6 de agosto de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Crónica/Claudia Calderón Aventuras de Mariposaurios Viajeros

30 de julio de 2020
30 de julio de 2020

‘A LOS CUATRO VIENTOS’

Viaje terrestre por Venezuela: Febrero 24 a Marzo 13 de 2020

IV Casona e Paradojas • Chuspa

Espero que la última pesadilla no haya terminado de ahuyentar a mis lectores, qué vanidad, no puedo dejar de sentir vanidad en confesarlo todo, ojalá sirva de escudo y protección o de bandera o espada, oración, invocación, alabanza … defensa creativa.

Se produce un efecto muy curioso al empezar a publicar cosas personales, historias reales, en pleno movimiento y evolución, como olas agitadas de un incesante mar vivo.

Ahora viene el próximo amasijo de consideraciones sobre cómo se fue desplomando Venezuela a mi ver…

«Si la Naturaleza se opone, la venceremos» fueron las arrogantes palabras proferidas por Chávez cuando la tragedia del Estado Vargas por el deslave ocurrido en el año 2000. No olvidemos que el gobierno de Japón ofreció a Venezuela comprarle o llevarse la basura para reciclarla, pero Chávez no aceptó porque eso era “patrimonio nacional”.

El discurso de Chávez lograba despertar una simpatía inmediata, una calidez humana llena de familiaridad, y en la mayoría de los casos era entusiasmador, lúcido, elocuente, promisorio, visionario, generando oleadas sinceras de afecto por buena parte de la población, con euforia y aclamación masiva, dada la esperanza de representación que significaba para las clases populares, los negros, los indios, los zambos, el pueblo raso… Pero detras de esta figura graciosa y simpática estaba la otra cara de Chávez, un militar de bajo rango, con su ignorancia, arbitrariedades, caprichos y autoritarismo. Y la conexión con la realidad práctica era otra.

La aplicación de sus comandos incitaba a la brecha social, al resentimiento, al abismo entre hermanos, al rencor contra los “escuálidos” (blancos), al desprecio por una aristocracia que lo precedió y que también cometió errores, injusticias, arrogancia, prepotencia., pero que en el conjunto todavía era armoniosa y productiva y permitía la permeabilidad de las clases sociales. Con Chávez se instauró un odio contra todo lo anterior, un “no volverán” respecto a una casta arribista y legendaria que a pesar de sus errores, había levantado a Venezuela como uno de los países más prósperos de Suramérica, y que permitía un alto desarrollo cultural, cultivo de las tradiciones, auge de la música, el teatro, la poesía, la plástica y la vanguardia en el arte literario, la experimentación, la innovación, la grandeza. Pero de alguna manera Chávez engañó y traicionó al pueblo venezolano. La oportunidad histórica de inmensa bonanza económica que tuvo iniciando su mandato, con el barril de petróleo sobre los $140 o $160 dólares, fue una riqueza desmedida, una Venezuela saudita que lo fue cegando. . . Su invocación permanente y sacrosanta de “soberanía” terminaba ante Cuba y Fidel.

La capacidad de convertirse en un líder internacional financiando a diestra y siniestra cuanto se le antojara, el delirio del poder absoluto inconmensurable, junto a la mano implacable para eliminar posibles disidentes y traidores, con la cara de redentor de las clases sociales menos favorecidas incluyendo los indígenas y la Naturaleza a quienes también traicionó y profanó sin miseria, pero especialmente a las clases menos dotadas de lenguaje, de autodeterminación, a un pueblo sumido en la ignorancia y anomia con tan crasa ausencia de ejemplo paterno y moral clara. Chávez personificó la continuidad infinita de un mesianismo del Estado, a través de su gracioso e imperdible programa ‘Aló, Presidente”, a través de las misiones “barrio adentro” y posteriormente de las “milicias bolivarianas” y los temibles “colectivos”. Pero Chávez, motor de rencor y de venganza, bajo un tono conciliador y acariciante, terminó dividiendo al pueblo venezolano de raíz en facciones enemigas, en odios ancestrales, tribales, de naturaleza casi religiosa. Su culto ciego a la santería cubana lo llevó a poner el país y los símbolos patrios de rodillas en manos de brujos impredecibles, de locos.

