2 de abril de 2020
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Mi propio derecho a réplica

22 de marzo de 2020
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
22 de marzo de 2020

 


Me declaro fervoroso defensor de la libertad de pensamiento y de la libertad de opinión. Por lo mismo, deseo recurrir al mismo derecho a réplica que invoca el ameno columnista Jorge Alberto Gutiérrez en su artículo del 21 de marzo anterior en el diario La Patria porque, de alguna manera, me siento aludido.

Según el columnista, “meternos mentiras parece ser el deporte que más nos gusta a los manizaleños (…) que, aunque juegan de locales pensaría que no se percatan o hacen caso omiso del flaco favor que le hacen al derecho que tenemos de construirnos como seres civilizados”, y que “desestimulan con sus burlas el valor de muchas iniciativas tanto públicas como privadas…”. Y culmina sus afirmaciones mencionando al Aeropuerto del Café como una de esas iniciativas, que considera “fundamental para el progreso regional”. He tratado de entender esa afirmación. Si mi interpretación es correcta, y eliminando una frase que confunde y que estaba en el lugar en el  que he puesto los puntos suspensivos, el autor del escrito critica a quienes se oponen, según él con mentiras y burlas, y por razones políticas, o de celos profesionales, o por haber escuchado rumores o simplemente “porque somos desafortunadamente así”, el proyecto del nuevo aeropuerto en Palestina. En mi opinión, no todos meten mentiras, y hacerlo no es el deporte favorito de los manizaleños. Existen personas honestas que dicen lo que honradamente sienten. No vivo en Manizales, aunque quisiera, pero la considero mi ciudad y la quiero profundamente. Me duele todo lo malo que le pasa y me alegro de sus triunfos y sus logros, que desafortunadamente, parecen estar disminuyendo. Y opino pensando siempre en qué será lo mejor para esa ciudad. Por eso me quejo de que la Autopista del Café tenga esa gran solución de continuidad entre el Estadio de Santa Rosa de Cabal y la Central de Transportes de Pereira. Y por eso insisto en que se hagan estudios de una posible vía directa entre el mencionado estadio y el puente del Río Barbas sobre la autopista a Armenia, para unir el tramo de doble calzada que ya existe desde Manizales hacia Pereira, con el principal corredor vial del país, la carretera de Buenaventura a Bogotá, la que en un futuro comprenderá el paso cordillerano Calarcá-Cajamarca.

Volviendo a lo dicho por el señor Gutiérrez, me parece que se equivoca cuando dice que el proyecto de Aeropuerto de Palestina es atacado por muchos. Al contrario: son muy pocas las voces que se han levantado en contra de esa obra. Creo que la mayoría de los manizaleños, y prácticamente todos nuestros dirigentes, seguramente de buena fe y por amor a su ciudad, respaldan esa iniciativa porque la consideran benéfica. Y somos muy pocos los que creemos que con esa empresa no se está haciendo nada bueno para Manizales y, de llevarla a cabo, posiblemente se desmejoraría, más si cabe, nuestra situación de comunicaciones aéreas. No lo hago, como dice el columnista respecto a quienes no estamos de acuerdo con el proyecto, ni por intereses políticos, ni por haber escuchado rumores en contra, ni por celos profesionales (no soy contratista de obras públicas), ni por alguna otra razón que él suponga. Otra cosa es que mucha, muchísima gente, estima que ese proyecto ha generado inmensos sobrecostos debidos a errores técnicos y, según creencia popular, a la corrupción. Sobre lo primero, son testigos los terraplenes derrumbados después de haberles inyectado millones y millones de pesos, y la decisión posterior de cambiar la orientación de la pista, después de tanto tiempo y dinero invertidos en desarrollar el proyecto original. En cuanto a lo segundo, fiscales, jueces y tribunales tiene la nación, que son quienes pueden juzgar, condenar o absolver. Los ciudadanos del común podemos creer lo que queramos, pero no estamos en capacidad de definir si allí ha habido dolo o no. Al menos es mi creencia. Me abstengo de opinar.

La gran mayoría de la gente cree con razón que una ciudad como Manizales resultaría beneficiada si contara en sus cercanías con un aeropuerto internacional de las características que le asignan a lo que se pudiera llegar a tener en Palestina. Pero opino que ese es un análisis al revés: lo importante es saber si es factible y si realmente puede funcionar. Porque, así en Palestina nos pudieran levantar una réplica del aeropuerto de Kennedy en Nueva York, si tuviera la misma demanda de La Nubia, no serviría para nada. Se habría hecho el mayor despilfarro de la historia nacional.

