25 de febrero de 2020
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Toros Tarde de voluntades sin premio en segunda corrida de abono en Bogotá

10 de febrero de 2020
10 de febrero de 2020
Sebastián Vargas, en la arena de la Santamaría. Foto César Melgarejo, EL TIEMPO.

Víctor Diusabá Rojas

Bogotá, 10 feb (EFE).- Los diestros Sebastián Vargas, Manuel Escribano y Jesús Enrique Colombo se marcharon este domingo sin trofeos pero en medio del favor popular al término de la segunda de abono de la temporada bogotana.

Los toros de la ganadería El Manzanal fueron dispares de comportamiento.

FICHA DE LA CORRIDA

Seis toros de El Manzanal, bien presentados en general y desiguales de comportamiento. Bravos en el caballo. Pitos al primero, ovación al segundo, pitos al tercero, palmas a cuarto y quinto. Silencio para el sexto.

Sebastián Vargas, azabache y oro. Espadazo y palmas, tras ligera petición. Entera y descabello. Palmas

Manuel Escribano, nazareno y oro. Espada baja y silencio. Dos pinchazos hondos y vuelta al ruedo tras aviso.

Jesús Enrique Colombo, azul cielo y oro. Pinchazo y entera, pitos. Espada a cuerpo limpio y vuelta al ruedo.

LLUVIA DE VOLUNTADES

La suma de esfuerzos no alcanzó para los trofeos, pero el cariño del público bogotano sirvió de recompensa a la terna de la segunda de abono de la temporada taurina bogotana.

Al final, Sebastián Vargas, Manuel Escribano y Jesús Enrique Colombo se fueron en medio de una ovación que no pudo acallar la intensa lluvia que acompaño buena parte del festejo.

La tarde abrió con la confirmación de alternativa en este ruedo de Jesús Enrique Colombo con un toro muy serio que descabalgó al picador, mientras el caballo aguantó como el más de los valientes.

Luego de los buenos pares de banderillas a seis manos por invitación del diestro venezolano a sus compañeros de terna, el ejemplar mostró tendencia a vencerse, hasta despertar desconfianza en el lidiador. Final entre protestas.

Muy templado en el capote anduvo Sebastián Vargas en su primero, con pinceladas de arte y de mando. Otro bravo en la pica resultó ser el animal, tanto como el que le precedió. Y aún más, en dos varas de emoción, yendo de largo. Vino la prueba de fuego y ahí el de El Manzanal mantuvo su nota alta.

Vargas prefirió retrasar la muleta, ante un enemigo sincero que se entregó sin pausa en circulares por la derecha y tandas de series de buena factura sobre la mano izquierda. Espadazo y ovación en el arrastre.

Escribano se puso de rodillas en dos largas cambiadas que le dieron bienvenida al tercero, otro bravo en la acertada vara de Luis Viloria.

El toro, jabonero, no se sintió cómodo en los medios y eligió los terrenos de la indignidad. La voluntad del torero español generó el agradecimiento de los tendidos. Silencio.

La segunda parte de la tarde inició con lluvia y, de nuevo, un Vargas muy puesto con el percal. Mientras el aguacero se dejaba venir, toro y torero coincidían en los medios, en una faena templada, digna de otro clima y de otro eco de los espectadores, guarecidos con lo que tenían a mano. Espada entera y descabello. Palmas a los dos.

En el quinto de la tarde, Escribano encontró un piso con agua pero, en partes, en condiciones dignas para hacer el toreo. Un par de banderillas al quiebro mereció el tributo de admiración de una parroquia mojada, pero estoica.

Y estoico anduvo el diestro en los medios para cuajar series que trajeron los olés, la música y la alegría, ante un toro que destacó por la movilidad. Los trofeos se esfumaron por los desaciertos con la espada.

Jesús Enrique Colombo halló su mejor momento con el capote largo y ligado ante el último de la tarde. En la muleta el toro se paró. Vuelta al ruedo, luego de espadazo a cuerpo limpio. EFE