18 de abril de 2021
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Alfredo Hoyos Mazuera

22 de diciembre de 2020
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
22 de diciembre de 2020

Pocos los seres humanos que en vida se convierten en un referente de actuar ético, sobre todo en épocas en las cuales se busca afanosamente tener éxito utilizando todos los medios posibles.

Son muchos los emprendedores exitosos, al igual que negociantes, pero cuando el éxito se mide por el aprecio, el respeto y admiración que puede despertar una persona, nos encontramos con un número cada vez más reducido. Me comentaba en alguna ocasión Alfredo que el mayor capital de su empresa estaba constituido por su equipo humano, es decir, empleados que se identifican con los propósitos de la empresa, en donde el servicio, el producto y la satisfacción del cliente, prima sobre cualquier otro interés. Y a fe que lo logró, pues en vida recibió el respeto y el afecto de sus cercanos colaboradores, pero también de una ciudad como Pereira que fue testigo de sus éxitos.

Alfredo Hoyos Mazuera se ha marchado y al mismo tiempo que ha dejado un gran vacío, podemos decir que su memoria, su ejemplo, constituyen un faro imprescindible en todo lo que tiene que ver con la proyección de la ciudad, que no puede renunciar a consolidar nuevamente un lugar de honor como ciudad cívica, comprometida con el bienestar colectivo. Esperamos que en un futuro, tanto el sector público como el privado se puedan sincronizar, como en antaño, para asumir el compromiso de solidaridad y equidad que por tanto tiempo tuvo presencia en  nuestra ciudad.

Desde ya, Alfredo Hoyos entrará a hacer parte fundamental de nuestra historia, al lado de figuras como Jorge Roa Martínez, Luis Carlos González, y otros que ocupan un lugar privilegiado en nuestro panteón, conformado por las notables figuras que han dejado en alto el nombre de Pereira.

La fundación Frisby, bien podemos decir, ha logrado su objetivo, como se plantea en su visión: “Ser líderes a nivel nacional en el desarrollo de modelos educativos direccionados a la formación del ser”. Alfredo Hoyos tenía bien claro que su propósito era mantener viva la inspiración en el ser humano.

Bien vale la pena traer a la memoria aquella sentencia que encontré en un cementerio de un  marginado pueblo chocoano: “Nadie muere realmente mientras haya alguien que lo ame y lo recuerde”. Es decir, su memoria sin duda alguna, será eterna y esperamos, repito, que sea la luz que alumbre los destinos son sólo de Pereira sino de Colombia.