Un análisis sereno debería empezar por allí: no por saber si sería bueno, sino por saber si es posible.

El primer factor a considerar se llama Matecaña. Gústenos o no, Pereira puso una pica en Flandes cuando sus ciudadanos salieron con picos y palas a limpiar un terreno que ya de por sí era plano, situado a muy corta distancia del centro de la ciudad, y en un entorno de adecuadas condiciones topográficas y meteorológicas. Hoy en días, teniendo como mercado, además de la importante área metropolitana de Pereira (otra de nuestras frustraciones: apenas en julio se sabrá si los municipios vecinos a Manizales aceptan constituir entre ellos ese importante factor de progreso), la de los municipios cercanos del norte del Valle y del occidente de Caldas, tiene asegurada una demanda de transporte aéreo muy superior a la que podría generar la región central de nuestro departamento. Los dirigentes manizaleños alcanzaron a hacerse la ilusión de que los pereiranos se iban a unir al esfuerzo de la construcción en Palestina y a permitir la desaparición de su magna obra. Ni bobos que fueran. Ya han hecho multimillonarias inversiones que han convertido a Matecaña en una de las terminales aéreas más importantes del país. Ni soñar en competirle. Un aeropuerto ubicado en Palestina, así fuese el mismísimo Kennedy, tendría, lejos, una demanda abismalmente menor que la del de Pereira.

Ante esa absoluta realidad, nos toca bajarnos de la nube de los vuelos a Shanghái, Tokio y Sídney con que nos tienen tramados, y nos quedan dos opciones: O se hace en Palestina una réplica de la Nubia, una pista de 1400 metros, supuestamente con una mejor meteorología y unas características topográficas más favorables, pero más lejos y con una complicada situación vial para su acceso desde la ciudad, o se hace el estudio que nunca se ha emprendido, que permita determinar si es posible, y a qué costo, mejorar las condiciones de La Nubia hasta que cumpla con los requerimientos aéreos de Manizales. No soy experto, por supuesto, pero mientras un estudio serio no demuestre que es imposible mejorar las condiciones de nuestro aeropuerto local hasta el punto en que nos deje a todos tranquilos, no existe razón real para que se haga esa inversión multimillonaria que se requeriría para tener igual pistica en Palestina.

acesLa edad dorada de la navegación aérea en Manizales tuvo lugar por los finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado. Estaba en su apogeo la empresa Aces, que operaba cuatro o cinco vuelos diarios a Bogotá, otros tantos a Medellín y dos vuelos diarios a Cali, en aviones turbohélice Twin Ottwer. Estos equipos estaban dotados de un sistema que les permitía aterrizar y decolar en pistas cortas (Short Take-Off and Landing −STOL− como se conocía en inglés) y su operación era sumamente segura en las condiciones de La Nubia, Muy pocas veces se cancelaban vuelos por razones de mal tiempo. El pasajero podía llegar al aeropuerto 15 minutos antes de la salida del vuelo, dado que los 21 pasajeros se acomodaban en instantes. También la empresa Aerotaxi de Avianca volaba a Bogotá. No se podía pedir nada mejor. Desafortunadamente a los dueños de Aces les dio por competirle a Avianca en las rutas más demandadas, compró aviones jet, y terminó perdiendo la batalla comercial y convirtiéndose en miembro minoritario de la Alianza Summa, conformada por Avianca, SAM y Aces. Finalmente desapareció sin pena ni gloria. Una de sus principales víctimas fue Manizales, cuyos vuelos terminaron en manos del monopolio de Avianca, con las consecuencias conocidas.

Vinieron luego las propuestas del súper aeropuerto en Palestina, acompañadas de una negra campaña de desprestigio contra La Nubia. Que lo llaman “Salsipuedes”, que son más los vuelos que se cancelan que los que se cumplen (muchas veces, según creemos, no por reales razones de mal tiempo, sino para llenar con sus pasajeros frustrados los cupos libres en las naves grandes de Avianca que operan en Matecaña). En fin, un bombardeo de noticias falsas según las cuales poder decolar o aterrizar en el aeropuerto de Manizales es una verdadera lotería. He solicitado a la Aeronáutica Civil algunas estadísticas para comprobar qué tan numerosos son en realidad esos cierres. Gustoso los compartiré tan pronto las reciba. Son datos iniciales del estudio que propongo, que debería hacerse y que podría ahorrarnos varias millonadas y mantener los servicios aéreos en el nivel que necesita nuestra ciudad.