12 de agosto de 2020
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«Cuando digo «Manizales» siempre pienso en mi Manizales del alma», la ciudad que amo, el reino de la niebla, de la lluvia con sol»: Maruja Vieira

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
26 de diciembre de 2019
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
26 de diciembre de 2019

La poeta manizaleña Marujita Vieira White (Manizales, dic. 26 de 1922) es fruto de una mirada furtiva. Empezó a nacer cuando una niña de diez años, su madre Mercedes White Uribe,  se enamoró a primera vista de un apuesto coronel conservador, Joaquín Vieira.

Mi coronel, un godo de amarrar en el dedo gordo, decidió que la Guerra de los Mil Días no era el lugar adecuado para un joven liberal de 14 años, capturado en combate. Vieira le preguntó dónde vivía y fue devolverlo a sus padres. Allí, a través de alguna rendija,  lo descubrió la niña Mercedes, hermana del guerrero adolescente.

Cuando se conocieron finalmente, siendo Vieira alcalde de Frontino, Antioquia, la niña tenía 17 años. El coronel le llevaba  22 años y una guerra. Se casaron, no comieron perdices pero prolongaron su felicidad a través de los dos hijos del matrimonio, Gilberto y Maruja, 12 años menor.

Mamá Mercedes, hija de Rita Uribe, tía del general Rafael Uribe Uribe, y del ingeniero  inglés John Henry White  (Juan Henrique, con hache, en la versión caldense),  inauguró un matriarcado que siempre ha protegido a Marujita, una eterna joven  que fue  exaltada por la “Fundación Mujeres de Éxito” como la ganadora en el renglón cultural  con una propuesta de  compilación temática de su obra  “Los nombres de la Ausencia”, biografías poéticas de talentos que la han marcado durante su andadura vital.

Si bien los Vieira han sido negados para levantar plata, Marujita nació millonaria en poesía. En los primeros teterados y lecturas la madre le fue señalando senderos literarios a su hija, hermana del fallecido camarada Gilberto Vieira, eterno Secretario General del Partido Comunista.

A su hermano lo echaron del Instituto Universitario de Manizales por graduar a Jesucristo como el primer comunista. Hacia los 8 años, la niña Maruja entró en la diáspora y emigró con su familia en busca del sueño bogotano.

Como en la conservadora familia Vieira White se practicaba la religión de la tolerancia no es extraño que en su seno haya nacido el que sería el carismático líder del Partido Comunista, quien físicamente tenía más cara de activista del Opus Dei que de revolucionario.

No solo en  mamá White sino en su abuela tuvo a su coronel Aureliano Buendía que enriqueció  la imaginación de la pequeña. La dote de estas dos grandes mujeres incluyó  una capacidad única para el perdón que Maruja considera “fundamental para resolver las situaciones de violencia”.

Así lo entendieron madre y abuela que habían perdonado a Galarza y Carvajal, los asesinos del general Uribe Uribe,  tío abuelo de la poeta. Una matrona paisa, prima suya, Gabriela White de Vélez, madre de la exministra de Educación, Cecilia María Vélez,  fue asesinada en cautiverio. Como los White tienen el palito para perdonar, Cecilia María respondió al sacrificio de su progenitora metiéndola toda por la educación en Bogotá durante el gobierno de Mockus, y luego bajo la batuta del presidente Uribe.

En el madrugador menú cultural de la joven Maruja figuraban visitas al Congreso de la mano de su madre. Allí escuchaba a los grandes oradores. Estuvo en la histórica sesión en la que el senador caucano Francisco J. Chaux demolió con su oratoria a Laureano Gómez quien sufrió un infarto en plena velada parlamentaria.

