4 de agosto de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Viernes Cultural Herman Lema

26 de junio de 2020
26 de junio de 2020

Herman Lema es una de las voces más sustantivas de la poesía caldense. No solo por su vasta producción -su obra está contenida en siete libros publicados entre 1959 y 1988- sino por la calidad de su expresión poética, que le valió figurar en las antologías de la poesía colombiana. Nació en Anserma, Departamento de Caldas, en 1936.  Realizó sus estudios de primaria en su ciudad natal y se recibió como Bachiller en el Colegio de Nuestra Señora de la ciudad de Manizales. Estudió Derecho en la U. Nacional de Bogotá y Diplomacia en la U. de la República, en Montevideo, Uruguay. Fue funcionario de la Asociación de Libre Comercio en Montevideo y del Incomex, Pacto Andino, en la ciudad de Lima. Del Ministerio del Interior y del Ministerio de Justicia, de Colombia. Falleció en la capital del país el 10 de junio del 2011 y sus restos mortales reposan en el Cementerio de su ciudad natal, en cuya tumba se leen como epitafio unos versos de su autoría: «Cuando no sea más que un recibo de caja/ para retirar mi sombra del crematorio, / el olvido pasará como un huracán/ arrastrando mis cenizas a lo profundo del tiempo». Su poesía acoge los más disímiles temas, entre la vida y la muerte . Los siguientes títulos compendian su obra: «Canto a Anserma y el paisaje»; «Al sur de los caminos»; «Cinco variaciones y un réquiem»; «Perfiles del Aire»; «Presencia de itinerario»; «Poemas agónicos» y «Poesía del instante final y otros poemas». Con su Soneto Profano, que se leerá a continuación, a decir del escritor Octavio Hernández Jiménez, Lema alcanzó el cenit y su inspiración constituye un instante irrepetible de la poesía caldense.

SONETO PROFANO

 

 «Eli, Eli, Lamma Sabacthani».
«Señor, Señor, por qué me has abandonado».

Cristo en la Cruz.

 

Esta angustia Señor, y esta fatiga
y esta llaga interior que me lacera
las abriste Señor como se abriera

la herida que en tu pecho se prodiga.

 

Y me diste, Señor, por sombra amiga
otro leño más duro que el que hiciera
la flor sobre tus hombros. Tu madera

reclinada a mi cruz, es una espiga.

 

No comprendo, Señor, por qué tan fiero
has clavado mis manos y mis sienes

y la lanza fatal en el costado.

 

Y en esta desazón en que me muero
Tú también me abandonas y no tienes

piedad para este cristo derrotado.

 

POEMA DEL INSTANTE FINAL

 

Es tiempo de partir:
de huir hacia el futuro es tiempo;
despleguemos las velas del pasado

y digamos adiós al viejo puerto.

 

No debemos llorar.
Nuestros destinos de atávica fortuna
muy lejos estarán en la alta noche

cuando navegue el barco de la luna.

 

Como vine me voy.
Siguiendo las estelas de un sueño sin sentido
me voy como los vientos, sin oídos,
me voy como los vientos
sin regreso.

No quedará una huella de mi paso.
Quizás un verso: un verso que esculpió mi angustia
seguirá, como un eco, en otros labios
describiendo mi sombra taciturna.