20 de abril de 2021
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Ocaña 450 años

28 de febrero de 2020
Por Jorge Meléndez Sánchez
Por Jorge Meléndez Sánchez
28 de febrero de 2020

Oídme árboles: quiero ese mismo sitio,

las copas florecientes, la luna entre las hojas,

los pájaros del alba y ese viento que siempre me lleva,

que no me deja ser sino otro árbol

entre una luz golpeada por la muerte.

Cicerón Ángel Flórez Moya. Aquellos árboles.

No tenemos suficientes estudios sobre nuestras comunidades aborígenes y, a medida que pasa el tiempo, los especialistas parecieran concentrar la atención en las comunidades sobrevivientes y poco en los estudios arqueológicos. Con más razón en un área de pocos rastros como es el Alto Catatumbo; en la ribera del Magdalena se tienen mayores rastros pero con pocos estudios. Otras regiones del departamento parecen disponer de mejores investigaciones.

El territorio que ocupaban los Barí, conocidos en los documentos como Motilones, correspondía a las vertientes de los ríos Sardinata, Tarra y Catatumbo. Esta situación sugiere que las comunidades propias del Valle de Cúcuta y sus alrededores, no eran Barí y que, equivocadamente, se les confundió con los Chinatos y otros de las vecindades. Para el área de Pamplona, se ha sugerido la filiación Arawak y Chibcha.

La invasión Caribe por el lado occidental del Lago de Coquibacoa, utilizó la puerta de Pelagorro (toponimia actual) para penetrar hacia los alrededores de la Ciénaga de Zapatosa, hacia la ribera del Magdalena y, desde luego, hacia el Alto Catatumbo. Los pueblos indígenas de la región, con filiación Chibcha, fueron afectados por el mestizaje y así podemos verlos al momento de la invasión española.

Estas afirmaciones corresponden a generalidades, pues, por el momento, como hemos advertido, no disponemos de estudios amplios y esclarecedores de los orígenes. Nuestro registro tiene en cuenta las fuentes de la conquista y, éstas, resultan muy precarias para el primer periodo de descubrimiento y conquista. Mientras otros estudiosos ofrecen su contribución, dejamos el tema como sugerencia.

LOS PRIMEROS INVASORES.

Los estudios históricos publicados por Juan Friede y por Jorge Orlando Melo, nos permiten apreciar la forma de ocupación del territorio del Bajo Magdalena y todo el proceso que terminó en la fundación de la ciudad de la Nueva Madrid de Ocaña. Se trata de dos autores que buscaron presentar la forma de penetración continental, a partir de las fuentes documentales existentes en los cronistas coloniales, en el Archivo General de la Nación y en los estudios arqueológicos. Son dos autores que resultan indispensables para tener una visión de esta primera etapa de la ocupación.

Para empezar, tomamos la presentación del profesor Jorge Orlando. Destaca que la costa Caribe, desde el Cabo de la Vela hasta la desembocadura del río Magdalena, fue visitada por buscadores sueltos de indígenas para esclavizarlos y conducirlos a Santo Domingo; esta etapa provocó un enfrentamiento violento, que se prolongó por mucho tiempo. A raíz de las expediciones sobre México, se tomó conciencia de la importancia de la Tierra Firme, en la tercera década del siglo XVI y, de ello, quedó la Capitulación del veterano Rodrigo de Bastidas, en 1524, la cual condujo a la fundación de Santa Marta (junio de 1526). El establecimiento definitivo logró el control pero no la pacificación total.

Los enfrentamientos llevaron a la exploración y mayor conocimiento del territorio de la Sierra Nevada, de la Goagira, de la vertiente del río Cesar y de lo que sería el sur de la jurisdicción de la Gobernación.  Esta exploración mostró el alto costo del enfrentamiento en vidas y en rescates, y motivó la legislación, que ya consideraba imperioso detener la hecatombe indígena, para garantizar las condiciones de existencia de la misma colonia. Quien remontó el río Magdalena, buscando aclarar las características del territorio, fue el capitán Antonio de Lebrija, quien llegó a territorio de los Pemeos y en constancia de su llegada, se bautizó el río Lebrija.

La siguiente exploración correspondió al tudesco Ambrosio Alfinger. Como bien recuerdan los relatos de esta expedición, se trató de una empresa compensatoria de la deuda de la Corona con los banqueros alemanes, mediante la cual, podían verse saldadas las deudas, por el rescate que pudieran obtener en un recorrido por el territorio occidental de Venezuela, y que llegó a penetrar hasta el bajo Magdalena, partiendo de la cuenca del lago de Coquibacoa. Este contacto fue violentísimo y escandalizó a los otros grupos españoles y, de paso, hace mención a un contacto por el Alto Catatumbo, por cuya vertiente se envió un grupo de soldados que trató de regresar a Venezuela para buscar abastecimientos.

