26 de febrero de 2020
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Negociar. No todo es dinero

27 de enero de 2020
Por Humberto de la Calle
Por Humberto de la Calle
27 de enero de 2020

Esta vez tocó discrepar del respetado Wasserman. Con razón, en su columna, se explaya en las bondades de la deliberación. Suena obvio pero le debemos agradecer, eso sí, al profesor Wasserman que haya dado un mentís a Fernando Londoño quien, al pedir el retiro del Presidente Duque, sostuvo que la época para deliberar y oír es la campaña política. Después, a gobernar. El entiende que gobernar es lo contrario de deliberar. Que una vez elegido, toca aporrear e imponerse aunque sea a la brava. Gracias Wasserman.

En tal sentido podría firmar (con envidia de la buena) la columna del profesor. Y si el mundo fuese solo el de las ideas y las buenas intenciones, no vacilaría en aplaudir a Duque por su Mesa de Conversaciones inter omnes y erga omnes.

Pero al final de la columna, aparece esta frase que me preocupa: “Me resulta incomprensible la negativa de los promotores del paro a participar en las conversaciones amplias nacionales”.

El profesor confunde dos planos. La deliberación es necesaria si creemos en una democracia participativa. Pero esta frase puede ser utilizada con malicia. Aún si esa no es la idea de Moisés, algo se ha colado en las recientes reflexiones públicas, por boca de quienes le quitan piso al Comité de Paro con dos argumentos: el uno, el de Moisés. El comité huye de la deliberación. Y el otro, colofón expuesto con cierta picardía, consiste en privar de representatividad al Comité con el argumento de que ya estamos conversando entre todos. El veneno es desbaratar una tradición que asigna al sindicalismo un papel reivindicativo concreto que no se diluye en la polifonía general. Hay quienes sospechan que ese es el juego del gobierno: diluir, arrebatar al sindicalismo su voz de contralto para desleírla en las voces bajas del coro.

La idea de Wasserman traduce una concepción de la sociedad como cuerpo de hombres libres e iguales. Es decir, el liberalismo de la Revolución Francesa versus versiones diversas que muestran un tejido social que sin renunciar a designios comunes, se debate entre estamentos que cuidan intereses concretos.

De los 13 puntos del 21N, algunos es cierto exigían otras instancias. Pero muchos podían ser negociados con los líderes.

Y, al lado de esos dos argumentos, se inmiscuye en forma ladina un tercero: pero si las calles se llenaron de estudiantes, si las pretensiones son gaseosas. Entonces en el paro no hay representatividad. ¿Cuánto vale lo que piden los estudiantes?

Grave error. Claro que hay preocupaciones económicas entre los estudiantes que protestan. Pero es mucho más que eso. Es el destino del planeta. Es la condena a darse codazos toda la vida para producir más, ergo consumir más. Es mirar que hay una vida más espiritual que se escapa. La respuesta es empatía. El Presidente dijo que no había varita mágica. Cierto. Pero al menos empecemos con algo: actitud.

Dice Fukuyama (Identidad): “Argumentar que gran parte de lo que creemos se produce por motivación económica en realidad está enraizado en la demanda de reconocimiento”.

Coda: dos estrellas negras: los 104 puntos desbordan cualquier negociación. ¡Y el vandalismo! No tiene justificación.