24 de enero de 2021
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Cuando la emoción puede más que la razón.

22 de noviembre de 2020
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
22 de noviembre de 2020

Unas veces la emoción y en otras la razón, constituyen la fuente que determina nuestro actuar. Unas veces el miedo y otras la alegría que produce una imagen, una acción, un logro, nos impulsan a actuar de una manera acertada o desacertada. La vigilancia, por lo tanto de las emociones, es tarea fundamental no sólo de los padres, de los maestros y también del conglomerado social.

Abrimos hoy los diarios y encendemos los canales de televisión y las noticias prioritarias tienen que ver con masacres, hambre, inundaciones, y en fin, desastres por acá y por allá. Y todo ello genera en muchos casos solidaridad, pero también conductas indebidas de apropiación de recursos destinados a los sectores necesitados, adquiriendo mercancías a unos sobrecostos inimaginables.

Cuando hablamos de paz, nos remitimos a unos acuerdos que se celebraron en la Habana y los análisis se remiten muchas veces a los logros que tuvieron las cabecillas del movimiento guerrillero, pero muy poco a la situación de los campesinos en donde estaban instaladas las guerrillas, ni las posibilidades que puedan tener los guerrilleros que han abandonado las armas. Entonces el narcotráfico se sobredimensiona y las muertes de líderes sociales se pone al orden del día.

Pero como decía al comienzo, unas veces nos movemos por la razón y otra por la emoción. Emoción que puede despertar un bello poema que escrito en las primeras décadas del siglo XX, que mostraba la preocupación por la violencia y el hambre, preocupación que aún sigue vigente. El poema fue escrito por Luis Fernando Mejía, un salamineño que tuvo la sensibilidad para captar lo vivido en su momento y al mismo tiempo proponer una salida a la violencia, planteando entre otras cosas, la necesidad de que el campesino, y añadiría, todo colombiano, todo ser humano, puede tener un pan en su mesa y una relación armónica con sus congéneres.

Dice el poema: “Paz es tener el pan sobre la mesa/y el lecho tibio hasta la madrugada/Paz es tener la voz esperanzada/en todo lo que acaba y lo que empieza./ Paz es tener en todo la certeza/ y la palabra desamordazada/sobre el amor, la lumbre y la belleza/. Paz es tener la libertad segura/sabiendo que en los campos el labriego/tiene la vida; no la sepultura./ Paz es tener la patria liberada/ del hambre, el crimen y el desasosiego/y sólo por el pueblo custodiada.”