Para que se vea que la magia en su acepción de poesía ha dominado la vida de Marujita, se enamoró  casi por correspondencia de quien sería su esposo, el poeta José María Vivas Balcázar. Estando en Caracas –una de las ciudades que ha frecuentado esta mujer de ciudades-  escuchó algún verso de Vivas. Se enamoró del autor sin conocerlo, siguiendo el hilo de Ariadna de sus poemas. Y para que el azar –uno de los nombres que los ateos le tienen a Dios- hiciera lo suyo, la pareja que ya se adivinaba, se encontraría después en una velada cultural en Cali.

El resto lo hizo la carpintería del amor que se prolongó en la hija  del matrimonio, Ana Mercedes, su colega, cómplice  y hermana siamesa. Si usted ve a alguna de las dos sola en un sitio, en cuestión de segundos aparecerá la mancorna.

El poeta Vivas, en palabras de su mujer  era “el eslabón perdido entre el hombre y el arcángel”. Vivas madrugó a viajar a la “ignota lontananza” dejando a Maruja  viuda y embarazada de Ana Mercedes. Pero ella decidió que una epístola es suficiente y les dijo no a varios encopetados aspirantes a compartir con ella sueños e insomnios.

Desde los 16 años empezó a escribir en los diarios El Espectador y El Tiempo. ¿Que hay que jalarle a las relaciones públicas? Va pa’esa.

No ha pedido permiso para tomarse las cosas por asalto. Se aburrió de que las mujeres se dejaran marginar. “Las prohibiciones nos las imponemos”, ha dicho.  Entonces se convirtió en una silenciosa pero efectiva activista de los derechos de las féminas. Se la reconoce como una de las luchadoras para que sus colegas de tacón alto accedieran al voto. También fue de las primeras, junto con Elisa Mujica, importada de Bucaramanga, en renunciar a la dictadura del croché y  la cocina para empezar a trabajar en oficios entonces escriturados al “varón domado”.

En un tiempo en que sólo los hombres echaban cháchara en los cafés literarios del centro bogotano (el Automático,  Asturias,  Terraza Pasteur, el de los piedracielistas), la manizaleña nacida un 25 de diciembre, a manera de traído del Niño Dios, decidió en compañía de amigas como Emilia Pardo Umaña, Cecilia Fonseca, la artista venezolana Sofía Imber, que la cultura y la tertulia eran demasiado serias para dejársela solo a los hombres. Y sus voces se hicieron escuchar en escenarios masculinos donde la contraparte eran personajes de la talla de Luis Eduardo Nieto Caballero, León de Greiff, Enrique Liévano…!

YO, MARUJA

–         ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de niña?

– El primer recuerdo que tengo de niña es el gran incendio de Manizales. Mi casa quedaba en el Parque de Caldas y las llamas y las explosiones se quedaron grabadas en mi memoria. Cuando trabajaba en la Radiodifusora Nacional de Venezuela, allá por los años 50, hice un montaje de la Oración del Incendio de Aquilino Villegas que me salió del alma.
–         ¿Qué privilegios has derivado de la circunstancia de cumplir años el día de la Natividad?

Privilegios: cumplir años en Navidad es muy hermoso. El mundo está de fiesta y es mi fiesta desde que empieza diciembre hasta cuando se van los Reyes Magos a descansar en la Catedral de Colonia.
–         ¿Es de buen agüero ser capricorniana, es decir, del mismo signo que el Niño Jesús?

  • Ser capricorniano no creo que establezca mucha diferencia. Eso de los signos es un juego amable y nada más.
    –         Jesús escribió una vez, y lo hizo en tierra. Lo cuentan los evangelistas en el episodio de la mujer adúltera: ¿Qué te gustaría que hubiera escrito en esa ocasión?
  • Todo lo que haya escrito Jesús, en la tierra, en el aire, en el agua, en el cielo, es mi credo. Soy cristiana, por la gracia de Dios, como me enseñaron cuando estaba chiquita.
    –         ¿Por cumplir en esta fecha (25 de diciembre) te felicitan más o menos?

– Yo creo que por cumplir el 25 me felicitan más, porque la gente se siente más feliz. Jesús acaba de nacer.

–         ¿En días como el de tu cumpleaños que te regalaba tu finado esposo el poeta Vivas?