Pero sigamos nuestro camino, …“como el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar…” (del conocido tango), fue el lema con el cual hube de adquirir una casa en los alrededores de Chuspa, un pueblito costero de negros cimarrones en los bordes y corazón de la dulce región “Barlovento, Barlovento, Tierra Ardiente del Tambor, …de negras finas…”, donde las tradiciones musicales van hasta el erotismo africano más deshinibido y salvaje pero también se practican las perversiones más oscuras, abuso de menores, invasiones, rituales de santería y magia negra, la ley del machete y el ladronismo rampante … lamentable situación de hondo resentimiento social fundado e infundado pero cada vez más creciente con acentuación del racismo y sectarismo creado por el gobierno y sus esbirros.

Íbamos en el autobús para Chuspa, con los más altos decibeles posibles de música vulgar y ruidosa a la cual ya todo el mundo es insensible… Atravesamos los viejos caminos y pueblitos de la orilla del Litoral que tantas veces recorrí sola: Osma, Todasana, Oritapo, La Sabana, Urama, Caruao. Entrando al pueblito de la Sabana, ya el bus iba medio desocupado y se subió un grupo de estudiantes escolares uniformados, alegres, morenos, aindiados, café con leche, en plena adolescencia e inocencia, con la jovialidad del Caribe, coqueteando entre ellos, de origen muy humilde. Finalmente llegamos a Chuspa, las mismas tiendas, las mismas mujeres negras sentadas en las mismas puertas de sus casas observando pasar, el mar azulito al fondo, la brisa acariciante trayendo aroma de empanadas de cazón …

Caminamos aprox. 1 km. hasta mi casa y encontramos la inmensa tala que se ha hecho alrededor, una banderita de Venezuela muy alta montada sobre el mástil que sostuvo alguna vez una antena en el techo, cuya base de cemento macizo fue utilizada como roca para romper el mismo techo destrozando la casa, con el fin de robarse los aires acondicionados, lo último que quedaba, luego de otro saqueo masivo en que torcieron las rejas con pedazos de tubería usados como palancas y ganzúas, de una deliciosa ducha al aire libre que había para echarse agua dulce regresando del mar y contemplando el Caribe imponente desde la colina…

El joven que dice cuidar mi casa en realidad la ha invadido. Repleta de enseres y altares de santería, entre ellos vasos llenos de agua con cuchillos y tijeras encima, ofrendas de flores y frutos secos, extrañas reliquias de madera y plástico, la imagen de Bolívar con velitas, sin agua corriente y con el olor característico de los sitios donde no se limpia nunca, ventanas alteradas o cambiadas, algunas tapiadas, las rejas desvencijadas, los techos rotos y algunos desmembrados, muchas camas y hasta una motocicleta adentro, llantas colgando de las vigas del techo en el amplio corredor donde yo tenía una mesa blanca y solía poner hamacas para ver el mar…

El muchacho nos recibe con amabilidad, está preparando café y unas tortas que vende por tajadas en el pueblo, le entregamos el poco dinero que nos dejaron los atracadores, y nos dió pescado y arroz. No es claro dónde vamos a dormir nosotros ya que el joven vive en mi habitación principal. Sin embargo yo le manifiesto que queremos ocuparla, ya que es ‘mi casa’, y finalmente nos logramos quedar en ella, entre colchones y sábanas mugrientas, paredes negruzcas, zapatos por doquier…

La otra casa de arriba, en la cual pensé alguna vez organizar un sitio de residencias artísticas para escritores o músicos extranjeros, está ahora hecha una ruina total. La reparación que se hizo alguna vez fue un fracaso. Las filtraciones del techo han hecho que adentro sea una cueva de humedad y descomposición, las paredes trozos de piel cayéndose. Las ventanas se caen al tocarlas. Sinembargo el joven ha puesto algunos cuadros y bocetos deteriorados que encontró por ahí de nuestro ilustre tío pintor impresionista de origen francés, Pierre Desenne, en la pared.

