22 de octubre de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Tres poemas de Diana Toro Ángel

16 de octubre de 2020
16 de octubre de 2020

“Psymorfosis”(2008) y “Etérea lírica”(2015) son los títulos de los dos poemarios que ha publicado Diana Toro Angel, una poeta nacida en Filadelfia, especializada en neuropsicopedagogía en la Universidad de Manizales. En estos libros se advierte la voz auténtica de una mujer romántica que encontró en la poesía un canal expresivo para darle forma a las vibraciones de su alma. Desde hace varios años, ella viene experimentando con el lenguaje poético, escribiendo versos donde transmite los gozos de su corazón, su acendrado amor de madre, sus preocupaciones existenciales y, sobre todo, su enamoramiento de los niños. Los suyos son poemas donde vibra el sentimiento de una mujer frente a la vida. Versos que se dejan leer por la frescura de su lenguaje.

TANGO DE PASOS

El tac-tac-tac de sus tacones
siempre me obsesionó desde niña.
Recuerdo con amor,
como me sentaba a esperar esa música,
casi idílica, casi celestial de sus pasos.
No entendía su llegada
sin su taconeo constante
y mis oídos buscaban entre el ruido
a veces gris de la calle
el tango azul de sus zapatos.
Como el tacón sobre el pavimento,
muchas veces me imaginé
el perfecto tono de un tango,
y cuando entendí por primera vez alguno,
mi corazón latió desesperado
buscando entre montañas de sonidos
aquel baile de sus pasos.
No comprendo su llegada sin un tango,
y es que entre tantos caminos,
algo en mí se ha desquiciado
y he olvidado que los pasos son sólo pasos
y los tangos, sólo tangos.

DEFINIENDO

Ser naufrago
es oír las olas,
perderse en su sonido,
envolverse en su continuidad,
sentirlas hasta dejar de sentirlas.
Ser naufrago
es escapar de la muerte,
seguir vivo a pesar del fin,
ir de ola en ola,
de sol en sol,
de luna en luna,
vivir la soledad…

ADVERSO

Que vicio tiene el amor
de estar tan lejos,
albergando ilusiones
a kilómetros de distancia,
consumiendo ansias
del que se detiene en el puerto,
llenando de botellas con cartas
el océano,
ahogando las penas
en un bar sin tiempo.
Parecen distancia los años
preservan lo expuesto,
como el corazón en una caja de cristal
sobre el armario,
la mirada detenida
en un pedazo de papel rasgado,
los pies atados
por mares de distancia.
Rueda una lágrima,
rueda
y no se detiene,
llegará a ti
en cualquier aguacero.
La distancia es el tiempo,
los kilómetros son los años,
y tu piel…
es el vacío.