– En los días de mi cumpleaños José María Vivas Balcázar me sigue regalando el recuerdo de su amor, su poesía y la seguridad de haber sido amada. En Cali, cuando éramos novios, me regalaba rosas, rosas amarillas, por un poema de Alfonsina Storni que dice «La primavera rosa me pondrá en las mejillas, la primavera rosa, dos rosas amarillas»…

–         ¿Qué te regala Ana Mercedes, tu hija y colega por partida doble (poeta y periodista)?

– Ana Mercedes me regala la vida, la poesía, la canción, la belleza, la perfecta compañía.

–         ¿Estás contenta con  el nombre de Maruja (por María) con el que te rebautizó Pablo Neruda?

El nombre de Maruja que me regaló Pablo Neruda es mi nombre. La cédula de ciudadanía dice otra cosa y la fe de bautismo también. Allá ellas…

–         ¿De los años que tienes cuál te ha hecho especialmente feliz?

– De los años que tengo, fue especialmente feliz el más triste,  cuando murió José María Vivas  Balcázar pero también nació Ana Mercedes Vivas Vieira.

–         ¿Repetirías el libreto que te ha tocado interpretar?

– Sí, repetiría el libreto que me ha tocado interpretar, eliminando el 15 de mayo de 1960.

–         ¿Qué tienes del Vieira y del White?

– Del Vieira tengo el recuerdo amado de mi padre, del White la historia apasionante de los marinos ingleses, especialmente de mi abuelo, y la sensibilidad poética de mi madre Mercedes.

–         ¿Cómo se da en tu casa ese insólito binomio de beligerante comunista (tu hermano Gilberto) y católica de alto vuelo?

– El binomio comunismo y cristianismo no es tan insólito. Gilberto Vieira fue expulsado del Instituto Universitario de Manizales por afirmar que Jesucristo fue el primer comunista. Cuando se discutió en el Congreso la consagración de Colombia al Corazón de Jesús él respaldó su voto diciendo que no tenía ningún problema con el camarada Jesucristo, momento que quedó eternizado por una de las geniales caricaturas de Vladdo.

–         ¿Cuándo dices Manizales, tu ciudad natal, qué sucede por dentro de ti?

– Cuando digo «Manizales» siempre pienso en mi Manizales del alma», la ciudad que amo, el reino de la niebla, de la lluvia con sol.

–          ¿En qué medida has sido una viuda alegre?

Detesto la palabra «viuda». «Todavía la frágil quemadura de una lágrima/borra la luz del árbol. Todavía cerca del corazón se detiene la vida/cuando te nombra alguien. Todavía te amo».

–         ¿En que circunstancias se produce tu traslado definitivo a Bogotá?

– Mi traslado a Bogotá se produce en 1930, cuando cae el partido conservador y el gerente fundador de las Rentas de Caldas (coronel conservador en la guerra de los Mil Dias) viene a esta ciudad «de las águilas negras y las dulces granadas».

–  ¿Cómo ejerces tu condición de bogoteña?

– Ejerzo con mucho amor mi condición de hija adoptiva de esta ciudad, que además me condecoró con la Orden Acevedo y Gómez, que brilla al lado de las que me concedieron Manizales y Caldas.

–         ¿Poeta o poetisa?

– Poeta, por instrucciones concretas de Gabriela Mistral, cuando en España llamaron «poetisos» a los malos poetas.

–         ¿La poesía para qué?

La poesía para todo, para la vida, para la muerte, para el amor.

–         ¿Y el periodismo?

El periodismo es una vocación, la más hermosa según creo yo.

¿Cómo se complementan ambas disciplinas?

Que se complementen la poesía y el periodismo se ha vuelto difícil últimamente. Peor para el periodismo. La poesía se apoderó de la internet y allá tiene más lectores.

–         ¿Hay algún manual o receta certera para hacer versos?

