22 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Languidecer el régimen de prima media camino a elevar el costo para la nación

6 de febrero de 2020
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
6 de febrero de 2020

Por Eduardo López Villegas

Se nos anuncia una reforma de pensiones, la que significará un enorme sacrificio para algún grupo de la población. ¿Cómo justificarla?

Por tratarse de la seguridad social toda desmejora debe ser razonablemente formulada, y ello supone que debe traducirse en un beneficio social. El costo debe compensarse con una buena causa. Pero, ojo, que ese buen corazón no sea sólo un mascarón de proa.

Los que van contra el Régimen de Prima Media se han abastecido de municiones en los costos elevados. Las cifras no dan para estar, como hace veinticinco años, próximos al estallido de una bomba pensional.  De hecho, algunos estiman que el costo se ha estabilizado en los últimos años en una cifra que ronda el 3.5% del PIB. ¿Es elevado? Sí y no. El gasto en pensiones en Colombia, pesa en el PIB, menos que en el de Argentina, Uruguay y Brasil.

Como los costos no ponen en riesgo la sostenibilidad del sistema, se migra a las consecuencias que se derivan de su costo, de 38 billones del 2018, y que se hacen consistir en que, por gastar la plata en pensiones, no la hay para salud, para educación, para vivienda.

Descalificar un gasto por los beneficios que reportaría si tuviera otro objeto, como el número de desayunos escolares que se servirían con el premio a la mejor novela del Ministerio de Cultura, es falaz y ruin.  Supone que es prescindible proteger la vejez. Dejemos de lado discutir la validez de ese argumento, y admitamos que hay que contar con una noción compartida de necesidades y también que hay lugar a hacer ajustes políticos.

Debe quedar fuera de duda la necesidad de proteger la vejez. Que las pensiones han de valer como mecanismo efectivo para el retiro, reponiendo parte significativa de los ingresos que se dejarán de recibir; que han de valer como beneficio social representado en un pensionado alrededor del que se reúne la familia, y no una carga que los hijos se la turnan por sorteo.

Siempre cabe la posibilidad de racionalizar todo gasto, incluido el pensional. Para hacerlo se debe identificar donde están los mayores costos pensionales, y no como suele hacerse, por mala leche contra el sistema de Prima Media, atribuirle todo lo oneroso del gasto, y así allanar el camino para su reforma. Es como si para promover el turismo nacional, se descargara toda la molestia por los elevamos costos, contra el sector hotelero, dejando intacta la regulación del precio del pasaje aéreo.

El mayor costo pensional que tiene Colombia lo es, justo, por el rezago que históricamente ha tenido para proteger con Seguridad Social a sus funcionarios públicos. Lo tuvo para con sus trabajadores de ayer en Cajas de Previsión que fueron casi en su totalidad, un fracaso, liquidadas por insolventes. Y el costo de las pensiones hoy lo asume la Nación con trasferencias al Ministerio del Trabajo, por nueve billones el año del 2018.

Y a los funcionarios, para quienes no ha habido modernización de su régimen pensional y que no hacen parte del Sistema General de Pensiones, profesores, policías y militares, en la misma anualidad, las trasferencias sumaron más doce billones.

Y para los que fueron funcionarios suyos que están próximos a pensionarse en el Régimen de Prima Media, 2.5 billones que se entregan a las Administradoras de Pensiones para redimir los bonos pensionales.

Y para COLPENSIONES en el 2018, nueve billones para su déficit, que es el único costo a cargo de la nación imputable al Régimen de Prima Media.

Puntualicemos. Cerca de tres cuartas partes del déficit pensional corresponde a la deuda histórica que la Nación tiene con sus funcionarios, y que se genera fuera del sistema de pensiones, o por su incorporación a este Régimen. No es entonces el Régimen de Prima Media que, bajo esta argumentación, hay que reformar.

¿Cómo variará esta situación en los años próximos?

Los bonos pensionales ya están en descenso. El Estado viene cubriendo esa deuda hace veinticinco años, y se ha estimado que ya se está en la cima de la curva, y se está muy próximo al continuo decrecimiento de su valor. Igual suerte las trasferencias para cubrir pensiones de antiguos regímenes, pues no hay nuevos pensionados y sí muchos de ellos que fallecen.

Las pensiones laborales por profesores y maestros se pueden estimar crecerán en los próximos años a razón de quince mil pensionados nuevos. Pero se trata de obligaciones sin respaldo, desfinanciadas. El Estado no cotiza por los militares, y el aporte que ellos hacen solo suma por año trescientos cuarenta mil millones, para cubrir cinco billones.

El Régimen de Prima Media es la columna del sistema, y se estima un ingreso anual de nuevos pensionados del orden de treinta mil. Sin embargo, disminuirá la cobertura pensional, la del grupo de afiliados que efectivamente alcanza a obtener pensión. Las condiciones de acceso se endurecieron, desde hace más de un quinquenio se requieren mil trescientas semanas de cotización, y desde hace varias décadas, desaparecieron regímenes que ofrecían prestaciones con condiciones de acceso mucho más favorables, de quinientas o mil semanas.

Los regímenes de pensiones por Seguro Social, menores de 1.300 semanas ya no están vigentes, para efectos de nuevas pensiones, solo lo están para quienes quieren distorsionar las proyecciones actuariales, que siguen utilizando las bases de los regímenes especiales para calcular el costo del Régimen de Prima Media actual.

Si realmente lo que se pretende es racionalizar el gasto futuro pensional, su reforma debe consistir en modernizar la seguridad social de los servidores públicos que están por fuera del sistema, incorporándolos a él. Pero para ello, tiene que asumir una tarea primera. Y es dejar de utilizar la estrategia de la seguridad social para mejorar las condiciones laborales. A los trabajadores de la justicia, en los años setenta se les ofreció un régimen especial de pensiones, porque no tenían como mejorar sus niveles salariales. Esta lógica sigue imperando. Los niveles salariales del magisterio y de las fuerzas armadas y de policía deben ser nivelados con salario, y no con prestaciones de la Seguridad Social.

El mayor o menor costo del Régimen de Prima Media está en sus afiliaciones y traslados. Por ello es que el buen corazón para proteger la diversificación del gasto social, sea sólo el pretexto para ahondar el problema. En la medida en que se languidezca el Régimen de Prima Media, y a ello apuntan las propuestas que más activamente se han formulado, COLPENSIONES deja de contar con recursos, los que en la misma medida tiene que proporcionar la Nación. Bajo la bandera de aligerar el costo de trasferencias pensionales de la Nación, debilitando el Régimen de Prima Media, lo que se obtiene es acrecentarlo.