31 de mayo de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Fiscal Barbosa, primeras malas señas

19 de febrero de 2020
Francisco Barbosa

A despecho de varios columnistas que perdieron su norte hace ya años, y que enlodaron, de manera lastimosa, la esencia de su oficio de críticos del poder para convertirse en lambones de quienes lo detentan, es sano ejercer vigilancia social desde el inicio de sus gestiones, a los funcionarios que asumen responsabilidades públicas no solo porque la democracia lo autoriza, sino por el impacto que sus decisiones tienen sobre nuestras vidas, las vidas de los ciudadanos. Por ejemplo, hay que seguirle la pista a las primeras actuaciones del nuevo fiscal general, Francisco Barbosa las cuales, si uno quisiera, podría resumir, en pocas palabras, con el sencillo refrán popular que indica que por el desayuno se adivina cómo será el almuerzo. Una hoja de ruta puede guiarnos en el análisis que se haga sobre este personaje de cuyo futuro como alto representante de Estado, pocos se hacían ilusiones antes de que uno de sus amigos de juventud universitaria, Iván Duque, lo escogiera, a dedo, para un cargo subalterno en la Casa de Nariño. Elegido el primero, despejado el camino ascendente del segundo.

Primer escalón: ¿Por qué el mandatario lo incluyó entre sus candidatos a ser fiscal repitiendo la fórmula de “terna de uno” que otros jefes de Estado utilizaron en el pasado? Desde el momento en que se divulgaron los nombres de los tres aspirantes a dirigir el ente acusador, todo el mundo sabía que el elegido era Barbosa. Duque, escasamente conocía a Camilo Gómez y aunque tiene nexos de amistad y motivos de agradecimiento con Clara María González, es, de lejos, mucho más cercano a Barbosa, incluso, a sus padres y esposa como lo ha mostrado la prensa rosa. El nuevo funcionario le garantiza al presidente que su Gobierno no tendrá los sobresaltos que le produciría una Fiscalía autónoma que investigue sin considerar los efectos políticos de los procesos. Y aunque ha pregonado independencia judicial con una cara de prepotencia que no se le conocía hasta hace unos días, el sucesor de Martínez Neira no parece tener vuelo propio. Amanecerá y…

Segundo escalón: ¿Cómo asegurar la elección de Barbosa en la Corte Suprema sin desvío de votos a favor de los otros dos candidatos, o una devolución de la terna? Con presión abierta y clandestina sobre los magistrados. Abierta, en la prensa que, consciente o inconscientemente, transmitía a través de sus reporteros y, a veces, de sus directores y columnistas, “la molestia” de una supuesta opinión pública porque los togados “que incumplían sus deberes” no decidían pronto. Clandestina, mediante la tarea silenciosa pero constante y creciente de otros altos funcionarios de Estado que ayudaron, con su propio poder y ofertas burocráticas, a quebrar la voluntad de los pocos miembros de la Corte que se atrevieron a decir en voz alta que la terna era “mediocre”. Según se ha informado en artículos no desmentidos por los interesados, “hicieron campaña” con los magistrados, a favor de Barbosa: 1. el contralor general Carlos Felipe Córdoba, cuya brillante esposa –Marcela Yepes– tiene uno de los cargos más altos de la Fiscalía mientras su despacho –el de Córdoba– cuenta con el apoyo de Walfa Téllez, cónyuge del hoy fiscal general; 2. El entonces fiscal encargado, Fabio Espitia, que habría aprovechado su amistad con unos togados para “sugerirles” que votaran por quien hoy ocupa su silla a cambio de unas presuntas “cuotas” en la Fiscalía; 3. El presidente Duque a través de su acuciosa ministra de Justicia Margarita Cabello, antes presidenta de la propia Corte Suprema, en donde ejerce notable influencia.

Tercer escalón: ¿Quiénes se benefician con su elección? El uribismo y su jefe, complacidos con la voltereta de Barbosa, del extremo pro-paz con Santos al extremo anti – JEP de Uribe y Duque. Los discursos del presidente y del fiscal recién elegido, revelan la íntima y tal vez ilegítima relación Ejecutivo- Fiscalía: Barbosa presentó casi como propio el propósito de bloquear la supuesta aspiración presidencial del liberal Fernando Carrillo quien podría hacerle competencia al candidato del senador Uribe; y Duque, sin tino ni tono, le pidió, como si siguiera dirigiéndose a su subalterno, acelerar el proceso por el magnicidio de Álvaro Gómez, de tan alto interés para sus aliados conservadores, sedientos de venganza política, no de justicia.

Cuarto escalón: ¿Quiénes harán parte del equipo de la Fiscalía? Una lista rápida muestra el panorama que veremos en este nuevo periodo desafortunado: además de la esposa del contralor general a la que premió con ascenso, Barbosa nombró a Zaida Barrero de Noguera, recalcitrante enemiga del Acuerdo de Paz y esposa de Rodrigo Noguera, rector de su universidad y la del presidente Duque, como directora de Justicia Transicional, un cargo del que dependen los procesos de los paramilitares que provengan de la JEP. ¡Vaya estrategia! Barbosa nombró también en el cargo clave de jefe de los fiscales delegados ante la Corte, a Gabriel Jaimes, segundo de Alejandro Ordóñez no solo en su procuraduría sino también en el extremismo religioso. Y en dos días, el nuevo fiscal general llegó pisoteando a la gente: varios directores de área fueron notificados de que debían dejar sus puestos en dos horas. Y trasladó sin formula de juicio a 20 fiscales especializados en terrorismo a fiscalías seccionales mientras se anunció que se hará lo mismo con 25 fiscales anticorrupción. Botó a la calle a la directora de Medicina Legal. Con razón se dice que quien no conoce el poder, cuando lo consigue, enloquece.

Cecilia Orozco Tascón
El Espectador