15 de agosto de 2020
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¿Y de las ciencias humanas, qué?

4 de julio de 2020
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
4 de julio de 2020

Estrategias para vender, para comunicar, para ganar dinero; están de moda, ocupan unos enormes espacios en la Escuela y todos los centros de formación, o podríamos decir también de “deformación”. Porque los resultados que estamos viviendo en este momento en todo lo que se relaciona con líderes populares muertos, violación y muerte de mujeres, corrupción en todas las esferas de la vida pública y en el sector privado, nos está diciendo que debemos reflexionar sobre las razones por las cuales estamos llegando a padecer lo que también se puede calificar como una pandemia.

Obvio que las razones deben ser múltiples. Cuando hablamos de miembros del ejército que violan niñas, también hay que decir que los movimientos guerrilleros practicaban y practican, la violación de las más elementales derechos de los niños y de las niñas que incorporan de manera violenta a sus filas. Para decir que el fuego proviene de arriba, de abajo, de derecha y de izquierda. Narcotráfico, guerrilla, analfabetismo, desigualdades, todos ellos son factores que aportan su cuota para la pandemia.

La educación en el hogar y en la Escuela a su vez juega un papel notable en la consolidación de un carácter equilibrado, racional, como resultado de una epigenética  social en donde se repiten todos los valores y antivalores de nuestros educadores, sean los padres o los maestros.

En el hogar, ha sido aquella tradición de aquella ética autoritaria en donde se definía que las conductas equivocadas se castigaban y entonces no se realizaban por miedo, por temor al castigo. No se hizo hincapié en una ética humanista en donde el comportamiento adecuado tiene que ver con el respeto a sí mismo y al otro. No se insistió lo suficiente en la importancia que tiene valorar el vivir en sociedad, en tejer una red familiar y de amistades para que se puede lograr, conseguir la felicidad. No, se ha  hecho hincapié en la necesidad de acumular, de ganar, de colocar al hombre como el ícono a imitar por su hombría, por su fuerza; contrastando con el concepto de la mujer, sumisa, casera, silenciosa, pacífica.

No puede extrañar entonces el valor enorme que se le asigna a quien se porta como el “macho”, o como el señor “Fiscal”, que no duda en decir que si viajó a San Andrés en un puente con su hija y una amiga de su hija, lo volverá a hacer porque finalmente él ocupa el segundo puesto más importante de la nación, después del Presidente. Y remata diciendo que dentro de las personas de su generación no existe nadie que esté más preparado que él para ejercer ese cargo de Fiscal de la nación.

Las reacciones no se ha hecho esperar y uno no sabe si reír o llorar de la tristeza que produce el hecho de saber que quien se encuentra al frente de un organismo como la Fiscalía General de la Nación es realmente un niño malcriado, prepotente y con unos enormes vacíos cerebrales.

Nuestro modelo pedagógico, sin duda alguna, perdió el año.