20 de octubre de 2020
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Lo que dictaminó la C.S de J. con respecto a Uribe, tiene tanto de ancho como de angosto

7 de agosto de 2020
A los contertulios del Centro Comercial San Cancio que localizamos a través de las redes sociales los encontramos entre cautos y sorprendidos. Los cautos, anti uribistas. Los uribistas, sorprendidos. Comencemos por lo que nos comentaron éstos últimos. Sí. Uribe es un excelente esposo, padre, abuelo y suegro. Y no solo eso. Excelente gobernante, quien con su política de seguridad recuperó gran parte del país, de los violentos, y permitió que se volviera a pescar de noche. La economía durante su gobierno, bien,  gracias. Ganador de elecciones como ninguno y anticomunista de raca mandaca. Imposible estar de acuerdo con que le limiten la libertad recluyéndolo en su casa de campo, cuando debiera estar defendiéndose en el Congreso de esas alimañas de las Farc, de Santos y de los castro chavistas. Esos Magistrados de la Corte lo que hacen con decretar que tenga casa por cárcel, es limitarle su derecho a la defensa, en una abierta politización de la justicia. Y donde no les dijéramos que le cedieran la palabra a los que no pensaban como ellos no hubiéramos podido escribir esta columna.

Uribe infunde miedo

La cautela de los anti uribistas, que no son pera en dulce, se fue perdiendo a medida que avanzaba la conversación y arremetieron con toda. Inicialmente algunos de ellos reconocieron que de pronto se le habían ido las luces a los Magistrados, al no haber permitido que a todo un ex presidente no lo hubieran dejado en libertad para que se defendiera, pero después argumentaron que es que Uribe infunde miedo y temor y que por fuera de su casa, como león herido, sería capaz de darles en la cara a quienes mantuvieran sus acusaciones en contra, máxime cuando desde el mismo gobierno y desde los sectores privados se mantenían presiones, con avisos de página entera en los principales diarios del país y con la expresa solidaridad con su causa y su defensa, expresada por altos funcionarios del Estado, con el Presidente Iván Duque a su cabeza. Y que esta determinación inicial de la justicia era por cuanto su acusación principal es el de determinador de los delitos de sobornos y compras de testigos y de obstrucción a la justicia, éste último cargo, que así no esté probado y sea sometido a discusiones posteriores, es de una gravedad suma que no merece más que el tratamiento de que fue objeto el senador Uribe. También tuvimos que mocharles sus exposiciones porque sería de nunca acabar.

Preferimos hacer mutis

La conclusión que sacamos es que lo que dictaminó la C.S de J., tiene tanto de ancho como de angosto. Y que es casi imposible que se reconozcan los argumentos de una parte y de otra y aún más, que se logren evitar insultos y denuestos entre los bandos de amigos y enemigos de Uribe. Ahí medio los capotiamos, pero en el tono de la voz se les notaba que las conversaciones no seguirían en buen tono, cordial y ameno como es el de las tertulias y preferimos hacer mutis por el foro, no sin antes recordarles una regla de oro que hemos puesto en práctica, como es la de que las amistades no se pueden perder ni los amigos distanciarse por asuntos políticos.

Duque también polariza

Y hoy se cumplen dos años de haberse posesionado el joven ex funcionario del BID, Iván Duque Márquez, como Presidente de la República. Sorprende que su mandato haya recibido un 64% de aceptación en las encuestas que no se explica de dónde sacan esa cifra, cuando los preguntados rajan al gobierno en casi todos los acápites. Buen presidente, pero mal gobierno. Doctores tienen las empresas dedicadas a esos menesteres, que sabrán explicar el fenómeno. El hecho es que Duque también polariza. Las señoras en especial lo favorecen con sus opiniones porque le reconocen una cierta bonhomía, cierto tono neutral ajeno a las vociferaciones y a los gritos como los de su mentor político, bien hablado, bailarín y cantante de éxito y con buen registro ante las cámaras en su diario pandémico. Sus contradictores por el contrario lo tachan de haber resultado peor presidente que Andrés Pastrana, lo que es mucho decir, pero por, sobre todo, como lo ha demostrado en los últimos días, desconocedor de los principios constitucionales que prometió cumplir y hacer cumplir. Arremetidas contra la JEP, contra los acuerdos de La Habana, hoy incluidos como de obligatorio cumplimiento en la Carta, y muy en especial su expresa y continua defensa jurídica y política del jefe del partido de gobierno Álvaro Uribe, lo presentan como un desbordado mandatario, que desconoce la independencia y autonomía de las ramas del poder público. Como gobernante de todos los colombianos, debiera guardar un absoluto acatamiento de las providencias judiciales en su conjunto, de lo principal y de lo accesorio y no dedicarse a hacer malabares para disimular su desacato rampante de lo considerado como legal por las autoridades judiciales.

Desbordado mandatario, que desconoce la independencia y autonomía de las ramas del poder público

Este solo hecho enturbia y ensombrece lo que puede mostrar como obra de gobierno y que comentaremos próximamente, después de que escuchemos hoy en la tarde la alocución presidencial en la que presente su balance de gobierno y sus proyecciones para los dos años que le faltan de su período. Que van a ser de grandes problemas y expectativas, difíciles y complejos. Su principal empeño como se lo han pedido sectores políticos, es buscar a toda costa la unión nacional, para que enfrentemos entre todos los desafíos económicos, laborales y sociales de la post pandemia. Pero también, buscar la paz política, sin provocar a los sectores de la oposición con actitudes empecinadas de tipo partidista, para congraciarse con los exponentes de su propia colectividad que le exigen un mayor radicalismo. Entendemos que soportarse a las senadoras Paloma Valencia y a la señora Cabal, más a Fernando Londoño no es nada fácil, pero no se debe dejar cariar para mostrar una pugnacidad extrema que no va con su carácter ni con su temperamento.