28 de febrero de 2020
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Leyenda

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
14 de febrero de 2020
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
14 de febrero de 2020

Conoció la dureza de la calle desde muy chico. A los cinco años ya debía trabajar en las vías de la ciudad, vendiendo refrescos y dulces con el fin de contribuir a los gastos de la casa  que eran muchos, pues dar alimentos y vestido a seis hijas mujeres y un hijo varón, a una madre que apenas estaba en capacidad de ser ama de casa ,  de por si era bastante difícil  cuando el padre estaba y aportaba  de lo que se ganaba en oficios demasiado humildes, hasta cuando la irresponsabilidad, un nuevo amor, la decepción, la depresión, la angustia, la cobardía o cualquiera que haya sido la causa lo llevaron a abandonar el hogar,  cuando el  único hijo varón  intentaba salir de la primera infancia.

Ese niño se había tenido que concientizar desde antes  que debía trabajar para ayudar al sostenimiento del hogar. Cuando el progenitor los abandonó del todo, inicialmente lo extrañó, pero de alguna manera su vida no cambió pues ya estaba habituado a ir a la escuela y al regreso salir a las calles a vender dulces con el fin de conseguir unos pocos centavos, guardarlos muy bien en  sus bolsillos y llevarlos a casa como aporte del sostenimiento de la familia.  El padre se fue. Ya no se volvieron a oír los lamentos y las maldiciones de quien no lograba  tener unos ingresos más dignos para esa numerosa familia, que solamente pudo detenerse en la descendencia en la medida en que él se privó del contacto sexual con su esposa.

No se hablaba para nada de planeación familiar, ni mucho menos de controles a la natalidad, era algo que se ignoraba porque el mundo aún no se daba por enterado que el crecimiento poblacional terminaría atentando contra el hombre mismo, por la llegada incontrolada de nuevos seres a una tierra que nunca se ha ampliado y no se va a ampliar. Ya las protestas, algunas veces resignadas, otras airadas, las más de las veces angustiadas, del padre, no se volverían a oír en casa. Nadie supo para donde se fue ese padre. Nadie se interesó nunca en averiguarlo, por pudor la esposa no lo hizo, por incapacidad las hijas menores no lo intentaron, por falta de tiempo el único varón  consideró que no tenía espacios  que perder en buscar al que ya no quería estar con ellos, sus hijos y su mujer.  Jamás volvieron a saber de él.

En los mejores días de las ventas de dulces y refrescos, el muchacho llevaba a casa  lo suficiente para que al menos hubiera una comida en el día para todos. En no pocas ocasiones llegaba con mucha angustia, muchos cansancio y con la noticia negativa de no haber  ganado gran cosa. Pero no tenía alternativa a seguir trabajando en eso, porque nadie le iba a dar trabajo formal a un niño, por fuerte que apareciera.  Poco a poco fue creciendo y se siguió esforzando en las ventas callejeras, hasta cuando logró conseguir trabajos como dependiente de tiendas de variedades con cuyo salario ya hubo una mínima estabilidad en el hogar.  Ni las hijas, ni la madre volvieron a extrañar a aquel padre que un día se fue sin decir adiós, como tantos que se han ido en el mundo, aunque una gran parte de ellos cuando se les viene la vejez encima, las enfermedades, las limitaciones y las invalideces regresan arrepentidos a pedir perdón, y antes que nada, ayuda a sus hijos, quienes  recurren a sus emociones para socorrer a quien nunca ayudó. No fue el caso. Ese campesino nunca más regresó. Jamás se volvió a saber nada de él y la memoria que ese hombre  posterior tuvo de él, no pasó de esa borrosa imagen que se puede formar un chico de cinco años  de quien ostentaba la autoridad en casa.

