24 de septiembre de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Rejones de castigo

9 de septiembre de 2020
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
9 de septiembre de 2020

Al rejoneador Luis Guillermo Echeverri, «Luigi», lo vi torear a caballo varias veces en la plaza de toros de Manizales, con triunfos, flores y vueltas al ruedo en algunas ocasiones y silbatinas que se podían oír hasta en la calle de Alcalá, en otras, como es usual en la actuación de los que ejercen el exigente oficio del toreo. Nacido en cuna de oro, su afición por los caballos, tan común dentro de la los sectores adinerados de Antioquia, le hizo pensar que podía pasar de la cría de animales de paso y de su doma, a la arena taurina, en busca de aplausos. Se fue a España y con un gran maestro, Joao Moura, aprendió los misterios del «arte de Marialba» que es el eufemismo con que llaman los de barrera al rejoneo.

Su padre, Fabio Echeverri Correa, fue un poderoso caballero que se destacó como presidente de la Andi durante más de quince años y que cuando incursionó en la política gerenció las campañas del Dr. Álvaro Uribe que lo llevaron a ser nuestro presidente por ocho años. ¡Ocho años! . Luigi, «El Rejoneador», fue la cabeza visible que orientó la campaña que llevó a la Presidencia de Colombia al joven Iván Duque Márquez, labor que desempeñó con lujo de competencia. Y parece que se auto declaró su escudero, hasta el punto de que se sale de las ropas cuando atacan al gobierno o tratan de peinar, como dicen ahora, al ex presidente Uribe. Luigi fue jefe directo en el BID de Iván Duque Márquez, pero se hicieron parces y compartieron largas noches de bohemia en restaurantes y bares de Washington, sede del Banco Interamericano de Desarrollo, según le he oído narrar a uno de sus cercanos amigos.

No sé cuándo se retiró Luigi del rejoneo. Pero sí que de vez en cuando reaparece para fines de recolección de fondos para distintas causas, en pequeñas plazas como la de Subachoque. Y también que le gusta salir al ruedo político con alguna frecuencia. Su última presentación, fue una sonada misiva, de farragoso contenido, que dirigió al Director de El País de España, considerado como el periódico de habla hispana más importante del planeta, que fue recibida en los tendidos con opiniones divididas. Aplausos en los de sombra, ocupados por la gente de bien, y silbada por periodistas, intelectuales y artistas, abonados de sol. Y que puede interpretarse, lo de Luigi, como opinión de un ciudadano de a pie, que manda una carta a un periódico, como lector, o como posición oficial de un régimen, expresada por alguien que, no se puede negar, está sentado a la diestra de dios hijo, representado por su amigo Iván Duque.

Yo la interpreto en ambas direcciones. Como una carta suscrita por un lector, que discrepa del contenido y de la dirección de un periódico, pero a la vez como expresión del pensamiento del régimen, que pretende censurar a quienes se atreven a dar espacio a los líderes de la oposición al mandato del príncipe.

Luigi le pone rejones de castigo al periódico El País​​, de Madrid, porque este medio de comunicación, le dio espacio al senador Iván Cepeda para que diera su visión sobre lo que acontece en Colombia y en especial en lo referente al enfrentamiento que tiene desde hace marras en los estrados judiciales con el ex presidente Uribe Vélez. Y se viene el caballista con unos espuelazos largos y punzantes contra El País, contra su contenido y en especial contra la apertura de sus páginas para alguien como Iván Cepeda, a quien tacha de todo lo imaginable, desde líder de la guerrilla parlamentaria, hasta autor intelectual, material y verdugo de la integridad humana y democrática de uno de los líderes políticos más importantes que tiene el mundo y la democracia contemporánea (Alvaro Uribe Vélez, supongo), dicho en las propias palabras del lucido rejoneador.

Como carta al Director, vaya y venga. Pero si ronda esta idea de censura en las mentes del gobierno, ya es otra cosa. Eso de tratar de acallar las expresiones disidentes dentro o fuera del país, es lo que no cuadra. Como no cuadra, ni más faltara, que a los amigos del régimen se les estigmatizara por dar a conocer su pensamiento, defenderlo. El debate es connatural a la democracia. Verdad de Perogrullo. Usted escoge, amable lector, con qué y con quien se queda. Pero sugerir, descalificando de antemano con ataques personales señaladores, que los representantes de la franja opositora a un gobierno no puedan usufructuar pasajeras vitrinas periodísticas, es una infantil e inoficiosa recomendación, que, nacida en Colombia de un personaje relevante de la política y que lleva la personería del gobierno en importantes escenarios oficiales, es por lo menos peligrosa.

Hay que estar alerta para que esas tentaciones de despachar con rejones de muerte a la libre opinión de los periodistas, directores, columnistas, no se hagan realidad. Y no traten de ponerles cortapisas, por parte de pontífices y cardenales del fascismo de derecha ni de la izquierda.

Cómo sería de positivo que estas aprehensiones no existieran en el periodismo colombiano. Esto es como lo que yo quería decir por el día de hoy.