12 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Viernes cultural Gilma de los Ríos Tobón, poeta.

30 de octubre de 2020
30 de octubre de 2020

La poesía de Gilma de los Ríos, al leerla, tiene un atractivo poco usual. Por la brevedad de sus poemas, el lector no quisiera que el punto final haga parte de su composición. Quiere más. Su poesía es insinuante, seductora, comunica y sensibiliza, porque es amorosa, pero a la vez demoledora. Cuando uno menos piensa, aterriza al lector. De los Ríos nació en Manizales, realizó sus estudios secundarios en Pereira y obtuvo el título en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, ciudad donde actualmente reside. Su obra literaria ha sido premiada en numerosos concursos, incluida en varias antologías y publicada en la prensa nacional, regional y en revistas culturales, a partir de 1976. Su libro más conocido, «Reincidencias», ha sido traducido al sueco. La crítica más certera sobre su obra la ha expresado la poeta Dora Castellanos, quien escribió en el Epílogo del mencionado libro que «La forma y los modos de su creación, son bien originales. No discurren por una línea de secuencias con consecuencias imaginables, si no que devoran los espacios del cántico y concluyen de una manera inusitada. Su ironía sutil y a la vez penetrante, juega con factores adversos: la amargura, el tedio y parece que no se permitiera ni el amor ni la esperanza. …En una mono línea o en dos rasgos tan solo, puede pintar un rostro, así sea éste el rostro del amor o el de la muerte».

METAMORFOSIS

Formas que se alejan del tiempo.
Que hasta acabarse quedan.
Cómo desearía
una metamorfosis en objeto.
Ser una forma
con volumen no más
y sin cerebro.

Cuando el dolor se colma
termina el movimiento.
Parte de mueble antiguo,
brazo quieto.
Y las piernas envidian
las patas de la mesa
que no buscan caminos,
que simplemente van envejeciendo
junto al suelo.

Objetos arrinconados y sin uso
que acaso raras veces se recuerdan.
Que ni siquiera merecen el esfuerzo
de tirarlos afuera.

Así mi corazón que late todavía.
Como esa vieja lámpara de leña
la vida misma,
que pudiera dar luz
pero no hubo madera,
ni cerillas
ni la razón crucial para prenderla,
menos aun cuando hubo luz
eléctrica.

Por eso del amor
no supe nada.
Ni siquiera recuerdo
si acaso estuvo aquí
en el lugar inútil
de los objetos viejos.

 

ANTES DE

Di si la noche es solamente
tiempo oscuro y propicio
para traficar sueños.

Di si la honestidad
es solo una palabra obsoleta
traída a cuento,
únicamente,
en el instante de manipulaciones.

Di lo que sientes realmente
hombre,
antes del sainete de amor
que inventa tu deseo.

 

EL ENREDO

Yo que tú
Tú que él
Él que ella
Ella usted.

Todos,
trepándonos
sobre todos,
como cangrejos húmedos
en una canasta.

 

A VECES

A veces,
en su comportamiento para conmigo,
se le asoma un vestigio de humanidad.

En esos extraños instantes
parece como si le importaran
mi lágrima,
mi miedo,
mi soledad.
Entonces sus ojos son dulces
y yo vuelvo a pensar,
ingenuamente,
que quizás me ama.
Pero su mente le recuerda
la carencia de corazón que se propuso
y con un nuevo tema recurrente
vuelve a dejar su mirada vacía.

Compadezco su forma
de quitarse la vida
negando el sentimiento.