5 de julio de 2020
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Caldas tiene historiadores con vocación

4 de junio de 2020
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
4 de junio de 2020

La historia es una disciplina intelectual que tiene como propósito estudiar los acontecimientos que han marcado a la humanidad. Expone con precisos métodos de investigación, bien sea desde lo antropológico o desde lo arqueológico, los factores políticos o humanos que incidieron en el pasado, queriendo despertar conciencia ciudadana sobre los procesos fundacionales, el desarrollo tecnológico, los avances científicos y los avatares políticos. El historiador es, por lo tanto, un notario diserto que habla sobre cómo ha evolucionado el mundo, y explica el porqué de los hechos que han conmovido a la sociedad. Tiene la responsabilidad de contar con objetividad lo ocurrido en determinados momentos, entendiendo la historia como la ciencia social que nos acerca al pasado para entender mejor el presente.

Todos sabemos que Caldas fue fundado el 11 de abril de 1905 mediante la ley 17 sancionada por el general Rafael Reyes. ¿Por qué lo sabemos? Por los historiadores. Por esos hombres que se convierten en ratones de bibliotecas conocemos nuestro pasado. Gracias a ellos entendemos el proceso poblacional de nuestro departamento, qué incidencia tuvo la colonización antioqueña en nuestro desarrollo, cuáles tribus habitaron este territorio en la época de la conquista. ¿A que viene todo esto?, se preguntarán los lectores. Aquí se los voy a explicar. Se debe a que el Consejo Departamental de Literatura publicó, a finales del año pasado, “Caldas en la pluma de los historiadores”, de Ángel María Ocampo Cardona, un libro donde se nos dice quiénes han escrito sobre la historia de Caldas.

Pues bien: este libro tiene un ingrediente importante para interesarnos en su lectura: es un ensayo bien documentado, producto de una investigación seria, donde el actual presidente de la Academia Caldense de Historia exalta a todos aquellos que han dedicado parte de su vida a desentrañar el pasado de nuestro departamento. Un libro bien escrito, como todo lo de Angel María Ocampo, que tiene el inmenso valor de rescatar los nombres de autores que han dejado huella como investigadores de nuestro proceso histórico. En sus páginas no solo están los cronistas de indias que acompañaron a Jorge Robledo en sus correrías por lo que hoy es Caldas, sino también autores de monografías de pueblos que no han tenido el reconocimiento que merecen.

En “Caldas en la pluma de los historiadores” están los nombres de quienes se han ocupado de contar la historia de nuestros pueblos escarbando en archivos para llevarle al lector los sucesos y las fechas que han marcado su devenir histórico. Ningún municipio del departamento se queda por fuera en esta investigación que trata de revaluar la historia para decirles a las autoridades educativas que deben incentivar la investigación en los planteles educativos para que los estudiantes tengan conocimiento de su espacio geográfico. Angel María Ocampo inicia su ensayo hablándonos de cómo la historiografía de Caldas “empieza a nutrirse desde la génesis misma de la región”. Y nos dice que los cronistas de indias estructuraron los cimientos del edificio historiográfico de Caldas.

¿Quiénes han sido los caldenses que han sobresalido en el manejo de nuestra historia? Desde el padre Fabo, que publicó en 1925 “Historia de la ciudad de Manizales”, hasta Otto Morales Benítez, que en “Testimonio de un pueblo” demostró su interés por nuestro pasado, una excelente nomina de escritores pasan por las páginas de este libro indispensable para conocer cómo se ha contado el desarrollo de Caldas. José María Restrepo Maya, Emilio Robledo Correa, Luis Londoño Ospina, el padre Guillermo Duque Botero, Guillermo Ceballos Espinosa, ya fallecidos, y Javier Ocampo López, Albeiro Valencia Llano, Alfredo Cardona Tobón,  Ricardo de los Ríos Tobón, Luisa Fernanda Grialdo Zuluaga, el padre Horacio Gómez Orozco y Jorge Eliécer Zapata Bonilla, todavía vivos, son historiadores que están dejado huella por su compromiso con nuestra historia.

Angel María Ocampo clasifica a los historiadores por generaciones. Dice que la segunda generación que se interesó por contar nuestra historia fueron los viajeros por el antiguo Caldas, hombres que recorrieron nuestros caminos antes de que existieran las carreteras, y que dejaron una memoria escrita de lo que veían en sus viajes. Y destaca la generación del centenario porque, en su concepto, se ocuparon de “enriquecer, ampliar y profundizar sobre el legado historiográfico de la primera generación”, abriendo caminos para entender nuestro desarrollo económico y social. Señala igualmente que otras generaciones han tomado la historia como una actividad intelectual que busca enseñarles a las nuevas generaciones de caldenses de dónde venimos y por qué nos acompaña un alma soñadora.