24 de noviembre de 2020
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La polémica sobre el proyecto de aeropuerto

19 de noviembre de 2020
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
19 de noviembre de 2020

Me sorprendió ver mi nombre, en la sección «Política con pimienta» de EJE 21 (octubre 30), impreso junto a los de ilustres opinadores, tales como Germán Cardona, Guillermo Trujillo, Carlos Enrique Ruiz y Augusto León Restrepo, a quienes, según el escrito, criticó el columnista del diario La Patria Jorge Alberto Gutiérrez (Gutiérrez con tilde, señor corrector de La Patria, porque se les olvidó ponerla) en su artículo titulado «Suficiente ilustración», publicado en ese diario el pasado 25 de octubre, por no creer tales ciudadanos que la idea de construir una réplica de La Nubia, de igual longitud de pista, pero un poco más lejos, sea una solución ideal. Los nombres de esos supuestos enemigos de la ciudad, como lo hizo notar el artículo de «Política con pimienta», no se mencionaron en «Suficiente ilustración», por lo que no puedo saber si me cabe el honor de contarme entre el grupo al que se refiere el arquitecto Gutiérrez. Muy posiblemente no. Aunque he escrito varias columnas en las que cuestiono la construcción de ese aeropuerto, muy seguramente el señor Gutiérrez ni siquiera ha oído hablar de mí. Pero, suponiendo, por si las moscas, que sí era yo uno de los involucrados, debo decir que, en mi caso, no estaba tratando de pasar de agache; simplemente no había leído la columna de La Patria.

El artículo de «Política» invitaba a que se continuara la polémica existente sobre el tema. Pienso que dicha polémica debería quedar saldada si se tuvieran en cuenta las opiniones del ingeniero Gonzalo Duque Escobar, ilustre profesor de la Universidad Nacional, probablemente uno de los colombianos con más amplios conocimientos en temas de movilidad e infraestructura, sobre todo en lo relacionado con nuestra región.  Emitió el citado experto, en audio que envió el 15 de julio de 2020 a Augusto León Restrepo, tres valiosos conceptos que trascribo directamente de la grabación: 1.- «Cuando digo “más pequeño” (se refería al aeropuerto en proyecto), sería clonar La Nubia, lo que es insensato». 2.- «¿Por qué Colombia no desarrolla un nodo aéreo en el Eje Cafetero? Pero no con un aeropuerto igual al de Pereira, porque no consiste en competir con ellos, sino complementando la región y complementando al país». Y 3.- «Ese es el aeropuerto grande que yo digo; pero, aun así, eso se debe hacer con alianza público-privada. Si es negocio, pues lo paga un tercero, pero no el Estado».

El ingeniero Duque ha mantenido esa tesis de tiempo atrás. En un sesudo documento expuesto ante el Concejo Municipal de Palestina el 27 de octubre de 2017, hablando en nombre de la propia Universidad Nacional de Colombia y de la Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales, hizo una somera presentación de los diferentes estudios y propuestas que se han hecho para el proyecto; y recordó que, en 2016, un informe presentado por la Financiera de Desarrollo  Nacional (FDN), establecía que el proyecto no era financieramente viable; pero el profesor Duque advirtió que esa conclusión estaba soportada en un estudio cuyo análisis incluía «únicamente el carácter regional del proyecto» y no la dimensión contemplada en sus propuestas. Es decir, que la inversión solo resultará rentable si se trata del gran aeropuerto «con funciones de complemento para el Matecaña y El Edén, como la fórmula para hacer viable el Paisaje Cultural Cafetero, operando como aeropuerto low cost y de carga para destinos transoceánicos», de tal manera que pueda «complementar a El Dorado y al José María Córdoba, funcionando en red desde el centro de las Américas y desde la Región Andina de Colombia». Según esa misma presentación al Concejo de Palestina, «a través de la alianza Raise con Fibercell/Ingeniero Leonardo Alzate López, se ha confirmado el interés de negociar la financiación del 100% del proyecto Aeropuerto del Café, además de su terminal de pasajeros, 24 km de vías de acceso, la operación y el mantenimiento del aeropuerto, en un contrato de concesión a 30 años».

Dicho todo lo anterior, la pregunta que surge de inmediato es: ¿qué esperan? ¿Por qué no arrancan? Si ya hay una oferta seria de financiación privada, ¿Cómo se explica que el presidente de la república quiera, estando como estamos en esta situación de crisis en la que todo centavo cuenta para tratar de sacar la economía adelante, meter dinero del Estado para una obra que supuestamente se paga sola? ¿Por qué aseguró la Ministra del Transporte desde los terraplenes de Palestina, en la visita en la que acompañó al presidente el 25 de octubre pasado, que estaban trabajando de manera articulada con el gobierno departamental y los de los municipios de influencia, para encontrar recursos para (subrayo) la financiación de vías de acceso? Si los privados que quieren desarrollar el proyecto incluyen en sus costos esas vías, ¿qué objeto tiene preocuparse por ellas?  No hay ninguna razón para que el departamento de Caldas haya decidido invertir 60 mil millones de pesos en construir esa carretera. ¿Para qué? Que la haga, como se ha ofrecido, la empresa o consorcio que obtenga la concesión. Ellos son los que han prometido poner la plata y son los que saben cuándo se empezará a necesitar la carretera; entonces, ¿cuál es el afán del gobierno departamental? El aporte oficial, según la oferta, solo tendría que ser la entrega de los terrenos. Y, a cambio, el estamento oficial entraría en sociedad con un 20% de la propiedad accionaria. Ni más ni menos.

Por otra parte, el pasado 25 de agosto se firmó un Convenio Interadministrativo marco entre la Aeronáutica Civil, la Asociación Aeropuerto del Café e ISA (Interconexión Eléctrica S. A.), que permitirá construir un paso subterráneo para la línea de transmisión eléctrica a 230.000 voltios que atraviesa terrenos en los que se construiría la pista del aeropuerto. Pero, por favor, que no se vaya a empezar a invertir dinero en esos trabajos tan importantes y tan costosos, mientras no se tenga una seguridad absoluta de que el proyectado aeropuerto sí saldrá adelante. ¿Qué tal que nos demos la pela, instalemos la línea subterránea, y al final el aeropuerto no se construya? Tendríamos el único paso subterráneo en alta tensión del mundo entero, totalmente inoficioso. ¿Será una atracción turística? Nos servirían de consuelo las palabras de la gerente del aeropuerto, Amparo Sánchez, quien afirmó que se estarían «minimizando afectaciones ambientales al paisaje cultural cafetero y prediales a los propietarios vecinos del proyecto». ¡Qué maravilla!