Luego vendría una vida entera en la que cosechó los miles de éxitos que él mismo fue sembrando poco a poco. Al terminar sus estudios de secundaria quiso ingresar a la Universidad. Cuando acudió a tramitar su matrícula se dio cuenta que debía disponer de unos recursos económicos para pagar los costos. No tenía un  peso, apenas las ganas ilimitadas de ser alguien en la vida. Cuando intentaba salir de la Universidad, se devolvió de la puerta, buscó la Rectoría, habló directamente con el Rector y le solicitó que le adjudicara una beca, pues su deseo era estudiar y sacar adelante a su familia. El Rector  le dijo que hicieran un compromiso: le daban le beca, pero mientras estudiase se desempeñaría como jardinero. No dudo un segundo en  aceptar y mientras cursó sus estudios de 1935 a 1939 no solamente  desempeñó el oficio de jardinero, sino otros oficios menores de los que siempre estuvo orgulloso, pues eran los trabajos que le permitían ese gran descubrimiento que es ir apoderándose de muchos conocimientos en aquellas materias que son del gusto del que estudia. Al final se graduó en letras y con su título bajo el brazo se fue a la Academia Norteamericana de Artes Dramáticas y concursó por una beca para estudiar teatro y dramaturgia, que era el camino escogido  por él hace muchos años, cuando estando en la escuela siempre era el encargado de la declamación de largos poemas aprendidos de memoria en los actos públicos de la institución. Le ayudaban  su voz, su expresión corporal y sus apoderamientos de las emociones de cada verso.

A esas cualidades de alguna manera suyas, le había agregado durante sus estudios  universitarios  que se había inscrito en el equipo de lucha libre y llegó a ser campeón de la universidad y campeón nacional universitario, lo que le permitió el desarrollo muscular de un cuerpo masculino ejemplar que  en cierta medida ayudó  a verlo como futura figura del cine, en los tiempos en que la presencia física era determinante para la aceptación del público universal.  Era de los bonitos y los bonitos tenían futuro. Nunca dudó en gastarle muchas horas al entrenamiento físico para lograr el cuerpo del que siempre estuvo muy orgullo y que le abrió muchas puertas, muchos corazones y muchas hermosas piernas femeninas.

Cuando se intenta conocer un poco de su vida, se logra entender que fue una construcción personal realizada con sumo cuidado y que por ello siempre la supo cuidar y nunca la malgastó en lo que no debía, pues siempre supo que era lo que quería en el siguiente paso.  De ahí que no aparezca extraño que se haya ido de este mundo físico cuando ya tena  perdería  por un motivo  emocional de los que tantos fracasos marcan en los seres humanos. os defectos humanos o lo perderestía encima de sus hombros un poco más de 103 años, edad poco común , incluso  ahora, cuando las personas han aumentado considerablemente su expectativa de existencia. Y además llegar a esa edad en plena lucidez y consciente de las personas que lo rodeaban, especialmente de su esposa Anne, de quien estuvo enamorado por más de setenta años, en la seguridad de que  desde que la conoció sería la mujer de su vida y ella en la seguridad de que o estaba dispuesta a perdonarle tantos defectos humanos o lo perdería  por un motivo  emocional de los que tantos fracasos marcan en los seres humanos. Ya ese ser humano no está. Su presencia, la que él mismo edificó , va permanecer por siempre, como que es parte sustancial de un arte que sigue siendo una diversión universal, que  carece de diferencias en nada. Es mas que esencial su presencia, es una leyenda. La misma que se fue conformando poco a poco en la medida en que sus personajes eran creíbles, convincentes y se les lograba identificar con su mismo cuerpo. Para cuantos de nosotros una figura de ficción como Espartaco, tuvo cara, cuerpo, músculos y expresiones humanas en la figura de Kirk Douglas, quien ha muerto en Beverly Hill, Los Ángeles, California, el pasado 5 de febrero.  Y no solamente ese personaje mítico sino muchos otros, tantos como las 86 películas en las que actuó.

