6 de agosto de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Características de la telenovela (3)

21 de junio de 2020
Los críticos literarios han leído miles de libros.    Los de arte han visitado cientos de museos y galerías. Los analistas deportivos han visto millares de partidos. El 98% de los críticos de la Telenovela no han visto una entera.  Es hora de que hablemos los que hemos visto telenovelas. Tal es la razón de esta Cátedra.

La Telenovela debe ser simple, lenta, repetitiva y predecible. Y en ella debe haber pobres y debe gobernar el amor. 

Existen dos bloques de características en la Telenovela, el primero referente a la técnica misma y un poco a la manera de utilizar los recursos de las comunicaciones, y el otro que describe la estructura interna, el alma misma del producto.

Porque la Telenovela es uno de los pocos productos comerciales que tienen alma.

Empecemos por esta última, por su estructura interior.

Estructura interna de la Telenovela

Las características más importantes de la Telenovela son las que se refieren a su construcción ideológica porque son ellas, antes que la técnica, las que han mantenido la vigencia de la Telenovela a pesar de la evolución de medios, recursos y maneras de pensar.

Tales características, aunque están bien entremezcladas, pueden diferenciarse:

La Telenovela debe ser obvia y simple.

Las Telenovelas complicadas no gustan y así lo demuestran la experiencia, el «rating» y la comparación de éxitos y fracasos.

Y tampoco gustan las sobrecargadas de sexo, de misterio, de esoterismo, de folclor, de tecnología, o de historia patria o universal.

El cliente de la Telenovela busca una historia sencilla y fácil, que lo solace un rato, que le deje inquietudes agradables en vez de hacerlo levantar a consultar la enciclopedia y que le llene los pequeños huecos que todos tenemos en el alma. O sea que la exigencia de los Clientes, que son los que mandan, es bien poca.

En esto de la simpleza los maestros han sido los venezolanos, con su prolífica Delia Fiallo, cubana exilada, a la cabeza.

Los hijos de Bolívar hicieron su agosto económico, en los setenta, con una serie de Telenovelas planas, de personajes fáciles y soluciones predecibles, caras bonitas, situaciones conocidas e historias simples, aunque casi siempre imposibles de encontrar en la vida real, producto que se consumió con fruición en toda la América Latina, y alcanzó a colonizar el gusto europeo.

Por eso asombra la manera como se complican la vida algunos guionistas y arriesgan sus pesos ciertos productores, con historias complicadas que más satisfacen al ego creador de los primeros que al gusto de la clientela.

La Telenovela debe ser lenta, repetitiva y bien encadenada

Esta es una característica importante. La telenovela debe ser tan lenta y tan bien ligados sus capítulos que si el adicto, por razones que él trató inútilmente de superar, no pudo asistir a diez capítulos, con sólo cinco minutos del siguiente alcanza a recoger el hilo narrativo, hasta quedar con la sensación de nunca haberse alejado de la pantalla.

Pero tal lentitud y tal aparente monotonía deben ser tan bien disimuladas, que el adicto no llegue a aburrirse y que no se le vaya a ocurrir quedarse en el camino cuando va a la nevera, por un bocado, en el intermedio de los comerciales.

El asunto parece muy obvio pero es el mandatorio. Porque es el que define el «rating», el que, a su vez es la garantía de la supervivencia de la especie llamada Telenovela.

Quizás por no pensar en ésto o por su estructura intelectual más confusa, algunos escritores grandes, García Márquez entre ellos, no han podido acertar y han dado con sus respetables humanidades en el piso, cuando han tratado de hacer telenovelas. Porque “La Mala Hora” del Nobel, cuando trató de ser Telenovela no pudo dejar de ser novela, a pesar de que se hizo con los mejores actores del momento (1976) y el rating no se lo perdonó. Y como consecuencia, alguna gente ha empezado a mirar como intelectuales menores a los creadores de las telehistorias, los que, a la larga, tienen más clientela que los primeros.

Y por la misma razón de no incluir esta característica del avance lento y repetitivo, no han podido ser Telenovelas algunas series históricas, así tengan capítulos tipo Telenovela, porque sólo saben avanzar a grandes pasos.

Es que en la telenovela sólo pueden darse largos pasos cuando el «rating» se va al piso y el productor ordena concluir en tres capítulos lo que estaba previsto en quince o cuarenta entregas más.

Esta lentitud característica, que de pronto también lo es de nosotros, los latinos, es quizás lo que ha evitado que el norteamericano medio caiga en las redes de la adicción a la Telenovela.

Porque éste es un niño grande, inmensamente lógico y terriblemente práctico, que busca resultados inmediatos, prefiere marcadores abultados y no perdona el delicioso transcurrir de nuestras historias televisivas.

Además el hijo del Tío Sam, con sus esquemas simples, no tolera que a un esfuerzo no corresponda un resultado proporcional y no entiende ni acepta que un protagonista tenga 264 capítulos de fracasos, y sólo triunfe en el episodio 265, que es el final, y que con sólo tal resultado compense todos los sufrimientos anteriores.

