22 de abril de 2021
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El enemigo

5 de enero de 2020
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
5 de enero de 2020

Yo nunca me río
de la muerte.
Simplemente
sucede que
no tengo
miedo
de
morir
entre
pájaros y árboles.
                                                                                                                                                          “Yo no me río de la muerte”: Javier Heraud

I

El  peor  enemigo de la naturaleza en Caldas, ha sido reelegido. El más poderoso enemigo de las reservas naturales, de los árboles, de los bosques, de los animales que viven en ellos, de las fuentes de agua, de los ríos, del verde de nuestras montañas y del aire puro que deberíamos respirar en la ciudad, quiso seguir en la tarea suicida y aterradora que realiza desde hace años, y los poderosos le han dado el aval para que continúe con lo que el Departamento ha padecido en el pasado reciente, y lo que  padecerá en el próximo futuro y en el futuro probable nuestra precaria sostenibilidad ambiental, y al paso que vamos, en el no futuro.

Es la más decepcionante noticia de navidad que nos deja el 2019 a los ecófilos caldenses y la premonición más amenazadora  con la que comienza el 2020. El nombrado de nuevo director general de la Corporación Autónoma Regional de Caldas, es, por esencia, enemigo de la naturaleza, y lo es, también, por los hechos. El más de un centenar de páginas que desde hace cuatro años vengo escribiendo en este sentido, parten de la tesis expuesta desde el primer capítulo. Toca volver a recordarla  de nuevo:

El manizaleño medio odia el verde, odia los árboles.  Si el manizaleño es ingeniero civil, los odia el doble. Y si ese manizaleño ingeniero tiene algún  poder, los odia el triple. El reelegido se ajusta perfecto a la tesis en sus tres grados. Y la lleva al extremo. La prueba es que quiso reiterarla y que lo reeligieron.

Ni una sola declaración, ni una sola frase, de las muchas suyas  anodinas que publicaron los medios, insufló un entusiasmo, inspiró un aplauso, permitió entrever solidaridad o dejó ver una raya de esperanza a los que nos duele la continua tala de árboles en la capital, en la parte urbana y en la rural de los municipios de Caldas, y que pedimos su conservación y la siembra de más y más para arborizar los pueblos y reverdecer las montañas, más que por política oficial, que no existe, o por deber de funcionario, por angustiante necesidad, por respeto a las generaciones futuras, por su sobrevivencia.

Todo derribo de árboles contó con la autorización del director de Corpocaldas, o con una permisividad que más parecía complacencia. Ni un gesto, ni un acto, ni una decisión, ni una reacción airada o fuerte, ni una clara defensa de nuestro patrimonio ambiental, ni un enfrentamiento con los alcaldes, o con planeación, o  con los secretarios de tránsito o con las torpes o inanes disculpas de los secretarios de ambiente, más dañosas en cuanto expresan siempre justificación o desconocimiento, nada ha alcanzado a sacudir, conmover, o rozar siquiera su mayestática y pétrea impasibilidad.

No es coincidencia que el más exaltado apologista de la constructora que amagó afectar la Reserva Natural de Rio Blanco con un contaminante megaproyecto habitacional, en su columna periodística  haya sido el primero en candidatizar y ensalzar su obra pasada,  al reelegido Director de Corpocaldas. La baja calificación medioambiental de Caldas en el contexto colombiano, y otros hechos reprobables, si no lo llevaron a ser removido, o a renunciar, al menos  eran suficientes para no repetirnos la misma dosis a los caldenses. No hablo del individuo. La persona me merece respeto. Hago referencia al funcionario. Me temo que se convierta en el obstáculo o la piedra en el camino, principalmente, del nuevo Alcalde, por los antecedentes, y también para el nuevo Gobernador, en el propósito de transformar a Manizales y al Departamento en la región más verde de Colombia.