15 de agosto de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Lengua serpentina

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
10 de julio de 2020
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
10 de julio de 2020

Al parecer la desteñida sotana del arzobispo de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, cubre con su manto los actos terroristas y la activa participación del ELN en el asesinato de diferentes líderes sociales u otros adversarios que aspiran acaparar el negocio de las drogas. Sí, señor prelado, esos guerrilleros y los disidentes de las Farc, son bandidos de la peor calaña y no monjitas de la caridad como pretende mostrar a la diezmada feligresía.

Desde el pulpito virtual de la quinta asamblea de la Comisión Étnica para la Paz y Defensa de los Derechos Territoriales, el sacerdote Darío de Jesús, repartió la hostia santificada a los actores materiales de la acción terrorista contra la Escuela de Policía General Santander en Bogotá el 17 de enero de 2019 que dejó 22 cadetes muertos y 89 personas heridas. A los manipuladores, secuestradores, narcotraficantes, devastadores, farsantes y extremistas del ELN no los tildó de genocidas ni de voraz plaga que destruye los recursos naturales del país. Para el empaquetado y parcializado clérigo de cámara, el Gobierno “está aplicando una especie de venganza genocida contra los procesos de paz con las Farc y el ELN” (SIC – Quinta asamblea virtual de la Comisión Étnica para la Paz y Defensa de los Derechos Territoriales).

A reglón seguido, Monsalve Mejía, aseguró: «No tenemos ya interlocución con la delegación de La Habana y tampoco en los territorios; es cada vez más lejana la interlocución con el Comando Central del Eln, cada vez más difícil identificar los interlocutores, desde Antonio García hasta Pablo Beltrán, pasando por todos los distintos actores y jefes militares del Eln”. (SIC – Quinta asamblea virtual de la Comisión Étnica para la Paz y Defensa de los Derechos Territoriales). De modo que funge como ministro de capa y espada destemplada para volver al mismo rodeo inexacto.

A un tiempo, monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, puede ejercer la doctrina pro-revolución cubana, marxista-leninista, y rescatar la teología de la liberación con el fin de invitar a su parroquia a seguirlo. Nadie cuestiona sus orientaciones de todo tipo. Lo censurable consiste en la descarada omisión de la otra cara de la moneda, enmohecida con la sangre de un número indeterminado de compatriotas ultimados y el millar de atentados contra la infraestructura petrolera que han afectado a las comunidades ribereñas, los cuerpos hídricos y el medio ambiente en general. Es irresponsable simular homilías en detrimento de la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas del conflicto armado.

El ELN no es un arcángel protector, más bien encarna a uno de los tres enemigos del alma que, anda por ahí, desprovisto de ideología revolucionaria cierta; en síntesis, estamos en presencia de una organización criminal con tentáculos internacionales que se sirve de la pandemia para exterminar a los líderes sociales y a la competencia en las zonas de cultivos ilegales. Por eso, la disidencia de las Farc y los “elenos” utilizan a los campesinos cómodos y facilistas, quienes a su vez aprovechan las ayudas que ofrece el Estado, no para la sustitución de cultivos ilícitos, tan solo para extender la siembra de la hoja de coca. Hace 8 días unos raspachines secuestraron a 40 militares en el Cañón de Micay, departamento del Cauca, con el propósito claro de sacar la droga que tenían almacenada. Contrario a la lógica, las tropas del ejército salieron a deber en cumplimiento de la Constitución y la Ley. ¡El mundo al revés!

Así como tiene limitada memoria el eclesiástico, Monsalve Mejía, recordara que en la época de Pablo Escobar y el auge del cartel de Cali varios obispos compartían las viandas y las bacanales con aquellos extraditables. También aceptaban múltiples obsequios representados en lujos vehículos y fajos de billetes, al estilo Petro, por los servicios religiosos oficiados en las haciendas de los narcos. Algunos pedófilos vestidos con zurra fueron amparados y sonsacados por la mafia. Rafael García-Herreros Unda consagró unos cuantos “minutos de Dios” al “buen hombre que es Pablo Escobar…y la generosidad que lo caracteriza” (SIC), apuntaba en el mensaje televisivo previo al golazo que le metieron al entonces imberbe presidente, César Gaviria Trujillo.

Arzobispo Darío de Jesús Monsalve Mejía ¿Lo que usted cataloga de venganza genocida sólo ronda la Casa de Nariño? El exterminio practicado por guerrilleros, paramilitares, políticos, malhechores de cuello blanco, congresistas vengadores, terratenientes, organizaciones criminales, agentes del Estado, políticos corruptos, traficantes de estupefacientes, delincuentes comunes, togados que desplazan isleños y terminan presidiendo Altas Cortes; entre otras personas sin escrúpulos, acaso ¿no quebrantan la paz? Canónigo Darío Monsalve su razonamiento mordaz está lejos del oficio divino, y más afín a lacayos y justicieros.

Fácil inocular el veneno y guardarse el antídoto. “¡Todos en la cama o todos en el suelo!” No para el descanso de los lobos.

Enfoque crítico- pie de página. El honroso oficio de zapatero dista muchísimo de los privilegios que disfrutan ciertos arzobispos.