28 de mayo de 2020
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Líneas rojas de una reforma pensional

19 de febrero de 2020
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
19 de febrero de 2020

NO SE DEBE FALTAR A LA FRANQUEZA. La jurisprudencia ha definido el manejo pensional como el de intereses fiduciarios de alta complejidad, en el que los afiliados deben recibir la más completa información, y contar con asesoría experta. Con mayor razón ellas deben ser abundantes en un debate sobre reforma pensional.

No hay debate franco cuando no hay propuestas, y no lo hay cuando solo se señala lo que NO se va a hacer, sin indicar lo que SÍ se va a modificar. El Gobierno se ha limitado a decir lo que NO se hará: no incremento de cotizaciones, ni de la edad, y NO eliminar a Colpensiones.

Hablar en un sistema pensional en el que no importa la edad, como lo afirma el presidente de los gremios de las administradoras del RAIS, es decir una verdad seriamente incompleta. No puede soslayarse la edad sabiendo que es una variable principalísima en la acumulación de capital para el Régimen de Ahorro Individual, o para el costo actuarial en el de prima media.

Solo hay un escenario en el que esa afirmación es válida. Lo es respecto al RAIS y para quienes asumen que no importa el valor de la mesada, que se cumple con el que se pensionen, con cualquier valor.  Esto es lo que les sucede a las mujeres, que tiene menos tiempo para acumular capital y más para gastárselo, con el resultado cierto de mesadas que apenas alcanzan a un cuarto del ingreso laboral.

No se pueden formular propuestas sin saber costos y beneficios reales, tanto del Régimen de Prima Media, como el de Ahorro Individual. Aquellos se inflan, realizando proyecciones como si todavía estuvieran vigentes regímenes a los 55 años, o con mil semanas. Y el de este se opaca, no está ni siquiera al alcance de los expertos, quienes se quejan de la falta de transparencia informativa del RAIS. La rentabilidad, sobre la que se discrepa,  no puede quedar librada al simple juego de la metodología para el cambio del valor de la unidad.

Si para romper el paradigma hasta tanto vigente (1993), el de que la Seguridad Social es una actividad propia del Estado, se partió del supuesto de los beneficios de entregar el manejo de los ahorros a los particulares, hoy, esa especulación debía ser asunto demostrado, o desvirtuado, pero hoy estamos aún en veremos.

NO DEBILITAR LA SOLIDARIDAD INTERGENERACIONAL.  La estructura salarial no les permite a los trabajadores acumular dinero suficiente para protegerse decorosamente en la vejez. Se hace indispensable, cuando estos ya estén retirados, de recibir la solidaridad del grupo de trabajadores activos.

En este terreno el sinceramiento de cuentas supone que el esfuerzo solidario es intracomunitario, y no una carga del Estado. Este ha de ser fiel al espíritu de la parafiscalidad, por la que el Estado solo presta su poder impositivo, para fortalecer acciones solidarias de un grupo.

Esta base de todos los sistemas pensionales del siglo pasado, entró en crisis por la modificación de la pirámide poblacional, esto es, por análisis demográficos cuantitativos, reducidos a establecer cuantos trabajadores activos se necesitan para asumir el costo de un retirado, advirtiendo (cada vez son menos). Pero hay otro concepto cualitativo más apropiado y revelador, el del bono demográfico, que se da cuando el balance entre la población activa, y la de los menores y mayores sumados, es a favor de aquella. Colombia tiene al menos dos décadas con bono demográfico, que solo es aprovechable con sólidas políticas públicas en educación, y trabajo formal. Más que número de gente, se trata de lograr una mayor productividad.

NO CARGAR AL REGIMEN CON LAS OBLIGACIONES DE ASISTENCIA SOCIAL. Los aportes parafiscales lo son para consolidar una sociedad alrededor de los derechos de la seguridad social, y son a cargo de los impuestos la redistribución del ingreso a través de cargas impositivas progresivas, y para atender entre otras cosas, la asistencia social a los de la tercera edad carentes de sustento. En otras palabras, el sostenimiento de los mayores indigentes, ha de sostenerse con rentas provenientes de impuestos, mecanismo propio para la redistribución de ingresos. Es paradójica que la sensibilidad por los más desvalidos sirva para proponer solo redistribuir rentas de trabajo, y no cuestionar las exoneraciones tributarias al capital.

La línea de menor resistencia política es no incrementar impuesto a la riqueza, no afectar directamente los altos índices de concentración de las rentas y capital. Esa es la verdadera vergüenza del país en el concierto de naciones, la aguda desigualdad. El índice Gini, del 2017, de concentración de la riqueza para personas jurídicas es del 0.974, y de Ingresos Brutos es de 0.9593. Y pese a ello, el Índice General de Desigual ha mejorado en los últimos veinte años, en 10 puntos, siendo hoy de 0.497. Pretender mejorarlo sin distribuir riqueza, afectando sólo las rentas de trabajo, de las que hacen parte los llamados ¨subsidios¨ pensionales, es un distractor de la verdadera labor que se debe realizar,  documentada en La dinámica de las desigualdades en Colombia (Garay y Espitia 2019), y la que impone de partida, como lo indican, superar el marcado sesgo tributario ¨pro rico¨.

NO COMBATIR LA INEQUIDAD. La Seguridad Social no debe reproducir la desigualdad laboral, medida por el factor existente entre el salario mínimo y el de los más alto funcionarios del Estado. En España ese factor es de 10. Y, entre nosotros de 33.3. Y para ello, debe regresarse a los topes de pensiones que rigieron el antiguo régimen de los seguros sociales, y por el que el Sistema de Prima Media cubra pensiones de hasta de diez salarios mínimos. Y esta consideración se hace por la embestida contra este Régimen con la llamada ¨pensión básica universal¨, por la que este Régimen solo recibiría cotizaciones de salario mínimo. ¡Que forma de fortalecer Colpensiones! Universalizar su afiliación, pero descremando el mercado a favor de las administradoras privadas de pensiones.

La Seguridad Social debe asumir equidad de género de manera efectiva y corregir la laboral. Se debe replantear el tema de la edad de las mujeres, en particular en el RAIS en el que una menor edad se traduce en pensiones más bajas. Y, a cambio de elevar la edad en el Régimen de Prima Media corregir la desigualdad laboral, -se estima por media que los hombres ganan más de un tercio que las mujeres en actividades similares-,   darle un tratamiento más favorable en la tasa de remplazo, el porcentaje que se aplica al ingreso base, para determinar el monto de la pensión-. de manera tal, que si la que hoy se aplica es una que va entre el 55% y el 75%, para las mujeres lo sea del 65% al 85%.

La equidad con el afiliado, se ha de traducir en que sean predominantes sus intereses, no los del administrador. Esto es lo propio de un capitalismo por acciones. Pero ocurre, que aquí los afiliados no tienen voz ni asiento en las juntas directivas, y podría pasarse esto por alto, en un escenario de confianza en el autocontrol de las administradoras. Pero esta autocontención se ha relajado. No de otra manera se entiende que hayan obtenido la autorización del Gobierno para auto préstamos, el tomar los ahorros pensionales que administran, y convertirlos en capital de trabajo de los grupos económicos al que pertenecen.