15 de agosto de 2020
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Inseguridad y miseria

31 de julio de 2020
Por Eduardo Lozano M.
Por Eduardo Lozano M.
31 de julio de 2020
A todo ese drama que nos trajo el coronavirus tanto en lo económico como social, se suman dos factores no menos preocupantes que el contagio en sí.
 
Uno es la inseguridad que ha generado el hambre y la necesidad y el otro el continuo desfilar de familias enteras con bebés a bordo implorando por una limosna.
 
El primero de los factores el de la inseguridad, se veía venir más temprano que tarde, impulsado no solamente por bandas de pícaros que están al acecho de las gentes de bien, sino de la liberación de algunos presos de las cárceles para evitar el hacinaminto y el contagio generalizado del virus Corona que afecta a la humanidad.
 
Y el segundo factor la crisis de las familias que se vive en todas las ciudades, donde centenares de adultos en un verdadero peregrinar por varios barrios residenciales, gritan su necesidad en medio de terroríficos lamentos.
 
El recrudecimiento de la inseguridad ya no se sabe ni cómo manejarlo.
 
No hablo de Bogotá como capital, sino de todas las ciudades donde sujetos y mujeres amparados por los tapabocas de protección de la salud, esconden su identidad para atacar a los transeúntes, que son sus victimas preferidas, blandiendo  armas cortopunzantes y en algunas oportunidades de fuego.
 
A todas estas mañas se suma la vinculación de inmigrantes que han dejado su pais para montar sus sistemas delincuenciales en Colombia. Es muy triste esta realidad.
 
Hace años era un placer llegar a Cúcuta, Bucaramanga, Pereira, Barranquilla o Cali y salir a dar una corta caminata después de cenar para admirar sus sitios de interés turístico y las costumbres de sus gentes. Hoy en día esto no se puede hacer con tranquilidad porque no se sabe en qué esquina o recoveco lo esperan para arrebatarle lo poco que lleve encima.
 
Es muy triste esta realidad y las afugias que conllevan la visita a otras ciudades. 
 
Inclusive en Bogotá donde sale uno a caminar un poco por el parque del frente de su casa y tiene que dejar guardado el teléfono celular, los documentos, la billetera, el reloj etc. protegiendo sus pertenencias de los ladrones.
 
Este delito ha crecido según las estadísticas policiales y amparados los antisociales en la falta de oportunidades por el virus. 
 
El otro caso es el de la mendicidad de grupo. Familias enteras compuestas por unas 8 o 10 personas que salen a las calles a pedir dinero.
 
Llevan consigo en sus caminatas a niños que no están acostumbrados a ese ejercicio y que agitados terminan sentados en los sardineles de las vias públicas.
 
Jóvenes, hombres y mujeres, que lanzando aterradores gritos imploran la caridad de los habitantes de los barrios residenciales.
Su petición básica es de dinero so pretexto de tener que pagar un alojamiento para pasar la noche.
 
Quien ante esa jauría humana, abre su billetera para darles una contribución que mitigue la necesidad?.
 
Hoy viendo ese espectáculo de miseria me arrepentí de apoyarlos.
 
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