22 de octubre de 2020
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Viernes Cultural Carlos Héctor Trejos Reyes, poeta

16 de octubre de 2020
16 de octubre de 2020

El Poeta de Riosucio, Carlos Héctor Trejos Reyes, cuya obra literaria puede ser calificada como obra de culto, o sea aquella que circula con más énfasis entre los iniciados y que no obstante su calidad intrínseca carece de difusión, ni su autor ostenta el merecido renombre, dejó su obra impresa en tres textos que llevan los títulos de «Poemas de Amor y Desamor», «Ashaverus» y «Manos Ineptas». Los críticos especializados, varios ya, que se han ocupado de su producción, lo han tratado de encasillar: dadaísta, nadaísta, existencialista, sucesor de Rimbaud. Trejos Reyes murió en su habitación riosuceña, a los treinta años de edad el 11 de septiembre de 1999. Dejó, además de sus cerca de 500 poemas, una profusa escritura de ensayos inéditos. Sus biógrafos anotan que su segundo hogar fue la biblioteca de su pueblo. Y que, si la muerte no se le hubiera ocurrido tan temprano, hubiéramos contado con un Poeta Mayor y ensayista superlativo en la literatura colombiana. Con Carlos Héctor Trejos sucede que es un incitador. Provoca es leer, asumir su poesía, antes que insistir en los ditirambos sobre su inspiración.

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El apocalipsis de mi alma
está sucediendo.
Ya la miel y el vinagre de la vida probé.
Nada me queda por esperar.
Dentro de mí, estridentes trompetas
suenan, dando el anuncio,
y mi sombra como ángel ebrio cayendo,
derramando copas oscuras.
Los espejos, ahora más que antes
rehúsan mirarme, temiendo el contagio,
porque porto todas las plagas.
A la distancia cuatro jinetes se aproximan
para llevarme a casa, al Hades.

EL HILO DE ARIADNA

No desmadejes más tu amor por mí.
Recobra tus cosas
y pide al olvido que llegue pronto.
Tu Teseo te ha venido engañando.
Yo soy el Minotauro
y llevo mi propio laberinto
a todas partes.
Jamás saldré de él.
Vivo perdido.
Ninguna puerta me dará el alivio.
Ninguna muerte alejará
la bestia que visto.
Detente antes de que sea tarde.
Corta lo que nos une.
No quiero que escuches
mis bramidos a la noche.
No quiero que me veas
devorar palabras.

PREGUNTA

Si de cascarones
tan débiles y pequeños
nacen aves,
por qué no sale de la luna
un pájaro de plateadas plumas.
Yo lo cuidaría, lo alimentaría en casa
y le haría una jaula oscura
como la noche.

SALVAVIDAS

Madre, cómprame un traje de buzo.
La luna se ahoga
en el estanque de la casa.