– La receta para hacer versos la tiene en un poema el poeta Jaramillo, conocido en el mundo nadaísta como X504.

–         ¿Cómo te infiltraste entre los machistas asistentes al café Automático?

Al Café Autómático me llevó León de Greiff y no eran machistas, es que las mujeres somos miedosas…

–         ¿Nos puedes compartir tu último poema?

– Mi último poema todavía no lo he he escrito.  Ya te lo mandaré.

UNA FORMA DE VIVIR

De su poesía traducida al inglés, francés, griego, húngaro y gallego, escribió David Mejía Velilla:

“Esta poeta nos ha permitido llegar a su propio mundo, su universo incomunicable que, no obstante, ha cumplido el destino y ha vivido el misterio de la comunicación al entregarnos el poema, contenido de su alma, contenido de su amor, fruto de su árbol del bien y del mal, quiero decir, de la Sabiduría: fruto de su territorio interior, de su mar, de su isla, de su aire, de su savia, de su sangre. Dime a quién amas y te diré quién eres, cómo eres. Dime a quién amas y te conoceré plenamente y recibiré la comunicación de tu amor y te amaré yo también y amaré a tus bienamados”.

Ignacio Ramírez Pinzón, el recordado director de Cronopios,  comentó que ella “renovó de alguna manera el romanticón, melifluo y juliofloresco ambiente de la patria boba”.

Livia Stella Mello: “Su estilo, unas veces arrogante y otras veces tierno, es el termómetro de una vida que se pasea airosamente por ese vasto campo de la lira poética”.

Álvaro Sanclemente (“basta decir ‘amigo’ para sentirte cerca”): “En Maruja Vieira la poesía es una imperiosa e ineludible urgencia de vivir”.

Para Marujita Vieira “la poesía es como el aire y la luz, está en todas partes y a ella le corresponde el deber y la obligación de embellecer los conceptos y la libertad de lo que toca. A los poetas nos corresponde crear y conseguir un eco y no solo crear poesía sino vivirla y aplicarla…”.

Da gusto oírla leer sus poemas. Pero no se deja graduar de declamadora. Prefiere evocar a su admirada  Bertha Singerman, otro sueño que convirtió en realidad: oyó a la Singerman por primera vez cuando tenía 11 años. Luego se hicieron amigas.

Maruja nació para vivir en olor de perpetua poesía. De su sensibilidad han salido  libros: como Campanario de lluvia, Los poemas de enero, Poesía, Palabras de la ausencia, Clave mínima, Mis propias palabras, Tiempo de vivir y Sombra de amor. Con su obra demuestra que ha vivido a, ante, bajo, cabe, con, de, desde, en.entre hasta, para, por según, sobre, y tras la poesía.

Un botón de muestra de su inspiración  es su poema “Todo lo que era mío” recogido por Rogelio Echavarría en su “Antología de la poesía colombiana”:

ASÍ DIJO EL MAESTRO

“Y la ola humilde a nuestros labios vino

de unas pocas palabras verdaderas”

Antonio Machado

 

¿Qué importa

el número de páginas

de un libro,

la extensión de los versos

de un poema?

¿Le contamos al mar sus olas,

a la rosa sus pétalos,

sus caminos al viento?

 

Unas pocas palabras

– así dijo el Maestro-

unas pocas palabras

verdaderas.

SUEÑO DEL MAR

 

“La tibia noche de mi infancia

oyó una historia de naufragios…”

Rafael Maya

 

Sangre de marineros

que me viene a cantar

en las venas dormidas

con voz de inmensidad.

 

Barcos en horizontes

de viento, cielo y mar

con velas transparentes

y cordajes de sal. .

 

Puertos para una noche

y un alba nada más

(camino del retorno

que no se pudo hallar).

 

Hombres de ojos azules

y brazos de huracán

anclados en remansos

de inmóvil soledad.

 

Bajo las lunas altas

me vienen a llamar,

marineros errantes

que perdieron el mar.

 

(A los White de Cowes, Isla de Wight)