10 de abril de 2020
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Murió de un infarto Las huellas del periodista Alonso Parra

26 de marzo de 2020
26 de marzo de 2020

En su apartamento de Nueva York fue hallado muerto el periodista y abogado manizaleño Alonso Parra Hincapié. Supuestamente, Parra falleció entre el lunes y martes pero sólo se vino a saber hoy la noticia.

Así lo confirmaron miembros de su familia al dar cuenta de que, en vista de que no lograban comunicarse telefónicamente con él, le pidieron a un amigo que indagara, quien pudo establecer que había fallecido en la noche del martes, al parecer de un fulminante ataque cardíaco.

Parra fue un consagrado reportero, quien se desempeñó como corresponsal del diario El Tiempo en Manizales, redactor de planta de La Patria y corresponsal de Radiosucesos RCN en Nueva York entre 1975 y 1979, cuando su director era Orlando Cadavid Correa.

En las madrugadas los habituales oyentes de la cadena radial escuchábamos los informes de Parra desde Nueva York en una voz gruesa, bien timbrada y clara, dando cuenta de los acontecimientos más relevantes en la gran Manzana. Los oyentes no sólo quedábamos atrapados en el embrujo de su voz sino en el enfoque, rapidez y precisión de sus notas de una impecable facturación periodística.

Alternó el periodismo con el ejercicio del Derecho, en Estados Unidos, y además, incursionó en el teatro, en los comienzos del festival internacional de Manizales. En este tema fue un gran aliado del entonces director del Festival Latinoamericano de Teatro, Carlos Ariel Betancur, y del periodista y excorresponsal de «El Tiempo», José Fernando Corredor.

Parra siempre quiso entrañablemente a su Manizales del alma, aunque sus visitas a la capital caldense se volvieron esporádicas después de que no faltaba una o dos veces al año para estar con su familia y sus amigos, entre ellos el comerciante Javier Ríos Ramírez, con quien tuvo mucha cercanía.

Precisamente, Parra le telefoneó recientemente a Ramírez para comunicarle que el 26 de agosto próximo cumplía 81 años y que proyectaba venir a Colombia para que celebraran la fecha con Whisky, espaguetis itialianos  que le encantaban y, devolviendo la película varias décadas,  una buena mano de anécdotas que matizaran de nostalgia y romanticismo aquellas épocas doradas de un Manizales frío pero temperamentalmente caliente.

Pretendía recordar aquellos tiempos pretéritos en los que terminó bachillerato en el Instituto Universitario y repleto de ilusiones deseaba convertirse periodista, anhelo que hizo posible al ingresar a «La Patria» como redactor. Era un «todero» que cubría desde una riña en las «Galerías», una nota social en el Club Manizales y una conferencia de un experto, hasta un acto político. En estos menesteres se entendió muy bien con su compañero de trabajo, el escritor, pintor y periodista Mario Escobar, «compinche» en sus ideas de izquierda, ateísmo radical y devorador incorregible de libros, revistas y todo cuanto caía en sus manos.

La amistad y el colegaje de Parra y Escobar, era considerada en su época como un «peligroso coctel» en una ciudad rezandera que se caracterizaba por un tradicionalismo recalcitrante, católica a morir, admiradora de Laureano Gómez y devota del Sagrado Corazón de Jesús. Una amistad que asustaba al mismo doctor José Restrepo, propietario del medio periodístico, tan católico como el sacerdote de moda en la época, el padre Adolfo Hoyos Ocampo.

Parra era un volcán. Ávido devorador de libros, adquirió desde muy joven una gran cultura que lo convirtió en un sin par contestatario que cargaba a velocidad de vértigo su capacidad argumental. Demoledor en la palabra y afortunado en la construcción de frases llenas de belleza literaria.

Hombre refinado, maniático de la elegancia, obvio que le gustara la buena mesa. Cuando visitaba a Manizales, frecuentaba los mejores restaurantes. Su amigo Javier Ríos cuenta que acompañaba cada comida con una o dos botellas de vino que consumía sacándole el máximo de partido a cada sorbo. La pasta italiana era su gran debilidad.

Una de sus pasiones era el teatro. En la capital caldense fundó un grupo de teatro. En las últimas curvas de su vida, era evidente su inclinación por este arte. En sus años mozos montó una obra de Enrique Buenaventura que resultó tan exitosa que la presentó con éxito taquillero en el teatro Colón de Bogotá después de su escenificación en Manizales, Chinchiná y Salamina.  Siempre habló con mucha propiedad del tema.

Fue apasionado del derecho y pudo estudiar en la Universidad Cuny de Nueva York, en donde se graduó para dedicarse a su ejercicio en la Gran Manzana. Abrazó la disciplina Del Real State (propiedad raíz) y la asesoría a inmigrantes, a quienes asistía en trámites relacionados con nacionalización, expedición de visas y matrimonios. Hacia parte de un pool de abogados latinos que tuvo amplio reconocimiento en esa metrópoli, según recordó el periodista Fabio Arias Ari, uno de sus más cercanos amigos en Manizales.

Hablar o escribir sobre Alonso Parra, da para largo. Hombre polifacético, deja una huella bien marcada en muchos campos del quehacer humano. Tal vez el único paso que no se atrevió a dar en su vida, fue el del matrimonio. Eso sí, le encantaban las mujeres pero siempre se cuidó de avanzar hacia el altar. Una vida así, da para un libro bastante voluminoso. Paz en su tumba.