15 de abril de 2021
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Las nuevas artimañas

29 de noviembre de 2020
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
29 de noviembre de 2020

Para nadie es un secreto que las campañas políticas son de un costo inimaginable porque además de la inversión que se realiza por los medios de comunicación, se suele ir a los sectores más desfavorecidos con ayudas, que se convierten en compra disimulada de un voto por determinado candidato.

No es de extrañar entonces que cuando el candidato que ha hecho esas inversiones, deba comenzar a pagar las deudas por los préstamos que en su momento le hicieran sus amigos y allegados. Viene entonces el proceso de licitaciones para la realización de obras y entonces existe todo un equipo de malabaristas encargados de perfeccionar dichas licitaciones, cuidando, como es apenas lógico en la gran mayoría de los casos, que los amigos prestamistas resulten favorecidos con dichas obras. Es lo que Vigía Cívica ha denunciado en múltiples ocasiones por medio del doctor James Fonseca. El resultado de ese ejercicio de licitación comprometida se llama “pliego sastre”, es decir a la medida previa que se le ha tomado al ganador. Si por ejemplo, se trata de una licitación para que un taller  de mantenimiento a los vehículos de determinado municipio, se consultará primero al dueño del taller a quien se le va a asignar la licitación y si, por ejemplo, el dueño del taller tiene un administrador casado y con un hijo, en la licitación aparecerá que uno de los requisitos es que quien administre el taller esté casado por la Iglesia y tenga un hijo. De esa manera , no hay pierde posible.

Desde luego que todos esos malabares y rodeos se han ido reemplazando por unas intervenciones mucho más directas y menos complicadas: se hace una licitación para otorgar un contrato, por ejemplo en el campo cultural y cuando se nombran los jurados, a ellos se les dice cuál va a ser el ganador. Esa es la gravísima denuncia que acaba de hacer la doctora Adriana González en “La cola de la rata”, edición del 20 de noviembre, citando la voz de los jurados en la convocatoria de Estímulos abierta por la Secretaría de Cultura de Pereira, que dice: “…queremos dar testimonio de haber recibido una llamada  el día en que tuvo lugar la deliberación. En esa llamada sentimos que fueron cuestionadas nuestras decisiones y posturas. Sentimos una presión para reconsiderar nuestros fallos y declaración de impedimentos  con respecto a uno de los proyectos…”. Sin palabras.