5 de julio de 2020
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La fallida invasión a Venezuela

25 de mayo de 2020
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
25 de mayo de 2020

Los enemigos del régimen político de Venezuela han desarrollado muchas estrategias  para derrocar al presidente Nicolás Maduro quien se ha sostenido contra viento y marea; todo empezó el 15 de marzo de 2013 cuando en calidad de vicepresidente informó al país, con voz entrecortada, que el comandante Hugo Chávez había fallecido. En ese momento, ante la ausencia definitiva del caudillo; la oposición se unió alrededor de Henrique Capriles, quien invitó a dejar los intereses partidistas para derrotar a un líder oficialista considerado débil, y acabar con el Socialismo del Siglo XXI. La oposición jugó sus cartas con la polarización política, por medio de una guerra de insultos; Capriles y su campaña, envalentonados ante la ausencia de Chávez, se la jugaron para ganar por las buenas o por las malas y, días antes de las elecciones, sembraron dudas sobre la maquinaria electoral oficialista y dejaron flotando la idea del posible fraude.

Llegaron las elecciones y el oficialismo no logró una victoria aplastante sino una apretada ventaja de 235 mil votos. En este punto Capriles habló sobre sus sospechas de fraude y no reconoció la victoria. El Consejo Electoral se mantuvo firme y proclamó a Maduro presidente. Pasaron los días, la oposición fue creando el vacío de poder, anotando que Maduro era “un clon imperfecto de Chávez” y que “los liderazgos no se heredan, se sudan, se construyen junto al pueblo”. Pero, además, a la nueva administración le llegó la época de las vacas flacas por la crisis del petróleo, la inflación y el déficit fiscal; por todo esto el gobierno tuvo que disminuir los programas de asistencia social que venían de la época de Chávez.

Pasó el tiempo, creció el descontento y se fortaleció la oposición que acusó al Gobierno de incompetencia política, de pésima administración y de alto grado de corrupción. Llegó el desabastecimiento y desaparecieron muchos productos de los supermercados. En este clima todos sabían que la oposición venezolana, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), sería la triunfadora en las elecciones del 6 de diciembre de 2015, pero no pensaban en una victoria tan aplastante de 112 diputados contra 55 del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). De este modo la oposición empezó a controlar la Asamblea Nacional.

El cerco internacional

Lo que sigue es historia reciente y tiene que ver con la alianza de varios presidentes de América contra el régimen de Maduro. Recordemos que en julio de 2018 Trump hizo una pregunta aparentemente ingenua ¿No podemos simplemente invadir Venezuela? Durante la administración Uribe el gobierno se acercó mucho a la política guerrerista de Estaos Unidos y esta estrategia la retomó Iván Duque; en su momento el Canciller Carlos Holmes Trujillo y funcionarios como Alejandro Ordoñez y Francisco Santos, no veían mal una intervención militar para el caso de Venezuela. Pero buscando una solución menos traumática los organismos de inteligencia de Estados Unidos encontraron la figura de Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, para dividir más la nación, producir vacío de poder y forzar la caída de Maduro. Muchos países acogieron esta fórmula, pero en el seno de la OEA no hubo la mayoría necesaria para reconocer a Guaidó como presidente.

Fue en este contexto cuando apareció el Consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, en una rueda de prensa en la Casa Blanca, para anunciar sanciones contra la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y, en un aparente descuido, dejó a la vista su libreta de apuntes donde había dos notas: “Afganistán – Bienvenida a las conversaciones”, “5.000 tropas a Colombia” ¿Se preparaba el ataque a Venezuela desde nuestro país, o era una simple amenaza? Sobre este mismo asunto había dicho Francisco Santos, el embajador en Washington, que para el caso de Venezuela “todas las opciones deben ser consideradas”.

En la campaña presidencial de 2018 el candidato Iván Duque era el líder del antichavismo y cuando llegó a la presidencia arreció en la brega para tumbar a Maduro, lo que se convirtió en la bandera de su política exterior. Durante mucho tiempo el presidente nos puso a mirar hacia Venezuela, pasaron los meses hasta que se produjo el famoso concierto en la frontera; los medios de comunicación mostraron las fotos donde aparecían Guaidó, Mike Pence e Iván Duque; dijeron que el régimen de Maduro caería en pocas horas, pero no cayó, se atornilló en el poder y, meses después, llegó la tormenta social que sacudió a varios países de América Latina, empezando por Chile. Y el gobierno colombiano cometió el error de romper relaciones diplomáticas con Venezuela y de cerrar los 15 consulados que funcionaban en dicho país, para atender a tres millones de compatriotas.

Mientras tanto Trump no se ha quedado quieto, a pesar de la pandemia del Covid-19. No hace mucho, desde la Casa Blanca, se anunció el despliegue en el Caribe de buques de guerra, aviones y fuerzas especiales para perseguir a narcotraficantes, pero todo el mundo entendió que se trataba de asustar a Maduro; lo anterior tiene relación con la otra medida tomada por el presidente estadounidense, quien acusó al líder del chavismo de ser el jefe del Cartel de los Soles y puso precio a su cabeza. De este modo se preparaba el camino para los caza-recompensas, al mejor estilo del Viejo Oeste.

La Operación Gedeón

Como Maduro no cae entonces algunos gobiernos, la oposición venezolana y un grupo de mercenarios, se la jugaron con la invasión, tipo Playa Girón en Cuba (Bahía de Cochinos, abril de 1961). Parece que la idea le surgió a Jordan Goudreau, exsoldado gringo condecorado por su participación en las guerras de Afganistán e Irak; este personaje se convirtió en mercenario y fundó la empresa de seguridad privada Silvercorp, estuvo en Colombia en febrero de 2019 y participó en el concierto organizado en la frontera. Buscó aliados y se encontró con Keith Schiller, antiguo guardaespaldas de Donald Trump y con representantes de Juan Guaidó, con Leste Toledo, un venezolano amigo de Guaidó y con el exgeneral del ejército chavista Cliver Alcalá, narcotraficante del Cartel de los Soles, por quien Estados Unidos ofrecía 10 millones de dólares, pero en ese momento vivía en Barranquilla. De acuerdo con una investigación realizada por la Associated Press (AP) el plan contaba con unos 300 soldados venezolanos, la mayoría desertores del ejército, refugiados en Colombia.

La operación se planeó en el hotel JW Marriot, en Bogotá, donde el narcogeneral expuso que tenía varios grupos de soldados desertores que recibían entrenamiento en La Guajira, en la finca del narcotraficante Elkin Javier López (alias Doble Rueda) . En el entusiasmo pensaban que, si este ejército llegaba a Caracas, las tropas de Maduro se rebelarían e inmediatamente vendría el apoyo de Estados Unidos. Pero algunos analizaron la situación con cabeza fría y desconfiaban del narcogeneral y del Rambo Goudreau;  así,  el plan se empezó a derrumbar. Además, el 23 de marzo la Policía les decomisó 26 fusiles y municiones, en una carretera entre Barranquilla y Santa Marta y el exgeneral Alcalá se entregó a la DEA porque su nombre apareció en el cartel de los más buscados por Estados Unidos.

El plan quedó desarticulado, pero no enterrado, porque Goudreau siguió adelante pero en una operación suicida, como quedó demostrado con la incursión que dirigió, en dos lanchas, el pasado 3 de mayo. La acción se convirtió en verdadero desastre. El gobierno venezolano afirmó que conocía el complot desde el mes de marzo y que sabían que había sido planeado desde Colombia con el conocimiento de Estados Unidos. Pero este fracaso también fue un golpe para Juan Guaidó a quien 50 países lo reconocen como el presidente interino y, como consecuencia, se agudizó la crisis de la oposición venezolana pues un sector dice que Guaidó “no merece ser presidente de ningún país, no por golpista sino por bruto”

Lo anterior demuestra que en la política exterior de nuestro país se vienen cometiendo muchos errores; la obsesión por derrocar a Maduro llevó a la administración a dar pasos en falso, así como la amenaza de romper relaciones con Cuba. Todo hace parte del mismo juego.