11 de julio de 2020
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Neologismos innecesarios, pobreza de léxico, más allá de

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
30 de junio de 2020
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
30 de junio de 2020

Quisquillas de alguna importancia 

La misma fuente se refiere a vocablos que, una vez pronunciados por alguno, se consagran y ya nadie los suelta.

El escritor Arturo Pérez-Reverte comentó: “Acabo de oír al ministro de Sanidad diciendo que van a ‘interlocutar’ con no sé qué autoridad sanitaria extranjera y he chirriado tanto los dientes que me ha saltado un empaste” (13/6/2020). Y con razón los chirría, porque este verbo recién inventado es innecesario, pues el castellano tiene ya verbos que expresan justamente la misma idea, como ‘conversar, platicar, dialogar, comunicar-se, departir’. Es cierto que El Diccionario acogió en su vigésima segunda edición (2001), como regionalismo de El Salvador, el verbo ‘locutar’ con este significado: “Dicho de un locutor de radio: hablar” (// proferir palabras)”. Hay que anotar que en la siguiente edición, la última (2014), los autores le suprimieron su característica de regionalismo. Y me cuenta el periodista William Giraldo Ceballos, director de la virtual www.revistacorrientes.com, que “un día  al Fiscal general Néstor Humberto Martínez le dio por decir en la W., en Caracol, RCN (radio y televisión) y en El Tiempo y El Espectador, que su despacho había decidido ‘aperturar’ una investigación… Y en seguida los reporteros, los presentadores, los demás funcionarios de la Fiscalía y ahora hasta los ministros no dicen cuándo van a ‘abrir’ este o aquel programa, sino que anuncian con gran regocijo personal “vamos a aperturar unas acciones encaminadas a proveer…”. Estas palabras del veterano periodista confirman lo que siempre he  afirmado, a saber, que, en el lenguaje, sólo ‘pegan’ las expresiones absurdas (‘todos y todas’, ‘niños, niñas y adolescentes’, ‘protocolos movilizatorios’, ‘a nivel de’, ‘por parte de’), las construcciones gramaticalmente incorrectas (‘al interior de’, ‘esto se trata de’) y las palabras inútiles (‘operativizar, objetivización, comportamental’). No así las locuciones y palabras que enriquecerían y hermosearían el idioma: se quedan en un artículo o en un libro, y de ahí no salen. ***

La misma fuente se refiere a vocablos que, una vez pronunciados por alguno, se consagran y ya nadie los suelta. Y cita a Óscar Alarcón: “Ya no hay reglas, normas o circulares, porque a todo se le llama protocolo, al punto que ya no hay regla, sino protocolo menstrual”. Lo que contribuye, en detrimento del idioma, a la pobreza de lenguaje. Estos imitadores dejan en los diccionarios voces castizas que expresan la misma idea, con más propiedad en ciertos casos, por ejemplo, ‘directriz, procedimiento, pauta, guía, medida’, etc. A esta palabra –‘protocolo’–  hay que agregar ‘crecimiento exponencial’ –que le oí al creador de Open English, su propagador, me parece–, y que podría variarse por ‘crecimiento acelerado’, ‘expansión veloz’, o ‘propagación incontenible’; ‘experticia’, que puede cambiarse por ‘maestría, destreza, habilidad’; ‘resiliencia’, que tiene como sinónimos ‘entereza, tolerancia, resistencia, aguante’ y, entre nosotros, ‘berraquera’; ‘contundente’, que puede sustituirse por ‘decisivo, terminante, concluyente, convincente’, y, en muchos casos, por ‘eficaz, enérgico’. Y la locución ‘más allá de’, consagrada y abusada por el editorialista de El Tiempo, que ahora vuela de pluma en pluma y que, me parece, puede ser reemplazada por ‘fuera de’, ‘además’, ‘sin importar que’ y mil palabras y locuciones más que a uno se le ocurran para tratar de adivinar el sentido que tiene en la frase leída, como en ésta de Juan Lozano: “Más allá del coronavirus, y antes de que apareciera, se perpetraba un acto de irresponsabilidad colectiva al marginar a nuestros adultos mayores…” (El Tiempo, 22/6/2020). Dice tanto y tan poco o nada esta locución –como en la muestra–, que uno la puede suprimir, y no hace falta,  o interpretar de cualquier manera… y acierta. ***

El uso ‘por moda’ de estas locuciones y términos es, de cuando en cuando, descarrilado, como en la siguiente frase del citado director de noticias de RCN, Juan Lozano: “Las estadísticas en Colombia y en el mundo son absolutamente contundentes” (Ibídem). Las ‘estadísticas’, dicen, son ‘frías’. No son ‘contundentes’, porque este adjetivo se aplica a ‘golpes, armas; argumentos, razones, demostraciones, conclusiones’, etc.

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