18 de abril de 2021
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La gripa y personajes de la carta

17 de abril de 2020
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
17 de abril de 2020

I. CALIBÁN Y SUS RUEGOS EN BOYACÁ

La carta privada que el doctor Laureano Gómez dirigió a un amigo suyo el 24 de octubre de 1918,  publicada en varios medios y que le llegó por wasap a mucha gente, tiene un gran interés histórico por quien la escribió y por el destinatario, por las personalidades que nombra, por las circunstancias del país y del mundo ese año y porque siendo   confidencial y austero su estilo, revela el dramatismo de esos días y la situación económica, la muerte de conocidos suyos y de importantes actores del foro y la política de esos años, a causa de la espantosa pandemia  llamada con triste ironía “Dama española” o gripa española, en la capital de Colombia y alrededores, en Boyacá y otros lugares de la república.

Al otro día, 25 de octubre, El Tiempo describió la situación de quienes contrajeron la gripa que azotaba el centro del país: “… de manera cruel y terrible, la epidemia se ha cebado especialmente en los desvalidos, como sucede en todos los humanos flagelos. Centenares de seres no tienen asegurada la subsistencia para el día siguiente, son para vergüenza de todos, los que más han muerto en las calles”.

Y apenas estaba comenzando. En el mes de noviembre llegó a su pico más alto. Se extendió al Departamento de Boyacá, donde fue todavía peor, por ser su territorio en gran parte rural y aislado del resto del país y del exterior. En él, en el primer mes fueron 2.019 las víctimas y alcanzó una tasa de 4.8 por mil, la mayoría niños y ancianos, en una población de 58.600.  Al, contrario, otra investigación señala la “circunstancia diferencial de Boyacá respecto a otras zonas del planeta es que se produjo una mayor mortalidad en el grupo de edad comprendido entre los veinte y los cuarenta años.” Manejado, se decía, por hacendados, conservadores y clero, no obstante, refiriéndose a los pocos hospitales que funcionaban en 1919 en los 25 municipios, el gobernador afirmaba que “se sostienen de la caridad pública y, en especial, debido al celo y trabajo de los señores curas párrocos y a la abnegación y heroicas virtudes de las nobles hermanas de la caridad”.

El periódico liberal  La Linterna fundado por Enrique Santos Montejo “Calibán”, comentó ese 1918: “… enclavado Boyacá en el corazón del país… le ha tocado vegetar hasta hoy agobiado en una deprimente miseria. Lo que su suelo produce está obligado a consumirlo casi del todo, pues sin  caminos, sin una vía fluvial aprovechable, sin una cuarta de riel, apenas sí tiene una intercambio comercial rudimentario”. La misma publicación informó con alarma el  25 de octubre que solo en Tunja ya estaban afectadas 4.000 personas y tenía 10.680 habitantes.

En la mitad de noviembre, “el desfile de cadáveres por las calles apartadas es continuo” decía un informe. La rogativa “para obtener del Señor que cese el azote de la peste que nos aflige” organizada por los curas, en contravía de las  cartillas que repartió el gobierno y las prevenciones de laJunta de Sanidad, con las imágenes de Cristo, San Antonio y San Roque, milagrosas en las pestes de la Colonia, hizo reaccionar a Calibán que insistió en que el mal no se detenía  con rogativas: «a San Antonio, ni a San Roque, ni a Santa Rosalía, ni al Cristo; solo podrían detenerla medidas higiénicas, medicina eficaces, cuidados científicos,…”.

Un testimonio cuenta que “una campesina lleva al marido enfermo casi arrastrando a la iglesia, en medio de la rogativa…el pobre hombre no toleraba la intensa luz del sol (…), tosía y escupía sangre (…), la esposa nos dijo que lo llevaba a la iglesia para que se confesara. Llévelo al hospital primero, le rogamos (…). No señores, contestó la esposa. El hombre está de muerte y lo llevo primero a la iglesia. Entre a esta botica, volvimos a rogar, le pagamos los remedios. Primero lo llevo a la iglesia, replicó la mujer (…), el pobre campesino murió esa misma tarde sin un remedio”.  El balance al final sería el de 2.800 muertos.