27 de mayo de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Educación sexual: un asunto de responsabilidad múltiple

Profesor comprometido con la transformación del país a través de la educación. Formado en Lic. En Biología y Química, Mg. En Enseñanza de las Ciencias, Doctorando en Didáctica y constante investigador vinculado a la educación universitaria. Twitter: @DavidAlTama.
21 de febrero de 2020
Por Omar David Álvarez Tamayo
Por Omar David Álvarez Tamayo
Profesor comprometido con la transformación del país a través de la educación. Formado en Lic. En Biología y Química, Mg. En Enseñanza de las Ciencias, Doctorando en Didáctica y constante investigador vinculado a la educación universitaria. Twitter: @DavidAlTama.
21 de febrero de 2020

La ponencia del Magistrado Alejandro Linares, ante la corte constitucional, ha puesto en escena un asunto espinoso para una comunidad como la colombiana: despenalizar el aborto en cualquier caso antes de 16 semanas de gestación. Emergen argumentos en pro y en contra con fundamentos éticos, morales, religiosos, culturales y científicos.

Desde la arista de la educación vuelva a la mesa de discusión el papel de la escuela frente a la educación sexual y su abordaje en el aula.

El Ministerio de Educación de Colombia ha impulsado políticas y programas sobre educación sexual para las instituciones educativas, comprendiendo ello la básica primaria hasta la superior.

La ley 115 de 1994 plantea, por ejemplo, el objetivo de “desarrollar una sexualidad que promueva el conocimiento de sí mismo, la autoestima y la construcción de identidad sexual dentro del respeto por la equidad de los sexos”, sobre el cual no se conocen estudios que den cuenta de resultados, impactos, ni planes de mejoramiento continuo. En 2017 la Ley 1146, en el artículo 14, define la implementación de una cátedra de educación para la sexualidad en los establecimientos de educación media y superior con el propósito de coadyuvar a la prevención de conductas de violencia sexual y atención integral en niños, niñas y adolescentes abusados sexualmente. Todas parecen medidas coyunturales y de respuestas momentáneas a intereses más políticos generales que asuntos estructurales, de largo aliento e impacto real en las comunidades.

Con y sin Ministerio, los debates se mantienen sobre asuntos como la edad a la cual dar inicio a la educación para la sexualidad. La comunidad educativa tiene acceso a estudios que evidencian la importancia de comenzar desde edades tempranas, con efectos en la baja de las tasas de embarazos en adolecentes y la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS y VIH).

Las instituciones educativas de básica primaria, básica secundaria y educación media tanto en el sector público como privado han abordado el tema de la educación para la sexualidad en las “semanas institucionales”, momentos en los cuales unos pocos maestros formulan proyectos que luego, en su mayoría, no son ejecutados. No obstante para dar cumplimiento ante seguimiento del MEN se hacen mínimas aplicaciones y registro de evidencias, que son luego entregadas a las secretarias de educación como cumplimiento de la labor. Poco se puede esperar por tanto de estos ejercicios. En las universidades, en general, no se aborda de manera directa, no se reconocen cátedras puntuales y de llegar a originarlas serían opcionales.

El asunto demanda atención. De acuerdo con el DANE de cada cinco adolecentes entre los 15 y los 19 años ha estado alguna vez embarazada, de estas el 16% ya son madres y el 4% esperan su primer hijo. El 13% de las mujeres menores de 15 años tienen vida sexual activa.

Es fundamental incluir en los currículos la educación sexual, en pro de espacios que contribuyan a la ilustración y toma de consciencia, para formar ciudadanos responsables de ser sexual.