17 de abril de 2021
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Libro de la mirada (Pre-Textos) de Wilson Pérez Uribe

6 de noviembre de 2020
6 de noviembre de 2020

Por Darío Jaramillo

De Wilson Pérez Uribe (Medellín, 1992) ya se había ocupado Gozar Leyendo # 84 (ver aquí): de su libro Movimientos, con magníficos poemas en prosa referentes a la música. Ahora, en el Libro de la mirada, cambia de sentido, literalmente, va del oído al ojo, aquí un ojo que es mirada atenta: “mirar la mirada: gesto silencioso”, dice; y reitera: “mirada de los ojos que son tacto y oído. Mirada para desnudar las palabras”. Los poemas no se salen de este cauce temático, pero tienen sí dos ángulos dominantes; por un lado, los poemas de amor –siempre bajo la óptica de lo óptico, que bien redundo– y, por el otro, el arte de la pintura.

El primer poema, hermoso poema, “Apertura”, puede leerse como el arte poética de este libro, si bien, en esa doble corriente que establece en sus textos, en muchos hay la reflexión sobre el poema o sobre la creación como en “Poética de los colores”, donde prescribe que “los colores debían ser mirados con ojos de niño”. Así como en Movimientos los poemas podían referirse a determinadas piezas musicales, en el Libro de la mirada hay poemas sobre obras de arte concretas, identificadas en una nota final. En todo caso, los poemas siempre son textos autónomos, cuya comprensión y goce es posible sin conocer el referente; este último reconocimiento, es verdad, enriquece esos textos, ya de por sí muy hermosos.

Hay unos poemas en prosa, intensísimos, uno donde quien habla es Jeanne Hébuterne, la amada y modelo de Modigliani: “A veces una textura significaba para mí la exactitud que no habían alcanzado a tocar los hombres. A veces intentaba descubrir mi propio rostro en la soledad, pero nadie puede verse a sí mismo sino a través de los otros, y eso es doloroso. Así, muchas veces, me dediqué a habitar ciertos corazones, a palpar sus manos para buscar las marcas que el tiempo no alcanza a borrar, a escuchar el vaivén de la respiración para captar algún indicio de música, y fallé”.

Hay poemas donde aparecen Kuroda Seiki, Seurat, Van Gogh (“madre, Van Gogh habló en nombre del color para imaginar el mundo en el silencio de la luz”), Cézanne, Hu Jundi, Kandinski, Remedios Varo, Monet, Goyo Hashiguchi.

Hay un poema, “Busto de Safo de Lesbos, siglo V A. C.”, que puede leerse como puente entre el arte y el amor: “Pero el amor no es la memoria del que ama.Yo aprendí tu nombre de las cosas que saben callar”. Y hay varios poemas de amor donde la mirada es el punto de partida y de llegada: “y nos pasamos la vida mirándonos como si el mundo sólo fuera un río de pausada corriente”.

Hermoso libro.

APERTURA

Mirar la sombra que reposa en el borde del cuenco.
Mirar como tocar, como escuchar.
En la certidumbre de cada luz está el ahora
que pide ser nombrado.
Mirar la mirada: gesto silencioso.
Respirar para pronunciar otra lengua
en la quietud de las cosas.
Mirada de los ojos que son tacto y oído.
Mirada para desnudar las palabras,
como complicidad con la noche y el día,
como inquietud, como desvelo.
Mirada, desde lo más alto, desde lo más bajo.
Mirada para saborear el agua
con el tercer ojo: el corazón.

Wilson Pérez Uribe

DISTANCIA IMPOSIBLE

Pero acá estamos los dos,
cuerpo a cuerpo,
inventando el tiempo
que habitan nuestros ojos.
Y nos pasamos la vida mirándonos
como si el mundo
sólo fuera un río de pausada corriente.
Y nos dejamos ir sobre el agua,
ágiles, con las palabras en la boca.
El tiempo, entonces,
es esa pequeña palabra
que siempre nos asalta desde el borde.
Pero acá estamos los dos,
cuerpo a cuerpo,
habitantes del poema
que nos mira al escribirlo.
Estamos en la orilla,
desnudos frente a la luz.
Alguien nos viste, nos abriga.
Somos la lejana memoria
de alguien que nos lee.

Wilson Pérez Uribe

POÉTICA DE LOS COLORES

Los colores
debían ser mirados
con ojos de niño. Ese tejido de luz
y de sombras tendría que aprender
la huella secreta del tacto.
Sobre el lienzo los dedos
palparían dos memorias:
la del ojo que mira el paisaje
como si lo oyera; la del color
que tiñe la tela como si la desnudara.

Wilson Pérez Uribe

BUSTO DE SAFO DE LESBOS, SIGLO V A. C.

Amé en esta tierra
ese cuerpo que temblaba entre mis manos.
Lo amé hasta detallarlo:
el mentón fino, la carne de los labios,
los dedos inquietos, los ojos de un sol color naranja.
Pero el amor no es la memoria del que ama.
Yo aprendí tu nombre de las cosas que saben callar.
Tú me enseñaste que el mar calmo
guarda en sus entrañas la agitación y la furia.
Ahora invoco la morada del agua
para no olvidarte, habitante de mis ojos,
para no abandonar tu perfil en las sombras,
cuerpo húmedo que me abraza todo lleno de música.

Wilson Pérez Uribe

TRATADO DEL COLOR

Antes del trazo y de la pincelada,
sobre la tela un hilo de sol
marca el territorio de los dedos.
Ellos van dibujando
el borde de una fruta,
la suavidad del agua,
el temblor de la piel desnuda.
El color
se empapa de una mano cansada,
él mismo va dictando
las texturas,
los círculos,
los saltos.
El color es un tiempo
que transita entre el tiempo,
es una huella
que sólo ven los ojos
cuando están cerrados.

Wilson Pérez Uribe