18 de abril de 2021
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La gripa y personajes de la carta (8)

17 de julio de 2020
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
17 de julio de 2020

PRIMERA VÍCTIMA: ANTONIO REGINO BLANCO,  UN MÉDICO

La primera víctima de la gripa “española” o “asiática” en la Bogotá de 1918, fue “el senador Antonio Regino Blanco y su esposa”. Es la escueta mención que hace el doctor Laureano Gómez en su carta, de  la primera “conocida” por él,  por su corresponsal, lo que es tácito, y se presume que por mucha gente, en el mundo social y político de la capital y  del país.  Muertos, comenzaban a verse en otros  lugares y en las calles de Bogotá. Personas anónimas de todos los estratos, especialmente de los bajos. Lo dijimos en anteriores capítulos y volveremos sobre ello. La carta también lo señala. Pero aquí estamos hablando es de personajes, de los que enumeró en ella Laureano y que se supone, fueron relevantes en la vida nacional.  Y lo fue, y mucho, este interesante médico cartagenero.

En los medios de la Costa, sobre todo, se registran a veces sucesos ocurridos en la calle Antonio Regino Blanco, del barrio Bruselas de Cartagena. No siempre son buenas  tales noticias, pero otras registran los arrestos cívicos de sus líderes y el sentido de pertenencia de sus habitantes, de origen popular, como si el espíritu de este periodista, parlamentario, profesor universitario, divulgador científico, político desapasionado en tiempos de vehemencia y gran médico, estuviese allí vigilante. Y bien pueden ser suyas estas palabras de un galeno que en la ciudad clasista de 1910, respondía así a los agravios discriminatorios de sus contradictores: “Hónrome de no proceder de las clases encumbradas…procedemos de esa modesta sociedad cartagenera, que afrontando  todas clase de sacrificios, hace prodigios de esfuerzos nada comunes. Mi familia es la única que estos últimos tiempos ha dado tres doctores…”

Ocurrió igual.  Nieto del artesano Simón Pérez R., quien con su hermano Cristóbal y otros, fundaron la Sociedad de Artesanos de Cartagena en 1909, y sobrino de los abogados Rafael y Cristóbal Pérez C, nació Antonio Regino Blanco en la  ciudad amurallada, el 7 de septiembre de 1873. Hijo del liberal radical, Pedro Blanco García, y de doña Soledad Pérez C. hermana de los mencionados profesionales.  Su padre  fue un exitoso cultivador de tabaco en la Provincia de Mompox. El Congreso de 1853, consignó en sus actas el  mensaje de estímulo que le dirigió, por ser el primero que lo hacía en  la Nueva Granada. Pero también un líder de su partido. Estuvo  largos períodos como representante por el Estado Soberano de Bolívar y hasta rindió testimonio, en 1867,  en el juicio de responsabilidad que  se le hacía en la Cámara al Presidente de la Unión, Tomás Cipriano de  Mosquera. Ese mismo año, este “distinguido patriota liberal y amigo nuestro” como lo señala Aquileo Parra en sus Memorias, acompañó a éste en su expedición bélica de Santa Marta hacia Santander, por los días posteriores al derrocamiento del general Mosquera, de su cuarto y último mandato. En 1872  durante algunos meses desempeñó la presidencia del Estado Soberano de Bolívar. En 1880 actuó de nuevo don Pedro, junto con don Manuel Santodomigo, como Diputado por la provincia de Mompox  en la Asamblea Legislativa de aquel Estado.

Antonio Regino quedó  huérfano todavía niño, por lo que su madre y sus tíos le dieron su primera formación, pero las dificultades económicas lo obligaron a trabajar, vinculándose jovencito a la imprenta que don Antonio Araújo había fundado en 1872, en la que se encuadernaban y se vendían libros, por lo que se fue aficionando a la lectura, con preferencia por los de temas internacionales, gracias al estímulo y los préstamos de publicaciones que recibía del coronel Gabriel E. O’Byrne, al que conoció en esos talleres donde éste había comenzado como corrector de pruebas y quien también había quedado huérfano muy chico, formándose como autodidacta.