Eso no es aceptable para un gringo, el espécimen humano más lógico de la tierra. Las situaciones románticas, ilusorias y macondianas son para los ininteligibles latinoamericanos. 

En la Telenovela deben triunfar los pobres

Hay una característica especial, un mucho clasista y un poco realista, que define a la Telenovela y mayormente a su éxito comercial, que, jugando a sicólogos, pudiera llamarse el Síndrome de la Cenicienta.

Consiste en que el bueno debe ser pobre o sufrido o hijo ilegítimo o salido del campo. Y el malo, o mejor la contraparte del bueno, debe ser rico, vivir en la ciudad o en la casa de la hacienda, con todo a su favor y con permanente tendencia a la injusticia o, al menos, a la desconsideración.

Es difícil recordar una Telenovela que sólo trate de amores entre ricos. Puede haberla, pero debe ser la excepción a la regla. La única que salta en la memoria es aquella destinada a mostrar que «Los ricos también lloran», fea costumbre característica de los pobres.

Y  este Síndrome de la Cenicienta es otra de las razones por las cuales a los
norteamericanos medios no los ha atrapado nuestra Telenovela. A los gringos no
les gustan los pobres y menos aún los pobres de piel blanca.

A los únicos pobres que toleran en sus historias es a los negros pobres (o pobres negros?). Y lo hacen o por cultura histórica (en la mitad norte de la Unión), o por remordimiento también histórico (en la mitad sur de la misma Unión).

Precisamente lo más parecido que los norteamericanos han hecho a una Telenovela han sido «Dallas» y «Dinastía», en los años noventa, repletas de intrigas, amor y desamor. Pero la temática ha versado sobre ricos, los únicos pobres eran ricos en quiebra, y ni aún así alcanzaron a crear escuela.

Y  quizás el único experimento de una Telenovela con pobres fue «Flamingo Road»,
que no alcanzó los «ratings» de las otras y cuya linda prostituta sufría como pobre
pero vivía como rica. Y si de campesinos se trata lo más parecido fueron los
opulentos habitantes de «Bonanza», que salían a defender sus tierras de indios,
estampidas o bandidos, muy bien vestidos y mejor comidos.

Por todo lo anterior el creador de Telenovelas sabe que su éxito puede facilitarse si trabaja con Cenicientas en busca de una zapatilla, con lindas llanerítas que llegan a Caracas, con campesinas colombianas perdidas en Bogotá, con marimares que saltan de la playa a una colonia rica de México, con gaviotas que pasan de coger café en el Quindío a negociar pactos internacionales en Londres, o con lindas y juveniles colegialas que se envidian todo el tiempo entre sí, hasta que triunfa el personaje que encarne Adela Noriega, la más débil y pobre, pero que desde el principio era la más hermosa.

Lo anterior ni es sorna ni es crítica. Es sólo la conclusión de una característica estructural que corresponde a un sueño social y a una realidad comercial. 

La Telenovela debe ser predecible.

Tan importante como las anteriores es la característica de que la Telenovela debe ser predecible.

El final de la historia no debe conocerse, pero sí debe presentirse si se trata de una Telenovela muy elaborada, o predecirse, si se trata de una más simple.

Por eso la enamorada pero frustrada relación de La Malinche con Hernán Cortes, o la apasionada de Manuelita Sánz con Bolívar, no conquistaron los televidentes que esperaban los promotores, aunque hubo pobres, pasión, sufrimientos, esperanza y algún éxito, casi al final. Y así sucedió, simplemente, porque el fin de la historia era bien conocida por los televidentes.

Es que la Telenovela debe mantener el suspenso de no indicar cuándo ni cómo se desenlazará la historia, pero al mismo tiempo debe dejar pistas permanentes que anuncien la proximidad y sobre todo las características del desenlace.

Y aquí voy a contarles a los lectores un truco de los guionistas (pero con la condición de guardar el secreto, para que no haya desilusionados): La solución de la Telenovela debe ser fácil, pero estar tan sutilmente sugerida, que parezca un éxito personal del espectador haber acertado con el final con diez capítulos de anticipación. Lo que, por supuesto, nos hará sentir inteligentes y brillantes a los telenoveladictos. .

Y para los adictos, para los que hemos visto mucha Telenovela, esta posibilidad de predecir el final nos mantiene la motivación, nos llena de orgullo y nos hace creer que adivinamos el final por la gran cantidad de Telenovelas que hemos visto, sin maliciar que todo es un truco del guionista.

Esta característica de la predictibilidad es un reto para los escritores de guiones de Telenovela. Y por ello cualquier escritor no puede ser guionista, así haya triunfado en temas para el teatro o en otros tipos de texto escrito.

La Telenovela debe ser una historia de amor

Esta es la esencia de la Telenovela latina. El amor. Así de simple.

El amor y su otro yo, el desamor, conforman el motor, el eje, el todo de la Telenovela.

Y es tan importante esta característica, que será objeto de una Cátedra especial.

Pero le adelanto que si lo que Usted está viendo en este momento en su pantalla, no es una historia de amor, Usted está atendiendo a otra cosa, no a una Telenovela.

Próxima Cátedra: los folletines fueron los antecesores de la Telenovela