13 de diciembre de 2019
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Aguas de Manizales - Cierre 2019

Signos de admiración, concordancia, encapuchado-embozado, se busca  

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
3 de diciembre de 2019
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
3 de diciembre de 2019

Quisquillas de alguna importancia

Aunque toda comparación cojea, una interjección sin los signos de admiración es como una empanada sin carne.

 Se ‘siente’ más el dolor con un vigoroso y expresivo ¡ay! con sus signos de admiración que con el débil e inexpresivo ‘ay’ sin ellos. Esto se aprecia claramente en la siguiente redacción del escritor Juan Esteban Constaín: “…la gran literatura está escrita sobre el papel carbón, ay, de las admiraciones sucesivas”. En cambio: “…la gran literatura está escrita sobre el papel carbón, ¡ay!, de las admiraciones sucesivas”. ¡Mejor, muchísimo mejor! Así como los signos de interrogación para preguntar, los de admiración son indispensables para expresar adecuadamente los sentimientos de ‘dolor, miedo, asombro, molestia, sorpresa, amor’… Sirven también para ‘interpelar, animar, reconocer, maldecir, aplaudir’, por ejemplo, ¡bravo! Está empezando, inclusive entre escritores de alto coturno, la inaceptable costumbre de suprimirlos. ¿Por qué? ¿Les dará vergüenza –‘pena’, como decimos los colombianos– utilizarlos?  ¿O será por pereza, esnobismo o indiferencia? La falta de dichos signos en la siguiente muestra es muy notoria, ya que puede confundir al lector: “La metáfora es poderosa, vaya si no” (LA PATRIA, Martín Francio Vélez, 20/11/2019). La confusión es posible, porque ‘vaya’ es el imperativo de tercera persona del verbo ‘ir’: ‘Vaya, mijo, tráigame las chanclas’; también la tercera persona del singular del presente de subjuntivo del mismo verbo: ‘Sí, quiero que se vaya’. Y en la frase citada es una interjección, que debe ser escrita con los signos correspondientes: “¡Vaya si no!”, pues sin ellos pierde su fuerza exclamativa. Aunque toda comparación cojea, una interjección sin los signos de admiración es como una empanada sin carne. ***

El siguiente, un ejemplo de una traducción chueca, si las hay: “Acepta la responsabilidad de tu vida. Sepa que es usted quien se llevará a donde quiera ir, nadie más” (LA PATRIA, La frase,  22/11/2019). El traductor –¿quién? – de este consejo de Lee Brown cometió dos garrafales errores de concordancia: el primero, del tratamiento de ‘tú’ –‘acepta’, imperativo de segunda persona– en la primera oración con el de ‘usted’ –‘sepa’, imperativo de tercera persona– en la segunda. El segundo, considerada independiente de la primera la segunda oración, el empleo del reflejo ‘se’ en lugar del acusativo del pronombre personal de tercera, ‘lo’, ya que en ella es complemento directo, por lo que la construcción correcta es ésta: “sepa que es usted quien lo llevará…”. La traducción fiel del texto inglés seleccionado, así: “Acepta la responsabilidad de tu vida. Sabe que eres tú quien te llevará a donde quieres ir. Nadie más”. ¡Ah, las traducciones! ***

 Un ‘encapuchado’ es el que lleva ‘capucha’. De Perogrullo. Está de moda por estos días ese adjetivo, sustantivado casi siempre, a causa de las marchas por una Colombia mejor, enturbiadas por hechos vandálicos y terroristas de esos ‘encapuchados’, hechos que algunos columnistas pretendieron banalizar. Según El Diccionario, hay dos clases de ‘capucha’: la primera, “pieza de una prenda de vestir que sirve para cubrir la cabeza y se puede echar a la espalda”; la segunda, “prenda de tela que cubre la cabeza y el rostro”, la más empleada por los susodichos terroristas. A la primera, porque los que la llevan buscan el anonimato, le agregan el ‘embozo’, “prenda de vestir o parte de ella, o una tira de tela, con la que se cubre la parte inferior del rostro hasta los ojos”. ‘Encapuchados’, los primeros; ‘embozados’, los segundos: la misma ralea, porque todo ‘encapuchado’ –o ‘embozado’– es un terrorista de hecho o en potencia. ***

Titular de LA PATRIA de primera página: “Se pagó libranzas con plata de la Personería” (26/11/2019). La construcción gramatical castiza es ésta: “Se pagaron libranzas con plata de la Personería”, porque, como lo he explicado en glosas anteriores, el  complemento directo ‘libranzas’ es indeterminado, por lo que no pide la preposición ‘a’, como sí la exige cuando es determinado, verbigracia, “se busca a los responsables del asesinato de fulano de tal”.

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