10 de abril de 2021
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Niza Antigua, modelo de comunidad

27 de octubre de 2020
Por Claudio Ochoa
Por Claudio Ochoa
27 de octubre de 2020

Cincuenta años está cumpliendo un proyecto de comunidad, con vivienda generosa, ambiente armónico y precursor de lo que hoy denominan convivencia entre el hombre y su medio natural. Es Niza Antigua, que en 1970 quedó concluido, completando 985 viviendas en 55 manzanas y numerosos parques de grandes dimensiones, al noroccidente de Bogotá. Con un gran regalo de la naturaleza: a uno de sus costados tiene el monumental Humedal Córdoba.

Varios factores jugaron para esta gran obra, que aún perdura, en medio del desorden y la inseguridad que azota a ciudades como Bogotá. Un Banco Central Hipotecario-BCH actuante y respetuoso del hombre y de su entorno, cumplidor de su función social, que abrió un concurso para construir este barrio, Niza Sur, nombre tomado de un proyecto de hipódromo que inicialmente fue considerado para estas tierras.

Esta convocatoria fue ganada en 1962 por un equipo en cabeza del joven arquitecto pereirano Willy Drews, recién egresado de la Universidad de Los Andes, simpatizante del maestro Rogelio Salmona e inspirado por arquitectos escandinavos y Le Corbusier. Amante del ladrillo y de su color. Posteriormente diseñador de importantes obras en su tierra natal, como el Museo de Arte Moderno de Pereira y del Aeropuerto Internacional Matecaña. Premio Vida y Obra Cemex 2016.

Sus diseños fueron casas sobre lotes de hasta 350 metros cuadrados, con construcción en 180 metros cuadrados, en dos pisos, con espacios libres para ampliaciones, sin afectar el entorno urbano. Antejardines abiertos. Casas unifamiliares que aún perduran, pese a factores como inseguridad e intentos comerciales de romper los pocos espacios residenciales que aún quedan en la ciudad.

Un barrio que entonces quedaba en las “afueras” de la ciudad, barrio campestre al que se llegaba por un casi camino de herradura, que terminaba en el municipio de Suba. Desde su inicio tuvo la fortuna de ser integrado (a propósito, lo hizo el BCH) por profesionales de características socioeconómicas y culturales muy parecidas, en buena parte médicos. Esto facilitó a la comunidad un trabajo conjunto. En materia de seguridad, cada noche un jefe de hogar diferente velaba por su cuadra. La lejanía de los centros de educación la solucionaron en parte creando un jardín infantil que comprendía toda la primaria. Para asegurar el transporte hasta el centro de la ciudad tuvieron una cooperativa de buses, “Cootransniza”, cuyo paradero operaba en la calle 127 con avenida Suba, límite norte del barrio.

El complemento estuvo liderado por la Iglesia. La Arquidiócesis de Bogotá había creado en 1965 la Parroquia de San Juan Crisóstomo, y su titular a partir de 1969, el español Julián Senosiain, se unió a la comunidad. Bajo el lema “Todos somos Parroquia” crearon una bolsa de empleo, dando trabajo en casas de estas familias a personas de menores recursos, de barrios aledaños. Entre sí, las familias se apoyaban para buscar soluciones a problemas, que iban hasta matrimonios mal avenidos. Crearon consultorio médico y guardería infantil, la cual años después fue declarada “modelo” por el Bienestar Familiar. Semanalmente las jefas de hogar se congregaban, a fin de tomar cursos sobre diversas manualidades. Incluso crearon un almacén de ropas de segunda, y con el fruto de sus ventas apoyab98an obras sociales.

El decreto 619 del año 2000 declaró a este barrio “Patrimonio Cultural”.

Comunidad que no es ajena a las agresiones externas. En sus dos alcaldías el ex Peñaloza ha intentado poner cemento al Humedal Córdoba y facilitar espacios para vendedores ambulantes y toda clase de visitantes, como en cualquier ciclovía, bajo la fachada de senderos ecológicos. Esta “herencia” está hoy en pleito, con decidida oposición por parte de la comunidad ante jueces que les han dado la razón. Aquí están 152 de las 202 especies de aves registradas en los humedales de Bogotá. Ventas de autos, “calls centers” y otros tipos de negocios, siguen intentando sacar provecho de estas viviendas amplias con muchas áreas de parqueos gratuitos, y la Junta de Acción Comunal, con apoyo de los vecinos, entabla los respectivos procesos de desalojo, ganados en varias oportunidades, pese a la “inercia” en la Alcaldía Local de Suba. El problema de la inseguridad y de los “inmigrantes” lo están atacando mediante numerosos grupos de “WhatsApp”, núcleos de cámaras de vigilancia, alarmas comunitarias, la creación de Asoniza (Asociación de Vecinos de Niza Antigua), celadurías tradicionales, el trabajo de la JAC y la colaboración de la Policía Nacional. Claro, este barrio no es ajeno a atracos y robos.

De todos modos, la arquitectura original fue golpeada en años anteriores. Hoy, ya las obras sin licencia no son tan fáciles de adelantar, aunque persisten rejas y rejas que afean el ambiente. La Parroquia de San Juan Crisóstomo sigue siendo un faro en donde “Todos somos Parroquia”, hay grupos de “damas tejedoras”, los vecinos organizan jornadas de aseo sobre el humedal, las autoridades distritales colaboran en el mantenimiento de los parques y han suministrado equipos para ejercicios y juegos infantiles.

Niza Antigua, también conocido como Niza Sur, cuenta aún con el factor solidaridad de sus residentes, gracias a que priman varias lideresas. Es un ejemplo, no perfecto, pero está entre lo mejor que tiene la ciudad. Es un pasado viviente, aún quedan aquí familias que aportaron a su construcción, que se esfuerzan por conservar la convivencia. Si al menos una y hasta cien veces fuera reproducido en Bogotá este modelo…