26 de noviembre de 2020
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Los lagartos: una clase caduca

2 de julio de 2020
Por Ricardo Tribín Acosta
Por Ricardo Tribín Acosta
2 de julio de 2020
Dice la enciclopedia Wikipedia que “todos los lagartos pueden cambiar de color en respuesta a su entorno o en momentos de peligro. El ejemplo más típico es el camaleón, pero también pueden suceder cambios de color más sutiles en otras especies de lagartos”. En la vida política y también en la empresarial hay algunos personajes que se conocen con el sobrenombre de “lagartos”, por su poder de intriga y lambonería, además de su característica capacidad para ser traicioneros y desleales. 
 
Un gran amigo me hizo llegar la siguiente reflexión conocida como “La tortuga en el poste” la que yo decidí aplicar con los personajes en cuestión: “Un joven está paseando por la plaza de un pueblo y decide tomar un descanso. Se sienta en un banco… al lado hay un señor de más edad y, naturalmente, comienzan a conversar sobre el país, el gobierno y finalmente sobre los legisladores y similares. El señor le dice al joven:- “¿Sabe? –Los lagartos políticos y empresariales son como una tortuga en el poste. 
 
Después de un breve lapso, el joven responde: – “No comprendo bien la analogía… ¿Qué significa eso, señor?” Entonces, este le explica:” Si vas caminando por el campo y ves una tortuga arriba de un poste de alambrado haciendo equilibrio” ¿Qué se te ocurre? Viendo la cara de incomprensión del joven, continúa con su explicación: – Primero: No entenderás cómo llegó ahí. – Segundo: No podrás creer que esté ahí.- Tercero: Sabrás que no pudo haber subido solita ahí.- Cuarto: Estarás seguro que no debería estar ahí.- Quinto: Serás consciente que no va a hacer nada útil mientras esté ahí.”Entonces, lo único sensato, sería ayudarla a bajar.” 
 
De otra parte alguien expresaba que “hay lagartos que aspiran a ser como Mickey Mouse: muy encantadores para que la gente olvide que son unas ratas”. No todos los casos son iguales y por tanto sería injusto generalizar ya que, tanto en la política como en el campo privado, hay un buen número de personas que no califican para tal denominación. Lo que sí es un hecho es que los nefastos personajes que practican con devoción la profesión de “lagarto” no solo vuelven su entorno un fastidio sino que a su vez logran afectar mucho a aquellos que sufren de los rigores de sus pestilentes acciones.