10 de diciembre de 2019
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La tremenda crisis

2 de diciembre de 2019
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
2 de diciembre de 2019

¿Por qué se desató la protesta social? Las manifestaciones hacen parte de la “nueva normalidad”. Los estudiantes, los profesionales jóvenes, los educadores, los campesinos, los indígenas, los afrodescendientes y las capas medias urbanas, perdieron la esperanza. Uribe durante sus dos gobiernos, prometió acabar con la guerrilla de las FARC y la golpeó militarmente, pero el pueblo se cansó de la guerra. Santos ofreció la paz y luchó por ella; llegó la ilusión. Pero todo cambió con el gobierno de Iván Duque. Recordemos que el 7 de agosto de 2018, durante la posesión presidencial, el senador Ernesto Macías, se robó el protagonismo, sacó el espejo retrovisor y escribió un memorial de agravios sobre el gobierno de Santos, especialmente contra el proceso de paz. Pasaban los minutos y en la Plaza de Bolívar se sentía el malestar; cuando hacía referencia al expresidente Uribe, los líderes del Centro Democrático, emocionados, gritaban ¡Uribe! ¡Uribe!

Mientras tanto Iván Duque permanecía quieto como una estatua. Macías mostraba las cifras sobre la catástrofe económica de la nación y los representantes de la comunidad internacional recibían los mensajes sobre un país fallido. Quedó claro que el nuevo gobierno estaba en manos del Centro Democrático y que el jefe supremo era el expresidente Uribe, a quien Duque reconocía como el “Presidente Eterno”. Ese mismo día la oposición realizó concentraciones  populares en 50 plazas de Colombia y del mundo, para notificarle al uribismo que se encontraría con un movimiento organizado para defender el Acuerdo de Paz y a los líderes sociales. En Bogotá la cita fue en el parque La Hoja; las intervenciones las inició el senador Iván Cepeda quien afirmó que “Ganaremos las elecciones de 2019 y seremos gobierno en 2022”. Por todo lo anterior se podía concluir que el presidente empezaba su mandato en medio de la tormenta política, con poca gobernabilidad, debido al discurso de Macías y porque para todo el mundo era claro que el expresidente Uribe iba a gobernar “en cuerpo ajeno”.

Como se esperaba cayeron los problemas: las movilizaciones de los estudiantes universitarios en el mes de octubre de 2018; la creación de un ambiente de guerra contra Venezuela; la reanimación del paramilitarismo; el asesinato de líderes sociales; la minga indígena y los ataques al proceso de paz y a la JEP. En medio de la polarización política llegaron las elecciones del pasado 27 de octubre y los resultados electorales “castigaron” al presidente Duque por la falta de liderazgo y de gobierno; el país político se alejó de los extremos.

Balance del paro

Fue un estallido social, una tormenta sin precedentes en nuestra historia reciente, donde se mezclaron las marchas cívicas, los cacerolazos o el escándalo de las tapas, la ofensiva del Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía (ESMAD), los desmanes, el saboteo, el miedo y el toque de queda. Las centrales sindicales hicieron la convocatoria, pero las calles y plazas se llenaron con manifestantes de todas las condiciones sociales y salieron para expresar el inconformismo y la rabia; el movimiento desbordó a los dirigentes. El paro fue espontáneo y se convirtió en una masiva movilización social, solo comparable con el paro cívico de 1977. Las redes sociales viralizaron la insatisfacción social, ayudaron a masificar las protestas. La gente marchó por el desespero, por la angustia y por la pérdida de la esperanza. Hay rabia contra el gobierno, por eso una de las consignas predilectas es ¡Fuera Duque!; además hay un sentimiento generalizado contra el uribismo. En Bogotá, Cali, Medellín, Manizales y Pereira, se repite el grito ¡No más Uribe!

Las manifestaciones fueron infiltradas por encapuchados que siembran el caos para que entre la gente más pobre y necesitada a saquear los supermercados. La vandalización de un cajero electrónico se explica porque allí está el dinero pero el “lumpen”, los marginados y los indigentes, no tienen acceso a este recurso. En este punto los vándalos hacen lo que quieren, pero la policía no los captura; en cambio la Fuerza Pública sí actúa contra los marchantes para generar más violencia y caos.

Desgobierno y vacío de poder

El Gobierno se asustó y acudió al toque de queda. La gente de la tercera edad recuerda la noche del 21 de abril de 1970, como consecuencia de las elecciones presidenciales, cuando el general Rojas Pinilla y el abogado Misael Pastrana se enfrentaron en un reñido conteo de votos. Los anapistas pensaron que les habían robado las elecciones y el país se sumió en una atmósfera de incertidumbre. Esa noche dijo el presidente Carlos Lleras: “Suficientes datos nos permiten saber que hay una gran conmoción nacional y un plan para turbar el orden público (…) De consiguiente, no puedo demorar un momento más las necesarias medidas de prevención y se acaba de expedir el decreto que declara turbado el orden público y ordena el estado de sitio (…) A las 9 no debe haber gente en las calles. El toque de queda se hará cumplir de manera rigurosa, y quien salga a la calle lo hará por su cuenta y riesgo”.

El otro momento fue el 14 de septiembre de 1977, durante el gobierno de Alfonso López Michelsen, cuando las centrales obreras convocaron a un paro cívico en todo el país. En Bogotá las protestas derivaron en un enfrentamiento entre los manifestantes y la Fuerza Pública que dejó docenas de heridos, 10 muertos y cuantiosos daños en edificios, negocios y vehículos.

En el paro de hoy, cuando el gobierno decretó el toque de queda, el pánico se tomó las calles; hubo una campaña con videos que circulaban por WhatsApp, Twitter y Facebook, para producir pánico colectivo. La gente se preparó para cuidar los condominios y casas de habitación; el comercio se alarmó. Al día siguiente del paro el presidente Duque dijo que estaba dispuesto a dialogar, pero aprovechó el momento para referirse al vandalismo y a los brotes de violencia; eso significa que no le llegan los mensajes del pueblo. La ciudadanía quiere reformas de verdad y no promesas.

Muchos dirigentes del uribismo entienden que la protesta social se debe al descontento generalizado y a la baja aceptación de la gestión del gobierno, por esta razón están dejando solo a Duque para forzar su renuncia, lo que dejaría a Marta Lucía Ramírez en la presidencia. Un ejemplo lo ofrece el exministro Fernando Londoño Hoyos quien en su espacio radial La Hora de la Verdad (26 de noviembre), dijo que Duque “le haría un gran favor al país pidiendo una licencia transitoria” para que mientras tanto asuma la vicepresidenta. Afirmó que “alguien tiene que gobernar” y “dirigir a las fuerzas militares” ¿Cómo se prepara el Presidente para combatir el “fuego amigo”?