Alrededor se observan las bases agrietadas, tala indiscriminada, se ve el esqueleto de casa del vecino también desplomándose, el tanque de agua lo llenaron de tierra, un carro abandonado de hace años ya en huesos, otro árbol monumental que se quebró y quedó atravesado tapando el horizonte, sequía, deterioro, abandono…

Fue un proyecto filantrópico llamado “Los Niños de Barlovento” con el cual empecé a instruir a los niños del pueblo de Chuspa, luego de crear un pequeño coro y ofrecer la donación de un piano de cola para la Escuelita del pueblo y haber logrado un primer concierto en la iglesia de Chuspa en Noviembre de 2009. Pero todo terminó en el robo total de mi casa en 2010, siendo mi residencia principal. Luego de haber pasado la temporada continua más larga en que estuve allá, tuve que ir a Caracas para unos exámenes médicos y al regreso, encontré mi casa vacía.

Fuimos a la playa esa tarde, el mar como siempre impetuoso y colosal, estaba muy agitado, muy violento, borrando implacable la huella de todo tiempo pasado fue mejor a su paso… Al final de la tarde encontramos a unos amigos, Ariel (de origen cubano) e Isabelle (francesa) quienes nos obsequiaron un pequeño trago y nos reconfortaron de la dura jornada. Reflexiones de qué hacer con ese par de casas, ancladas en un mundo estancado, de difícil acceso si no se dispone de carro propio, con un vecindario de temporadistas caraqueños como nosotros pero rodeado de un pueblo resentido de origen cimarrón, lleno de envidias, rencores y trampas. Una convivencia difícil para todos, combinada con los poderes locales del pueblo y personajes del gobierno y más para mí, siendo mujer y extranjera, colombiana.

El joven que dice cuidar mi casa tiene en ella una colección de objetos para vender, así me pareció, hileras de cafeteras viejas, alcaparras colombianas que incluso nos brindó… En uno de los garages de atrás hay una lancha, probablemente alquila el espacio… En el galpón de atrás, adonde le sugerí mudarse, más neveras, armarios, camas, depósito, etc., pareciera que de vez en cuando viene mucha gente…

Volvimos al mar al día siguiente, estaba más embravecido y casi inabordable. Recogimos hermosos trozos de bambú amarillo para hacer un Quitiplás (instrumento musical afrovenezolano que genera una polirritmia encantatoria tocado por varias personas a la vez, generalmente mujeres cantadoras).

Visitamos a los otros vecinos, los Scope. Rosemary, abogada de origen ruso, líder de la comunidad de Paramancito y su esposo, un moreno trinitario también abogado eminente y traductor al inglés de una embajada, nos recibieron con generosidad caribeña y tropical. Nos contaron de los planes de alquilar su casa por fines de semana o temporadas enteras y nos aconsejaron hacer lo mismo…

En la carretera poblada de ceibas, cujíes y grandes quebradas que llegan al mar, donde en las noches se oyen conciertos de ranas y sapos croando en coro y solista responsorial, aunque ahora era temporada seca, nos cruzamos con otro amigo colombiano, casado con una francesa profesora de matemáticas. Siempre va refunfuñando y maldiciendo de los venezolanos y sus hábitos alimenticios, casi hablando solo y echando pestes contra la cajita de alimentos ‘CLAP’ que reciben del gobierno los nativos siempre y cuando cumplan con su Carnet de la Patria…

Pero luego de otra conversación inútil con el desdeñoso y altanero joven que dice cuidarme mis casas, y cuando le propongo mudarse con sus ‘corotos’ a la casa de arriba, se niega rotundamente y cuando le muestro los galpones de atrás me dice: «es que yo necesito una casa grande»…, o sea, de qué estamos hablando? … Sin despedida luego de dos noches partimos hacia Caracas en carro, con los amigos que nos ofrecieron llevarnos de regreso esa misma tarde, y nada se resolvió…

 

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