Esa leyenda tan conocida por el mundo, no se llamó al nacer Kirk, ni se apellidó Douglas, pues nacido en el seno de un hogar muy humilde en la localidad de Ámsterdam, en Nueva York, era hijo de campesinos judíos llegados de las estepas de Bielorrusia, en esa migración masiva del siglo XIX, cuando tantos pobres europeos se vinieron a hacer la América.  Al nacer se llamó Issur Danielovich Demsky, hijo de  Herschel Demsky, quien trataba de sostener una familia integrada  por una esposa analfabeta y seis hijas menores, a más de un hijo muy pequeño, que tuvo el deber de ser consciente de que ninguna de sus hermanas podía ayudar, entonces, a su padre, con algún trabajo, por lo que no dudó  en irse a la calle a vender dulces y refrescos para apoyar al progenitor.

El padre vendía de puerta en puerta verduras y legumbres.  Muchas veces  el padre llegaba con muy poco dinero y el hijo traía un poco más. Se juntaban esas porciones de pobreza y al menos de allí salía una comida ordinaria en el día para la familia.  Un día el padre salió a trabajar y nunca más volvió.  Lo tomaron como un abandono, aunque nadie supo que le pudo pasar. Lo normal era  que se abandonara a la familia, para eludir tantas responsabilidades tan pesadas y tantas angustias ante la incapacidad de sostenerlas con esa ignorancia a cuestas.  Su padre era procedente de la región de Chavusy, en el área de Maquilov, en el Imperio Ruso,  en la geografía de Bielorrusia. Esa historia de su padre la contó el actor en muy pocas ocasiones y siempre trató de hacerlo de la manera más objetiva posible.

Cuando decidió competir en lucha libre, en ejercicio con sus compañeros de entrenamiento  buscaron un nombre que fuese fácil de pronunciar y memorizar, especialmente en inglés, pues no dejaba de ser poco atractivo un nombre en ruso.  De ahí nació el Kirk Douglas, acompañado de muchos triunfos y muchos títulos. Le gustó, lo adoptó como propio y con ese apellido fue capaz de construir una especie de dinastía de la industria del cine, en la que su hijo Michael, el mayor,  ha hecho también una gran carrera como actor , productor y director.

Con su trabajo callejero y como dependiente de almacenes y tiendas logró cursar sus estudios básicos. A los 17 años quiso ir a la Lawrence University, viendo inicialmente frustradas sus aspiraciones por carecer  de cualquier disponibilidad económica para asumir gastos de matrícula. Se iba del claustro con la frustración de no poder obtener un título profesional que lo habilitara para ser algo más  que un dependiente de tienda. De la puerta se regresó y buscó la Rectoría. Habló con el Rector y le pidió una beca. Este se la concedió a cambio de ser el mejor estudiante y el jardinero de la Universidad. Lo fue por mucho tiempo y luego se ocupó de otros oficios menores, de los que siempre estuvo orgulloso, pues era lo que le permitía estar en esos claustros, en los que se sentía que estaba haciendo lo que buscaba y a través  de la literatura y ese mundo grandioso de la imaginación, iba descubriendo esas fronteras en las que no caben imposibles.

Cuando en 1939 logró la beca en la Academia Norteamericana de Dramaturgia encontró el camino definitivo de lo que seria  su existencia. El teatro se convirtió  en una manera de ser, de vivir, de pensar, de soñar, de sufrir, de gozar, de ser muchos a la misma vez.   Por allí fue su inclinación definitiva  y desde ahí comenzó a construir un futuro.

Debutó en Brodway, la meca del teatro en Nueva York, en 1941 y siempre mantuvo estrechos lazos de identificación  con las tablas, en las que cosechó muchos triunfos. Los aplausos lo llevaban a ese mundo con el  que soñaba en cada día. La meta la desconocía, pero los pasos que debía dar en medio de la disciplina, del estudio, del aprendizaje constante si era su quehacer diario. Ninguna dificultad le parecía importante, pues las dificultades las aprendió a dominar cuando apenas era un niño. En 1943 se casó por primera vez y de esa unión, que se terminó en 1853, nacieron sus hijos mayores Michael y Joel.

