20 de abril de 2021
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Dejénlo quietecito y agazapado

30 de enero de 2020
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
30 de enero de 2020

El debate de las pensiones, a la luz de la afirmación de que la solidaridad intergeneracional se traduce en subsidios regresivos, cobra frutos no solo para desprestigiar el Régimen de Prima Media, sino para dejar en la oscuridad, quietecito, y agazapado, sin que nadie lo toque, el factor más perturbador del presente y futuro de las pensiones. El Régimen de Ahorro Individual.

Baste revisar los proyectos y propuestas de reforma que se han filtrado, del Ministerio de Hacienda, o del Trabajo, o de los centros de pensamiento económico, para advertir que el blanco de las reformas es el Régimen de Prima Media, con un resultado coincidente: propender al fortalecimiento del Régimen de Ahorro Individual.

La posición de NO rotundo a la reforma pensional de las Centrales Obreras hace juego a este curso del debate en el que se niega el examen del Régimen de Ahorro Individual. Por contraste se puede observar que sus colegas de Chile promueven el movimiento NO+AFP desde hace tres años. Predomina la posición de FECODE que prefiere mantener su Régimen por fuera de las reglas generales.

Un régimen que ha cumplido décadas amerita un examen de fondo. La validez de su concepción, y de sus supuestos, pueden ser comprobados con sus resultados hoy veinticinco años después, o con los del espejo chileno, cuyo régimen completó un ciclo, el propio de la seguridad social de cincuenta años. En este ya maduró la situación a la que nos encaminamos: a una sociedad achatada, sin mayores diferencias de ingresos de los pensionados, en donde la gran mayoría de ellos son una carga familiar, pues si no salen a trabajar, apenas pueden sobrevivir. El 50% de los que cotizaron entre 30 y 35 años reciben pensiones inferiores al salario mínimo. En la última década, la tasa de reemplazo promedio, fue la del 20% del salario. ¡Que forma de igualar, por lo bajo los ingresos de los retirados, todos en la miseria!. La revuelta de los chilenos es contra la precaria seguridad social.

Fue el Banco Mundial, – Envejecimiento sin Crisis (1994)- ¡ahí presente el sistema financiero! propuso en los noventa una visión heterodoxa de la previsión social, enderezada a llevar a segundo plano la dimensión social de las pensiones y entregar la batuta al poder económico, y hacer de las pensiones el instrumento del desarrollo económico, afianzar el mercado de capitales, mejorar los índices del ahorro nacional. Bajo este alero es que se explica que en un tema de profundo contenido social, la voz cantante sea la del Ministro de Hacienda.

Dicho y hecho. Un buen sistema pensional se mide en los billones de pesos acumulados. Hoy están en manos de las Administradoras del Régimen de Ahorro Individual, 235 billones de pesos. Se pueden hacer fiestas, constituyen una cuarta parte de PIB.

¿Y los beneficios sociales? Busquémoslos en los motivos que tuvo la gente al afiliarse a este Régimen.

Los que optaron por afiliarse al Régimen de Ahorro Individual lo hicieron por alguna razón. Una no muy ética, promovida por el Estado, la de liberarse de la carga de los viejos. Otra pragmática, librarse de un Estado administrador ineficiente. Otra, de sentido común, la de tener los activos más valorizados, bajo el truco generalizado por las Administradoras para atraer afiliaciones, el de hablar de montos de capital acumulado en bonos pensionales, y no del valor de las mesadas pensionales. La persona quedaba deslumbrada cuando le mostraban que tenía derecho a un bono de trescientos millones, sin percatarse que era poco para una pensión de tres millones, su mesada en el Régimen de Prima Media.

Pero tal vez la razón más atrayente, y aquí radicaría el beneficio social, era la ilusión de entregarle un dinero a los duros, a los que saben hacer negocios, para multiplicar sus cuentas, y tener una prestación suficiente en la vejez. ¿Qué ha resultado de ello? Descontento general. Los rendimientos nada que repuntan, y de ellos depende en gran medida el monto final de la pensión. Algunos calculan que la reducción promedio del 1% de la rentabilidad anual de una cuenta individual durante la vida laboral disminuye la pensión en un 30%. 

Partan de ese supuesto. No existe, -escasamente habrá alguno- afiliado que, al reclamar su pensión, quede conmocionado, pues esta resultará muy menor en comparación con la de sus congéneres en el Régimen de Prima Media. Se estima en más de 170.000 las reclamaciones judiciales de afiliados a Ahorro Individual -no tengo la certeza de la fuente para este dato-, de afiliados arrepentidos, que piden se declare nulo el traslado que hicieron desde el Régimen de Prima Media. Y ciertamente las diferencias son mayúsculas. La pensión que allí se liquida en cinco millones, resulta de ocho millones doscientos en el otro Régimen.

El Banco Mundial se basó en este supuesto: si se entrega la administración de los Fondos de Pensiones a las manos privadas, se pone término a la ineficiencia del Estado. En Colombia, ni en América Latina se demuestra el aserto. Los costos de administración pueden consumir una quinta parte del dinero ahorrado, en la mejor de las opciones para el afiliado. Y puede triplicar ese costo, si se trata del promedio del trabajador colombiano, que no cotiza permanentemente, inactivo el 50% de cuarenta años de vida productiva. Cuando se cotiza, el costo de la administración sale de los aportes. Y cuando no se cotiza, los costos de administración no paran y se cobra sobre los rendimientos.

La idea de que si el dinero lo dejaba de administrar el Estado, -bien acusado de haber reducido a cero dineros del ISS invertidos en el BCH- y pasaba a los expertos, se multiplicaría, resultó ilusoria. En un estudio liderado por Juan Mario Laserna, en el que se analizaron quince años de los resultados financieros de los Fondos, no hubo competencia entre las administradoras, todas rindieron lo mismo, y si los afiliados hubieran puesto su dinero en Bonos del Tesoro habrían obtenido la misma capitalización. Era lo mismo que el dinero lo hubiera tenido el Estado, pero con la diferencia de que ahora lo tiene que pedir prestado a las AFP para construir la 4G. Falta conocer resultados sólidos y representativos del comportamiento de las cuentas con la ampliación de portafolios de inversión.

Una reforma pensional ha de contar previamente, al menos, con un balance del Régimen de Ahorro Individual, en donde los únicos que parece ser los gananciosos son los establecimientos financieros que administran los recursos.