23 de noviembre de 2020
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El relajo se montó en bicicleta

29 de septiembre de 2020
Por Claudio Ochoa
Por Claudio Ochoa
29 de septiembre de 2020

A pesar de las amenazas que representan los automotores, los ladrones, los cráteres en las vías públicas, el uso de la bicicleta crece y crece en el país, incentivado por las alcaldías municipales, el incómodo transporte público, los triunfos de nuestros ciclistas profesionales, el incremento en los servicios de mensajería y la facilidad económica para adquirir estos vehículos.

Pero su uso está lejos de ser el que observamos los días domingos en las ciclovías, en donde se nota algún orden, alegría y colorido. No, su contradictoria reglamentación, la indisciplina social y la ausencia de autoridad nos están llevando a un relajo y a un nuevo factor de inseguridad. Crece el número de bici usuarios, víctimas y victimarios.

Comencemos por algunas normas. Cualquiera de nosotros observa su incumplimiento, a diario:

  • Las bicicletas tradicionales y las de pedal asistido (las motos, triciclos y demás, también) no pueden transitar por los andenes ni por los puentes peatonales y deben ser llevadas de la mano por su conductor.
  • “La no utilización del casco de seguridad cuando corresponda dará lugar a la inmovilización del vehículo». (ley 769 de 2002). Pero pronunciamientos oficiales ponen como voluntario su uso.
  • Durante la noche el biciusuario debe portar chaleco reflectivo y luces rojas en la parte trasera y luces blancas en la parte delantera de su vehículo.
  • Al realizar un giro, previamente hacer con su brazo una señal de advertencia, de acuerdo a la norma.
  • Transitar por la derecha de las vías, a distancia no mayor de un metro de la acera u orilla y no utilizar las vías exclusivas para servicio público colectivo. Los conductores que transiten en grupo lo harán uno detrás de otro. No adelantar a otros vehículos por la derecha o entre vehículos que transiten por sus respectivos carriles. Siempre utilizar el carril libre a la izquierda del vehículo a sobrepasar.
  • Y como cualquier conductor, respetar los semáforos y los giros prohibidos, no andar en contravía, etc. etc.

Como que en materia de indisciplina, muchos biciusuarios (y de las patinetas) han superado a sus colegas motociclistas y a los bólidos de buses y busetas. Algunas estadísticas señalan una preocupante accidentalidad a causa de estos velocistas. Las cifras más frescas de la Agencia Nacional de Seguridad Vial indican que “Durante lo que va corrido a mayo de 2020 de este año tenemos 112 ciclistas fallecidos en todas las vías del país, el 24% chocaron contra un vehículo de carga; 21% contra motocicletas” … y seguramente muchos estrellados contra vehículos particulares y peatones, poniendo en aprietos a unos y a otros. ¿Será corta esa cifra?

Diversidad de propuestas han naufragado durante los últimos años para controlar y proteger  a estos nuevos locos al volante: que porten una placa o registro de identidad en su vehículo, que sus usuarios cuenten con un seguro específico, que deban tomar breves cursos de manejo y conocimiento de normas, que el uso del casco sea obligatorio, etc. La conclusión, para muchos, que esto desestimularía el uso de la bicicleta.

¿Y de las sanciones qué? Irrisorias. ¿Alguno de nosotros habrá visto a un policía imponiendo comparendo a un ciclista irresponsable, o inmovilizando su aparato? Aun reconociendo la colocación de “partes”, ¿cómo garantizar su recaudo? Casi imposible.

Pero hay qué hacer algo, pues el hecho se añade a la variedad de manifestaciones de indisciplina y sangre, que aumentan y aumentan, impunemente. Si se pusieran de acuerdo la variedad de entidades y grupos que promueven el uso de la bicicleta (pero poco, casi nada, de controles y sanciones). Agencia Nacional de Seguridad Vial, Tránsito y Transporte de la Policía, Centro de Experimentación y Seguridad Vial, Federación Colombiana de Ciclismo, secretarías de Movilidad, agremiaciones de transporte de carga y de pasajeros, colectivos de biciusuarios, centros de investigaciones sobre calidad de vida en las ciudades, organismos externos, etc.

Si otros asumieran su papel de Responsabilidad Social, como los fabricantes de bicicletas y sus comerciantes e importadores, las grandes empresas de mensajería (especialmente las de alimentos), que siguen enriqueciéndose con el sudor y accidentalidad de los ciclistas urbanos. Muy pomposo todo, pero en la realidad lo de fondo: el orden y la seguridad, por el piso.

Muy bonitas las semanas nacionales de la bicicleta, el Día Mundial de la Bicicleta. Apenas simbolismos, flores de un día. Y pensar que algunos optimistas (¿o mentirosos?) nos siguen echando cuentos, como el ex alcalde Peñaloza que declaró mediante decreto de 2018 a Bogotá, “Capital Mundial de la Bicicleta”. ¿Qué tal esto?