En 1946 debutó en el cine  en la película “The Stranger Love of Martha Ivers”, bajo la dirección de Lewis  Milestrone.  Su presencia escénica impactó de inmediato en las salas de cine, por lo apuesta de su figura, por las expresiones faciales contundentes en su personaje y por la nitidez de su voz que le daba mayor trascendencia a lo interpretado.

En 1954 Disney lo llamó a participar  de una gran proyecto cinematográfico cuando comenzaron las producciones de gran presupuesto y los espectáculos masivos  de cine con el apoyo de las nuevas técnicas de imagen, de sonido, de coreografía, de escenarios naturales.- Lo llamaron a participar en 20.000 leguas de Viaje submarino, basada en la obra inmortal de Julio Verne, que se convirtió en un suceso extraordinario en todas las salas de cine del mundo, donde por muchos meses se hicieron grandes fialas de espectadores para verla. Kirk Douglas era uno de los protagonistas. Ahí lo graduaron de estrella y comenzaron a construir una vida que habría de convertirse en leyenda del séptimo arte.

De inmediato el gran director Stanley Kubrick lo llamó a participar  en su filme Senderos de Gloria,  con el que se mostró un cine que corría riesgos, que contaba cosas con agresividad y que obligaba al espectador a estar muy atento para no perder el hilo de la trama, con sonidos que inundaban las salas y hacían más poderosas las escenas.

De ahí en adelante vinieron muchas cintas. Hasta completar 86. Fue candidato al premio a mejor actor protagónico en  los  Oscar  en tres ocasiones, pero la Academia de Hollywood se negó a concedérselo por sus ideas políticas de reclamación ante los poderosos  y el abandono de los más humildes, de esos a los que perteneció su niñez y su familia. Finalmente en 1996 la Academia accedió a reconocer toda su vida cinematográfica y le otorgó un Oscar honorifico, que recibió cargado de orgullo y en la seguridad de que se lo había ganado con lo que había sido su vida. Nadie le ayudó. Lo había edificado él mismo, como todo lo suyo.

En el 2005 filmó su última película, “Ilusión”, bajo la dirección de su hijo mayor Michael  y de ahí en adelante  se retiró a sus jardines al lado de Anne Buydens, su segunda esposa, a quien conoció como productora de Hollywood en 1953, se enamoró perdidamente y ella lo hizo a un lado, por considerarlo un actor  infiel con su esposa, quien lo había dejado por esa causa, y quien parecía llegar a su vida sólo por sexo. El le demostró que era amor y durante setenta años se lo hizo saber. Ahora ella lo sobrevive, con un poco más de cien años y siendo la misma enamorada del hombre de su vida, que para ella era un hombre, aunque para todos fuese una leyenda. Tuvieron dos hijos. Eric y Peter. Fue una pareja ejemplar en el mundo de las estrellas de cine, que vivieron felices por más de setenta años, con base en la plena tolerancia. La primera esposa de Kirk, Dianne Douglas, se hizo muy amiga de Anne, al punto de que esta al referirse a aquella hablaba de “nuestra primera esposa”, nunca de alguien ajeno a la familia, tal como lo refiriera él en su autobiografía.

Kirk Douglas, el actor de carne y hueso de fuertes músculos y  dura expresión   de rostro, se ha ido de la vida, para que sea su leyenda la que lo sustituya de aquí en adelante.  En el cine lo hizo todo: actor, director, productor, guionista. Vale la pena  retornar a ver muchas de sus películas, que ahora están disponibles en los medios tecnológicos.  Una vida construida con grandes esfuerzos y excelentes resultados. Cuando se viene de abajo, se sabe valorar la grandeza.