26 de septiembre de 2020
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Orlando Cadavid Correa
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VIS no cumplen expectativas de sus habitantes

10 de febrero de 2020
10 de febrero de 2020

Los programas de vivienda de interés social (VIS) resultan insuficientes, lo que obliga a las familias que las habitan a realizar transformaciones físico-espaciales y cambios en sus dinámicas sociales, debido a la falta de articulación entre sus necesidades y aspiraciones frente al diseño que se ofrece en estos proyectos.

Esta es una de las conclusiones a las que llegó Jennyffer Clavijo Merchán, magíster en Hábitat de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien estudió el caso de un programa VIS en el  barrio Arborizadora Baja (Ciudad Bolívar), promovido por el Estado a finales de los ochenta y principios de los noventa, dirigido por la Caja de Vivienda Popular (CVP).

En este proyecto les entregaron a personas de bajos recursos lotes de 12 m x 3,50 m (en promedio) para la autoconstrucción de sus viviendas. En primera instancia, la unidad básica estaba conformada por un espacio múltiple y un baño, con un área posterior para la futura ampliación, la cual se construiría con una asesoría técnica de la CPV que nunca se recibió, por lo que después las familias decidieron acondicionarlas a sus necesidades.

Entre diciembre de 2018 y marzo de 2019 la investigadora aplicó entrevistas semiestructuradas a cinco familias del barrio, además de historias de vida y otros instrumentos, como ejercicios con maquetas a escala en las que los participantes decidían el tamaño deseado de espacios como la sala, la cocina o los baños, según su imaginario de la casa soñada.

Esto permitió recopilar información para conocer sobre su condición social y económica, su situación antes y después de obtener la vivienda, identificar de cuánto fue la inversión inicial, y cuál el costo progresivo que han invertido hasta hoy. Por ejemplo una de las familias compró el lote en 2,3 millones de pesos y ha invertido 15 millones en remodelaciones, dinero adquirido por medio de créditos y ahorros.

Del dicho al hecho…

“Aunque inicialmente las familias estaban ilusionadas por saber que iban a ser propietarias, luego se dieron cuenta de que los beneficios prometidos en la Caja no eran tan ciertos como esperaban; además debieron enfrentar problemas con las condiciones de los terrenos, que dificultaron la construcción de las casas”, señala la investigadora.

Así mismo la crisis económica de los años noventa ocasionó que los intereses de las deudas adquiridas para comprar la vivienda aumentaran y muchas familias perdieron sus inmuebles para poder pagar.

“Por eso la investigación establece la hipótesis de que existe una imagen implantada por parte del mercado para vender este tipo de viviendas; el imaginario se instala entre quienes accederán a los proyectos a través de fotografías de familias ideales y lemas asociados con un lugar correcto para vivir” asegura la arquitecta.

En una segunda etapa se identificaron y analizaron las transformaciones que se le han hecho a la vivienda en relación con el imaginario que traían las familias, respecto al que crearon para amoldarse al momento de recibir las casas. En este proceso, la mayoría de las familias terminaron modificando la unidad básica propuesta por la CPV, añadiendo hasta dos pisos por encima de los tres permitidos.

A partir de estos hallazgos, la investigadora Clavijo, con la dirección del profesor Carlos Alberto Tovar Torres, hace énfasis en la necesidad de empezar a ver la arquitectura más allá de lo físico: “creo que en los modelos de construcción de VIS se debe implementar la participación de la gente, conocer quiénes van a vivir allí y las expectativas que tienen frente a su vivienda”.

Con información de la Agencia de Noticias UN -Unimedios