La imprenta llegó a ser la más importante de la Costa, no solo por la prestancia del  propietario y la de su familia, sino porque editó en sus talleres el periódico El Porvenir, vocero en esa región del movimiento regenerador que preconizaba Rafael Núñez. Cuando éste llegó al poder,  Araújo fue redactor del mismo y O’Byrne, años después llegó a  ser su director. Pero fue el contacto con el historiador y médico, Camilo S. Delgado, cuyo seudónimo (Dr. Arcos) se hizo popular por su leída obra Historias, Leyendas y Tradiciones de Cartagena, contertulio de aquellos, el que vino a definir la vocación y el destino del joven Blanco. Manipulando la prensa de la imprenta, Antonio Regino casi queda mutilado. Lo atendió el médico Delgado y de ahí surgió una  amistad que fue definitiva en su inclinación por la medicina. Bajo la dirección del doctor Rafael Calvo Lamadrid, quien fue toda una institución en la Escuela de Medicina de Cartagena, a finales del siglo XIX, hizo sus estudios junto con un  grupo de estudiantes, que serán decisivos en la formación de las siguientes generaciones de médicos y en la salud de su ciudad.  Entre los que estuvo el hijo, Rafael Calvo Castaño, quien también dejó una inmensa huella humana y científica, reconocida en la Escuela de Medicina de Cartagena que  lleva su nombre.

El 9 de febrero de 1896, para optar por el grado de Doctor en Medicina y Cirugía, en la Facutad de Medicina de la Universidad de Bolívar, Antonio Regino Blanco firma su tesis titulada Seroterapia, presidida por el doctor Juan A. Fortich y la presenta ante el jurado compuesto por los doctores Teofrastro A. Tatis, Miguel D. Solano, Nicolás M. Paz y su amigo y orientador y años después, de cierto modo, su biógrafo, Camilo S. Delgado.  Se la ha considerado en su medio, “una pieza fundamental para demostrar la exigencia histórica de la realización de la escritura científica dentro del proceso de formación médica, característica que se conserva hoy en estudiantes de postgrado de la Facultad”  En el número 17 de la Gaceta Médica de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bolívar, se comenzó a publicar y en dos entregas consecutivas, hasta completarla.

El 12 de noviembre de 1897, en un acto público, el Departamento en cabeza del gobernador de Bolívar, con la presencia de los representantes de todas las instituciones, conmemoraron los diez años de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales. Después de los homenajes a los próceres, a los médicos que la presidieron y habían muerto, de la elección de nuevos dignatarios, entre los que el doctor Blanco fue escogido como bibliotecario de la misma,  pidió la palabra, y el joven profesional de 24 años, pronuncia un discurso con  menciones históricas y un gran sentimiento patriótico, en el que ya se insinúa el político, pero más, el visionario de la salud pública, el frecuentador de libros y su libre mentalidad, y el cartagenero preocupado por hacer de la entidad de la que forma parte, una escuela de investigación científica y humanística al servicio de la medicina social. Podemos comprobarlo en estas frases que seleccionamos de esa intervención, extraídas del juicioso trabajo de recopilación que hizo de la Gaceta Medica, Alvaro Monterrosa Castro, novelista y ginecólogo, también cartagenero:

Patria, ningún sacerdote mejor que la ciencia para oficiar en tus altares, ninguna ofrenda más sagrada para ti que esta ofrenda del saber, ningún homenaje más significativo que esta inequívoca muestra de progreso intelectual.                                                                                                                                 Es la vida intelectual la que suministra datos que pueden servir de norma para apreciar el grado de civilización de los pueblos.

Es ineludible el deber patriótico de abordar la cuestión que podríamos llamar ‘la emancipación científica’, y es esta corporación de las llamadas a contribuir con sus esfuerzos a la realización de tal empresa.

En medicina hay verdades que podemos apellidar universales y otras  que llevan en sí un sello de regionalismo… La ciencia anatómica es un ejemplo de lo primero; y en cambio la patología suministra poderosos argumentos en pro de lo segundo…Es noción elemental de patología que las enfermedades toman aspecto especial impreso por la temperatura, la altitud, las condiciones geológicas, el estado atmosférico y hasta las circunstancias individuales.

Invita a salir de la condición de colonos científicos, …para ser luchadores en el saludable torneo del pensamiento; no para menospreciar las verdades ya adquiridas, sino para tomarlas como base de futuras adquisiciones …hacer que del vientre fecundo de Colombia nazcan nuevos Caldas, Mutis y Zéas.

Los secretos de las selvas son abundante alimento para la investigación del botánico y del químico; los estudios microbiológicos pueden conducir a importantes descubrimientos en la oscura etiología de algunas enfermedades regionales; el conocimiento exacto de las modalidades patológicas de nuestro clima, es tarea de no escasa importancia.

Monterrosa, el galeno compilador, recalca la vigencia de las palabras  de su paisano  e indica que “este discurso debiese ser cartilla del primer día de clases en todo estudiante de ciencias naturales o biomédicas”.

Así, desde ese mismo fin de siglo XIX,  comenzó a  perfilarse el médico humanista que fue Antonio Regino Blanco.