Más tarde, cuando el proceso de penetración avanzó hacia la meseta Chibcha, los reclamos de Santa Marta a un ampliación territorial, se hicieron constantes por su esfuerzo descubridor, pero sin éxito en el reconocimiento, porque la riqueza del territorio interior, originaba otra jurisdicción que se llamó del Nuevo Reino de Granada, por decisión de Jiménez de Quezada. Santa Marta tenía serios problemas para el sostenimiento de un territorio, que servía de frontera vulnerable hacia el mar y a otras jurisdicciones y porque los costos del mantenimiento, resultaban gravosos y sin fuente fiscal suficiente. La competencia de la recién fundada ciudad de Cartagena de Indias (1533) y el atractivo de que del interior coincidían con el reino del Perú, abrió el paso definitivo a un despoblamiento y, en una primera etapa, en detrimento de la ciudad que había iniciado el proceso.

Para la definición político administrativa de la Gobernación de Santa Marta, se tuvieron presentes las necesidades creadas desde la fundación de la ciudad y se reconoció su papel en el Alto Catatumbo, al crearse el mojón que todavía se llama Alto de Jurisdicciones, el cual, sigue jugando papel importante en las comunicaciones satelitales de nuestros días. Esta frontera tenía en cuenta la elevación de la cordillera en Santurbán, el límite marcado por el río Lebrija y, a su lado, Simití, en jurisdicción de Cartagena.

FUNDACION DE LA NUEVA MADRID DE OCAÑA

Las reglamentaciones dadas por la Corona para el tratamiento de las comunidades indígenas, crearon encomiendas en territorios vulnerables por la resistencia aborigen y se buscó con ellas, establecer la comunicación pacífica que permitiera la colonización definitiva. Este periodo comprendió la etapa anterior a la fundación de la Real Audiencia (1550) y facilitó las primeras acciones reguladoras en cuanto a nuevas expediciones, a nuevas fundaciones y el establecimiento de un control político administrativo definitivo. Esta situación caracterizó el proceso fundacional de la ciudad de Ocaña.

Entre las primeras exploraciones, por el lado de la ribera del Magdalena y el momento fundacional, trascurren unos cuarenta años. En ese intermedio, se destaca la promulgación de las Leyes Nuevas (1542-1544), con las cuales, se buscó remediar el desorden de la ocupación y los abusos. Ese fue el antecedente de la creación de la Real Audiencia (1550) y su posterior actividad que dividió a muchos conquistadores por sus ambiciones personales.

Con la nueva legislación se prohibieron nuevas expediciones y, explica el caso de Hortún Velasco, quien bajo órdenes del Cabildo de Tunja salió a buscar camino hacia el Lago de Coquibacoa y, por ello, fue neutralizado por Miguel Díaz de Armendáriz, mediante el encargo de control a su sobrino Pedro de Orsúa, quien, legalmente fue el fundador de la ciudad de la Nueva Pamplona. Mientras se aclaraba el efectivo dominio de la Audiencia, las encomiendas se entregaban a comunidades religiosas, que cumplirían el encargo del Justo Título, es decir, la evangelización. Esa situación caracterizó dos decenios, 1550-1570.

Para el año 1561, dos Alcaldes Ordinarios, comisionados por el Cabildo de Pamplona, intentaron fundar Santa Ana de la Nueva Madrid de Ocaña, pero, inmediatamente, Santa Marta reclamó jurisdicción e impidió el proceso, a pesar de aceptar la adjudicación de tierras, a algunos conquistadores. Pamplona insistió en su salida al Magdalena y, por ello, el encomendero de Las Arboledas, Francisco Fernández de Contreras, exploró la región noroccidental, hasta que, finalmente, el apoyo de sus paisanos de Pedroche, el Obispo de Santa Marta, Juan de los Barrios y el Gobernador Pedro Fernández del Busto, facilitaron el acuerdo que terminó en la fundación ceremonial del 14 de diciembre de 1570. El acuerdo daba a los encomenderos pamploneses la posesión efectiva de tierras y encomiendas y, a los samarios, la jurisdicción política administrativa; curiosamente, esta situación evolucionó en forma muy particular, al consagrar la jurisdicción colonial como región que sobrevive, todavía, en la Diócesis de Ocaña, creada en 1962, independiente de la división territorial del Departamento Norte de Santander, del Cesar y de Bolívar.

La jurisdicción de la Ciudad de Ocaña partía de San Pedro (hoy Villa Caro), encomienda de pamploneses y, buscando el occidente, llegaba a la vertiente del Catatumbo, al valle del Magdalena y a la ciénaga de Zapatosa. Con esto se aclara que no hubo la “primera” fundación en 1561, que se iniciaron trámites legales mediante el ritual respectivo, en 1570, que la ubicación urbana tuvo de referencia el río Grande del Tejo y no el Algodonal, lo cual significaba que la ciudad empezó a poblarse por esos lados, que, más adelante, llevaron a la delimitación de la Plaza Mayor y a la distribución de solares. La erección de la Villa de Leiva, 1570, es “gemela” de la fundación de Ocaña y, al igual, fueron debidamente planeadas, una para descongestionar aspiraciones de los descendiente de conquistadores y otra para lograr la salida al Puerto Real de Ocaña, proyecto aprobado, en 1575 y creó el Real Ayuntamiento en 1576.

Los libros que amplían este tema y dan el soporte documental a esta columna, se pueden adquirir en la Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero.