21 de enero de 2022
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El mito del último hidalgo

1 de mayo de 2020
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
1 de mayo de 2020

Hace ya algunos años, María Mercedes Molina, quien fuera mi alumna en la Universidad Tecnológica y luego de haber hecho un doctorado en Méjico, incorporada como profesora de la Universidad de Caldas, fue la compiladora de unos textos de personajes destacados entre los cuales se encuentra Guillermo Páramo Rocha. Dicha obra la publicó la Universidad de Caldas con el título de “Grandes temas de nuestro tiempo, en  1991. La definición que hace en el texto Guillermo Páramo de “mito”, me llamó la atención y la considero muy acertada. Dice Páramo: “Los mitos son historias de un pasado que nunca fue presente”.

Yo pienso que de alguna manera que nuestra historia está  plagada de mitos, que han sido acogidos e interiorizados con tal fuerza que aún conociendo el hecho de que nunca fueron presente, siguen teniendo vida. Vino entonces a mi memoria el caso del Escribano Real que tuvo Cartago en el siglo XVIII, Don Thomás Sancena. Dicho Escribano era un hombre de gran reconocimiento, propietario de una casa de techo de paja y unas propiedades en el sitio de Piedras de Moler. Era oriundo del pueblo de Garragamurdi en país Vasco y ostentaba el título de “Hidalgo”.

Sebastián Sancena, su hijo, al morir Don Thomás, solicitó a la Real Audiencia de Santafé que le reconocieran el título de Hidalgo al cual tenía supuestamente derecho a heredarlo de su padre. La respuesta de la Real Audiencia fue negativa porque el título de Hidalgo se concedía por una vida, es decir, fallecido el que tenía el título, no era heredable. Sebastián no se dio por vencido y entonces envió una nueva solicitud pidiendo que se le reconociera un título nobiliario por la línea materna de apellido Parra, pero la respuesta también fue negativa.

Pero, ¿quiénes eran los “hidalgos”?. Eran pobladores españoles que no tenían ningún cruce con negro o indio y muchos era muy pobres, de manera que no tenían recursos para pagar los impuestos al Rey que se denominaban “pechajes”. Entonces el Rey les condecía el permiso para no pagar impuestos por se “hijosdalgo”, es decir, hijos de algo. Pero también el título de “hidalgo” se lo podía ganar un español y los ciudadanos de una población que en determinado momento lucharan a favor del Rey cuando había una guerra con otro país. Eso fue lo que ocurrió con los pobladores de Garragamurdi, quienes lucharon a favor del Rey cuando hubo guerra contra Inglaterra. Y finalmente también era posible adquirir el título un español cuando tenía 5 hijos varones seguidos. Este último caso, la aristocracia se burlaba de quienes adquirían este título llamándolos “hidalgos de bragueta”.

Don Sebastián Sancena, no se conformó con ser un ciudadano más y buscó afanosamente algún título, así que decidió viajar a España para obtenerlo y a su regreso le antepuso a su apellido Sancena, el “Mar”, de manera que a partir de ese momento se llamaría Sebastián de Marisancena, seguramente por haber ido a España atravesando el “mar océano”.

El carácter de Don Sebastián queda retratado cuando en el año 1792 demandó al ciudadano José Alvarez en Cartago porque lo abordó: “diciéndome que yo era igual a él”. Y construyó un palacete de una arquitectura exquisita para albergar a un Virrey que nunca se hizo presente. Alguien escribió un libro sobre este personaje, titulado “El último Hidalgo”, y yo añadiría, “que nunca fue presente..”