24 de enero de 2021
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Sherlock Holmes, reencarna en loro

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
25 de noviembre de 2020
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
25 de noviembre de 2020

En Londres acaba de reencarnar el detective Sherlock Holmes en la “persona” de un loro lenguaraz que puso al descubierto un agitado triángulo amoroso.

Por definición, hay triángulo cuando sobra una persona, generalmente la que llegó primero a la relación. Los franceses consideran malo casarse con mujer bonita porque no la disfrutará solo…

En el primer mundo, los mayordomos o jardineros de familias  aristocráticas suelen enriquecerse botando el puesto para revelar lo que  vieron debajo de las cobijas de sus amos.

Se está demorando el mayordomo que cuente el detrás de cámaras de los amores entre Carlos y doña Camila Parker que esperan el turno al bate. Pero la Reina Chava II no suelta la corona.

La severa y tradicional emisora BBC, de Londres, informó que el lugar de los mayordomos infidentes lo están ocupando los loros, híbridos de sapos con correveidiles.

Un loro machista de nombre Ziggy acaba de poner al descubierto que su ama le era infiel al  marido. Según la BBC,  cuando Chris Taylor, el marido cornúpeta, 30 años, se iba a ejercer como frío programador de computadores, llegaba un espontáneo reincidente a morderle la oreja y otras presas menos prosaicas a Suzzy Taylor, su first lady.

El amante que nunca estuvo en el clóset se llama Gary, nombre que  memorizó fácil el bullicioso loro. (Amigo lector, si tiene loro en casa póngale nombre que no empiece por g, de Gary, ni por r, de Roberto: lo puede empapelar si es infiel).

El asunto se fue poniendo color de hormiga cuando el loro empezó  a gritar a la llegada a cada de Chris, el marido: “Te amo, Gary, te amo Gary”.

Todo acompañado con ciertos sonidos y ayayayes eróticos que solo se escuchan cuando ellas hacen  el amor, no la guerra.

“Te amo, Gary; sí, sí, Gary; ahí, ahí, Gary; more, more Gary”, eran susurros que Suzzy  le soplaba a su amante después de alguna faena de catre en la que cortaban oreja, rabo y pata, mientras el Big Beng daba todas las horas posibles.

El marido engañado por fin entendió el mensaje que le quería transmitir el loro, y que no era otro que su mujer se le jugaba con su peor mejor amigo. Elemental, querido Watson, diría el detective Sherlock Holmes, ahora reencarnado en loro.

Chris enfrentó a su mujer  quien no tuvo más remedio que admitir la infidelidad que también fue noticia en The New York Times. Los niños, los borrachos – y ahora los loros- siempre dicen la verdad.

Suzzy no se quedó atrás y contó que su marido le era infiel… con el loro: se la pasaba hablando más con el animal que con ella. Y así tampoco funciona ninguna relación.

El marido puso a su mujer de patitas en la calle. Y le buscó otra estaca al loro. El flemático inglés confesó que no podría  vivir con alguien como Ziggy que le estaba recordando a toda hora el nombre de su competidor y repitiendo los ayayayes que algún día fueron exclusivos para él.

Moraleja: si tienen loro y son infieles, regalen el loro. Salvo que hacer amor delante de un loro, mejore la calidad del clímax, como ocurría en este caso.

 (www.oscardominguezgiraldo.com)