ayacucho de Manizales, hizo la columnista de La Patria Adriana Villegas por  un canto que les escuchó en la noche de un día festivo, mientras dieron 60 vueltas por una calle cerrada. ¡ 60 vueltas ! No es un ejercicio cualquiera. Y mientras entonaban un coro. Debe ser agotador. Y son apenas, dijo, reclutas. Quién sabe si están en el comienzo, en la mitad o finalizando sus duros entrenamientos militares, pero es obvio  suponer que una vez terminadas sus monorrítmicas estrofas, se fueron a dormir. Mientras miles de jóvenes de su misma edad, a esas horas o más tardías de esa misma noche, llegaron a sus casa livianos, descansados, o quizá también agotados, después de los excesos deportivos, etílicos, o campestres de un puente festivo, y de escuchar muchos de ellos, y además  bailar, canciones tanto o más  vulgares y ofensivas, que las que enervaron a doña Adriana, y según ella, a su pequeña hija.

Sobre la ordinariez, la  indecencia y sobre todo, lo truculento de las letras que como vecina, ama de casa y madre, tuvo la paciencia o impaciencia de ponerse a oír, con mucha atención, y de transcribir cuidadosamente, palabra tras palabra, onomatopeyas incluidas, para protestarlas como mujer y como periodista dárnoslas a conocer a miles y miles de personas a través del diario local,  no hay discusión.  Y son condenables, a conciencia, de cierto estrato para arriba, con grado de educación medio y  formación por el ejemplo, en determinados valores. En ultimas,  lectores de la páginas editoriales de diarios y publicaciones.

Su protesta tuvo un apoyo y una difusión excepcional, sin antecedentes que recuerde, tratándose de un texto publicado en un periódico de provincia. Pero es que la autora, es también decana de la facultad de comunicación  de una universidad, autora de libros, conferencista, y ha solicitado y recibido  el respaldo de la Flip, de grupos feministas, le han hecho entrevistas, donde ha dicho muchas cosas, ampliando y detallando el por qué y el para qué de su denuncia. Su nombre y sus opiniones, han tenido eco nacional e internacional. Su imagen se ha multiplicado en publicaciones que tratan el asunto y lo amplían con nuevas declaraciones, y hasta en crucigramas, deben colocarse las letras que le corresponden para resolverlo. No son tampoco poca cosa las solidaridades y la  resonancia mediática, en solo este caso puntual,  logradas por Adriana Villegas.

El peso de este lado de la balanza es entonces enorme. Frente a esta aparatosa acusación, los inermes son los soldados. Nadie los ha escuchado, y al parecer, nadie se ha preocupado por escucharlos, por saber qué dicen a esto, ni se ha inquietado por lo que deben haber sentido, por lo que comentaron o comentan  entre ellos, por lo que se preguntan, por lo que no logran entender, pero tampoco a nadie le ha importado lo que tengan para decir. Son lo que son, unos reclutas. Mas  resulta que son unos jóvenes, como millones de jóvenes colombianos, pero con mayores precariedades, y es probable que en buena parte, provengan de familias, de zonas, de lugares, con muchas sino todas las carencias.

Atemorizados los soldaditos, lo que es natural, por el juicio disciplinario que les quieren o deben hacer sus superiores, a instancias del escrito de marras, sabiendo lo que implica, pero no las consecuencias de ese hecho, por lo novedoso, y porque nunca tampoco  calcularon o imaginaron que los cantos con los que se dan ánimo, fueran escuchados por personas distintas a ellos mismos, de forma atenta, con ofendida sensibilidad, y deliberadamente grabados para  darlos a conocer por los medios, rechazándolos y condenándolos por misóginos. Como al corearlos, no había intención deliberada, se preguntarán a sí  mismos y entre ellos, qué  responderles a los superiores, e incluso a la periodista, si es que se digna hablar con ellos, saber algo más de ellos, e indagarles qué los lleva a animarse con unas letras de esas, con la seguridad, porque los conozco, porque los he interrogado, que responderán la verdad, su verdad, y darán con sinceridad sus explicaciones, no muy claras, porque tampoco las tienen para ellos, ya que no lo han pensado ni se lo han propuesto.