25 de mayo de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Méjico lindo y sufrido (final)

18 de mayo de 2020
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
18 de mayo de 2020
Atardecer en la playa de Sayulita.

Nos esperan extensos kilómetros de carretera entre Guanajuato y Sayulita, nuestro destino final. Bordeamos varios pueblos y ciudades y llegamos a Tepic en horas de la tarde. Una parada literaria en Tepic, la capital del Estado de Nayarit y cuna de Amado Nervo. Imposible no pisar la tierra de quien quizás inspiró los primeros versos de cientos de poetas de América Latina. Nació el 27 de agosto de 1870 y murió en Montevideo el 24 de mayo de 1919. Gozó en vida de toda clase re reconocimientos y fue considerado por Borges, quien no era fácil para el elogio, como el poeta arquetípico de nuestra lengua. O sea, modelo a seguir. Ya cité versos que le leí en mi lejana juventud. A estas hora, de sienes nevadas, paladeo » ……Yo, como las naciones/ venturosas y a ejemplo de la mujer honrada,/ no tengo historia.¡nunca me ha sucedido nada,/ oh noble amiga ignota, que pudiera contarte!/ Allá en mis años mozos, adiviné del Arte/ la armonía y el ritmo, caros al musageta,/ ¡y pudiendo ser rico, preferí ser poeta!/ -¿Y después? -He sufrido como todos y he amado./ -¿Mucho? – Lo suficiente para ser perdonado…». Cursis, llorones, sentimentales, charros, para los musagetas de ahora los versos de Amado. Pero han sobrevivido al olvido. Y de eso se trata.

A tempranas horas quisimos darle un primer vueltón a Sayulita, después de un sueño reparador, a prueba de ruidos y de sobresaltos. Sayulita es uno de los pueblitos mágicos mejicanos. Desde que respiramos su aire, sentimos los rayos de su sol y caminamos por sus calles , sentimos ese imanado ámbito, que atrae serenidad e invita al ocio. Hay circunstancias extrañas en la vida. Hace seis años, en un viaje a Puerto Vallarta, a una hora de Sayulita, nos recomendaron las artesanías en bordados y en artículos decorativos de los huicholes, una etnia bien particular, a la que se le califica como la última guardiana del peyote, una planta de alto contenido de mescalina, de propiedades alucinógenas pero también terapéuticas. El hecho es que sus trabajos manuales son altamente apreciados, en especial los que elaboran a base de chaquiras o de estambre, con cierta simbología religiosa y totémica. Yo luzco una de sus aseguranzas en mi muñeca izquierda. Y jamás nos imaginamos que por juegos de la vida, íbamos a volver por esos pagos, en ésta ocasión para disfrutar del anfitrionazgo de nuestra hija Paula Andrea, quien se ha domiciliado en Sayulita, localidad formada hace años de años por Oz, el dios de las olas perfectas.

Iglesia de Sayulita.

Sayulita, situada sobre el océano Pacífico, es el paraíso de los surfistas. Un espectáculo vistoso es mirar desde las playas, con su coctel icónico, el margarita, cargado de tequila, a la mano, sentado bajo una cómoda carpa, las piruetas y las acrobacias de los osados deportistas, provenientes en especial de Estados Unidos y Canadá, que se desplazan para huir de los fríos glaciares. Es una aldea hippie a la moderna, es decir, libre y espontánea, sin exageraciones ni escandalosas conductas. A uno de sus moradores le oí decir que ellos eran de la especie de «hippies chic». Cada quien a su manera, a lo que va. Toda clase de restaurantes y estaderos, algunos hoteles de lujo pero también hostales y posadas a precios accesibles para los turistas es su atractiva oferta. Apenas ahora se ha volcado el turismo nacional que empieza a saturar sus limpias y variadas playas, todas a tiro de piedra de la singular aldea. Ya muchos artistas, diseñadores, músicos, yoguistas y aventureros han querido establecerse allí. Y no demorará la horda de turistas con su contaminación incontenible. Claro, que esto lo escribí antes del corona virus, del Covid 19. De pronto Sayulita, con sus 2.300 habitantes, y todos los pueblos mágicos del mundo logran mantenerse como paraísos reales para las nuevas generaciones, las sobrevivientes de la peste.

Yo adivino que los lectores quieren saber por qué titulé estas crónicas como Méjico Lindo y Sufrido. Era que pretendía delinear una imagen de las épocas aciagas de violencia entre hermanos que desde los días anteriores a su grito de independencia, en septiembre de 1821, y en diferentes épocas, han signado el devenir mejicano. Y referirme a las calendas recientes en que la mafia de las drogas arrasa con las instituciones del Estado manito. Y a la denominada en forma peyorativa la «colombianización» mejicana. Pero no. Sería injusto que mirara la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Colombia anda como en los peores días. Los asesinatos en serie de los líderes sociales, claman al cielo. La presencia guerrillera, obsoleta y bárbara, empaña con muertes gratuitas e inútiles la tierra colombiana. Los carteles mejicanos y colombianos, del brazo, se empoderan del tráfico de la droga. Nuestras relaciones con Venezuela, son entorpecidas con nuestro beneplácito abyecto al imperio gringo, por estúpidos y fracasados golpistas contra Maduro. Y festinamos como gobierno, la perfidia oficial contra Cuba y el proceso de paz. Ante nuestro paisaje, Méjico, a pesar de Andrés Manuel López Obrador y sus palos de ciego, es una Arcadia. Entonces mas bien dejemos al país norteño, Méjico, Lindo y Querido. Con la admiración y el aprecio de sus hermanos colombianos. FIN.